El punto G
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G Vázquez
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por G Vázquez » 24 Ene 2008, 18:42

Novio de Hello escribió:Por tocar un poco los güevos, habría que haber quitado el semicírculo bajo canasta del esquema dibujado, que entonces no había...


:D

Cutre, ¿no?

La verdad es que estuve a un plis de adjuntar una frase que al final liquidé de la pieza porque tal vez fuera demasiado personal y no procedía. Trataba de proteger al lector curioso, exigente, que no tenía el menor reparo en creer importante algo que seguramente no lo sea. A mí me encantan estas pequeñas historias que arrancan de lo particular y terminan un poco en lo universal. Tal y como yo las veo, son historias cónicas: figuran una silueta que abre lo pequeño hacia lo grande. Y deja el cono abierto.

Pide Big algo de Ray Richardson. Muy meej una historia de ese tipo. Siendo terrible y fascinante, seguramente me perdería en la profundidad de algún pequeño recoveco, de una acción de canasta o una bronca de banquillo. Al fin y al cabo, el teatrillo del Baloncesto es tan inagotable como el de la vida.

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Vari
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por Vari » 24 Ene 2008, 19:00

Muy buen artículo, de verdad.

A lo mejor es desviar un poco el tema, pero esto

Pero recibir el aguijón de la novia de un rival, al modo de James en Toronto


me ha dejado intrigado. ¿Qué ocurrió?

Un saludo.

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G Vázquez
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por G Vázquez » 24 Ene 2008, 19:04

http://www.youtube.com/watch?v=GLTOJB0FGPo

Es la novia de Chris Bosh quien le sacude cuando está fallón.

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James Worthy
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por James Worthy » 24 Ene 2008, 22:06

De Richardson recuerdo una pieza que REM dejó en Basketaldia; de hecho la adjunté en mi inacabado (aunque ni mucho menos olvidado) post de Larry Brown, a colación de su periplo en los Nets.

Aunque yo más bien pasaba por aquí aprovechando las peticiones de otros... . La mía creo que se iba a titular, por lo que me comentaste hace tiempo, "El alero terminal".

Ah, inmejorable narración para una gran historia :)

Un saludo

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G Vázquez
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por G Vázquez » 25 Ene 2008, 09:09

No te lo comenté, Edgar. Te lo prometí.

Y lo prometido es deuda.

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Mattu
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por Mattu » 25 Ene 2008, 09:33

G Vázquez escribió:http://www.youtube.com/watch?v=GLTOJB0FGPo

Es la novia de Chris Bosh quien le sacude cuando está fallón.


Me recuerda algo similar en un Estudiantes-Fortitudo la última vez que el Estu jugó Euroliga...

http://www.euroleague.net/main/results/ ... code=e2004

Basile se pasó todo el partido tirandose churros y en el último cuarto metió cuatro de los cinco, con un servidor descojonandose vivo.

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remember CAI
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por remember CAI » 28 Ene 2008, 12:36

James Worthy escribió:De Richardson recuerdo una pieza que REM dejó en Basketaldia; de hecho la adjunté en mi inacabado (aunque ni mucho menos olvidado) post de Larry Brown, a colación de su periplo en los Nets.

Aunque yo más bien pasaba por aquí aprovechando las peticiones de otros... . La mía creo que se iba a titular, por lo que me comentaste hace tiempo, "El alero terminal".

Ah, inmejorable narración para una gran historia :)

Un saludo


Pues sí, a quien le interese, toma peasso Spam:



MICHAEL RAY RICHARDSON, NATURE BOY

La vida es dura cuando se nace pobre y de raza negra en Lubbock, una población enclavada en lo más profundo de ese estado gigantesco y cruel que es Tejas, no digamos si nos situamos a inicios de los años 60.

Las cosas se complican cuando tu madre se divorcia y te tienes que ir a vivir, junto a tus cinco hermanos, a uno de los peores barrios de Denver, donde el paro, la droga y un alto índice de criminalidad, propician un violento y rudo escenario, muy lejos del níveo lujo de las pistas de Aspen.

Tampoco son buenas noticias si resultas ser un chico sensible, trabajador, retraído y con graves problemas de expresión oral. Se puede decir que, en un entorno tan hostil, eres el perfil candidato para acabar cosido a navajazos en cualquier oscuro callejón, tanto más cuando se rumorea en la pandilla que eres un momma,s child.

Parece una novela de JIM THOMPSON pero no, se trata de la vida de un hombre que lo tenía todo para fracasar y acabó perdiendo, no sin antes mostrar lo ilimitado de sus posibilidades, un breve pero intenso fulgor que quedó soterrado por montones de polvo blanco.

Michael Ray Richardson, el hombre que pudo reinar, era apenas un mozalbete de 6-3 y 160 libras cuando empezó a jugar en la prestigiosa High School de Manual, donde ni siquiera fue titular hasta su última temporada, en la que apenas promediaba 9 puntos por partido.

El chico tenía habilidades atléticas, era ágil y veloz, con un tiro suave y manos rápidas, pero, por su falta de carácter, su entrenador Floyd Theard, pensaba que las posibilidades de que el chaval llegara a un programa de la primera división de la NCAA eran de 500 a 1.

Dada su escasa formación académica, ningún reclutador de los grandes se fijó en el, y cuando parecía que su destino era pudrirse en un remoto Junior College, una oferta llegó de la universidad de Montana, cuyo head coach era, ni mas ni menos, que Judd Heathcote, el hombre que, años más tarde, dirigiría a Magic Johnson en el campeonato de Michigan State.

En el campus de Missoula, de 7.000 alumnos, apenas un 10% eran de color, lo que tampoco hizo la vida fácil al tímido Michael, que en su primer partido estaba tan nervioso que fue expulsado por faltas rápidamente, no sin antes haber perdido tres bolas.

Pero aquel tipo tenía algo, un poderío intenso, una excelencia atlética que su entrenador supo ver, haciéndole titular en un año en que Montana se clasificó para The Big Dance, cayendo por tan solo tres puntos ante los futuros campeones, los legendarios Bruins de The Wizard of Westwood.

La estrella de este pariah empezaba a brillar y en los dos siguientes años, a su eficacia defensiva, Sugar Ray, como empezaba a ser conocido, añadió un variado repertorio ofensivo, que pulió durante el verano, al lado de gente como David Thompson o Ralph Simpson, estrellas del equipo de la ABA de Denver.

Tras promediar 19.8 puntos y 8.6 rebotes en su año junior, Michael, contra pronóstico, no se declaró elegible y esto resultó un acierto, pues tuvo un gran año año señor, con casi 25 puntos por partido, que le valió ser elegido en el número 4 del draft por unos NY Knicks que, a pesar de necesitar como el oxígeno un center, no podían dejar pasar tan grandísima oportunidad de hacerse con un líder.

Y así, Sugar se aprestaba a iniciar una carrera pro que se anunciaba como brillante y próspera para este hijo de la miseria, al que su Dios había otorgado el don de vislumbrar la cara amable y luminosa de la luna.

Siete años después, tras una turbulenta carrera en la NBA, con tres elecciones para All Star y varios trofeos individuales, entre ellos ser el primer jugador de la historia en liderar las clasificaciones de asistencias y robos en un mismo año, Richardson era expulsado de por vida de la Liga Profesional de Baloncesto.

Fue el primero en recibir tan duro castigo, tras tres controles positivos por consumo de cocaína, y con ello Richardson veía como sus sueños se escapaban por el desagüe del sumidero, en medio de una seria adición, con su mujer reclamándole el pago de las pensiones de divorcio y un estado financiero de segura bancarrota, en apenas 4 años contrató a seis agentes y adquirió hasta 16 coches de lujo, la mayor parte sin pagar, y con la censura del público, que no dudo en dirigirle el dedo acusador que le señalaba como el modelo de ídolo caído por las malas compañías y la deficiente formación personal.

New York, con sus neones resplandecientes y sus angostas callejuelas, llenas de oscuras tentaciones, había acabado por devorar a este chico de pueblo, con mucho dinero y pocas luces.

Fueron muchas mentiras, a su madre y a su esposa, muchas promesas incumplidas, cuando lo cierto es que el monstruo de la droga había atrapado entre sus fauces al gran base casi desde su aterrizaje en la Gran Manzana. Nunca quiso decir quien le metió en ese infierno y seguro se llevará el secreto a la tumba.

Lo extraño es que, en medio de tanto exceso, nuestro hombre consiguiera deslumbrar a la crítica con aquella extraña mezcla de fortaleza física y sabiduría técnica, que lo hacía el base más temido de la liga, un hombre capaz de moverse con habitualidad en los territorios linderos con el triple doble, una estrella de primer nivel sin posible discusión, grande en ataque, grandísimo en defensa, un torbellino hecho jugador de baloncesto.

En el momento de la sanción los NETS marchaban 24-13, tras su marcha los de East Rutherford cayeron en picado, lo que dice bastante del talento de este jugador.

En medio de tanta ruina e infamia, tras un paso menos que honorable por la liga de los descastados, la CBA, a Sugar Ray le vino una oferta de una pequeña y coqueta ciudad de la Emilia Romagna, en un país muy lejano llamado Italia.

En Bologna, versión Virtus, nuestro hombre encontró su paraíso perdido, la Ciudad Roja, con sus intimas plazas y soportales y sus medievales torres, acogió a este ángel vulnerado, en busca de redención, y el PalaDozza de Via Azzarita vivió grandes noches de basket, en las que Sugar Ray era siempre el protagonista, con su elocuente majestuosidad, mandando en el parquet, transportando al culto público boloñés al mítico escenario de la calle 33 de New York.

No hubo excesivos títulos en aquellos años, pero si una Gran Noche, en un inolvidable día de un ya lejano mes de marzo. Quiso el destino que fuera Firenze, cuna del renacimiento, donde tuviera lugar el hito, el primer título europeo de la legendaria UVE NERA.

En aquella ocasión, Sugar fue de nuevo ese jugador definitivo que mecía a la squadra, y con 29 puntos y más del 60% en tiros de campo, llevó a los virtusinos a la victoria frente al Real de la leyenda, en horas bajas a la sazón.

Aquella Recopa, que Sugar Ray dedicó a su entrenador Ettore Messina, fue la piedra fundacional de la etapa de dominación nacional y europea de la Virtus durante los 90, ya sin nuestro protagonista en sus filas, aunque siempre en la memoria de los tiffosi boloñeses, fieles y entendidos.

Lástima que ese año 1990, un Richardson desatado no pudiera llevar a su equipo al scudetto , tras caer en cuartos ante Caserta, con un 84-83 en la bella, a pesar de la terrorífica serie del tejano, 37, 46 y 24 puntos respectivamente.

Sugar Ray siguió varios años impartiendo su Magisterio en Italia, Israel, Yugoslavia y Francia, donde conoció a su actual mujer Ilham, una chica francesa de origen marroquí, con quien fijó su residencia en Cannes, corazón de la Riviera francesa.

Tras 17 años sin tocar las drogas, aparentemente, fue perdonado por la NBA y empleado como ojeador para Europa, hasta que los Nuggets, de esa Denver donde creció, lo contrataron como responsable de relaciones con la comunidad.

Tiene casi 50 años y ha vivido mucho, desde aquellos días de rutilante estrella a quien le cupo el honor de ser de los primeros jugadores con una línea de zapatillas diseñada para él, las Air Force One, precursoras de las hoy multitudinarias Air Jordan, a las noches de desenfreno y freebasing en los más oscuros rincones de la Gran Manzana, pasando por sus días de serena armonía en Bologna, donde reencontró el alma de aquel muchacho negro y tartamudo que solo quería jugar a basket, para olvidar la miseria que su casta maldita le había deparado.

Como bien saben los que fueron atrapados por las garras de la dependencia, no se puede hablar de final feliz, solo de días de calma y tranquilidad.

Sugar Ray, acaso la imagen de aquella generación perdida de primeros de los 80, como tantos otros sigue su vida, mientras que a nosotros, sus admiradores, nos queda el recuerdo de los grandes momentos vividos de su mano, cuando este hombre nos hizo vislumbrar una nueva dimensión en el puesto de playmaker.

Posiblemente ese sea su mejor trofeo, pues ya lo dice la canción:

"The greatest thing you'll ever learn
Is just to love and be loved in return"

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G Vázquez
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por G Vázquez » 28 Ene 2008, 13:23

Esto no es spam. A ver si así va cogiendo forma esta cavernilla. Gracias, Rem. Es una pieza preciosa.

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Big Dawg
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por Big Dawg » 28 Ene 2008, 14:36

¿Ves? Una cosa así de Ray buscaba yo. Y ha tenido ser el bueno de Rem quien ya lo había escrito. Me hubiera gustado q tocara algo más la época de los neones de NYC, que hubiera ese toque oscuro y tétrico rollo meejiano, como comentabas, pero la verdad es q es gusta leerlo. Si es que este Rem cuando se pone...

Saludos.

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True Wolf
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por True Wolf » 26 Feb 2008, 22:52

Soy consciente que este comentario no pertoca aquí, pero es la única forma en que me aseguro que el autor del genial artículo sobre Allen Iverson lo leerá seguro. Muchas felicidades por otro sublime trabajo :wink:

Iverson es una figura en la que nunca se repara como uno de los grandes de la historia, influirá supongo su aura de perdedor y el tener un solo premio a MVP de la temporada. También el supuesto individualismo del que se acusa ahora a Lebron James y sus pintas de rebelde sin causa.

Reconozco que no soy su más ferviente admirador o, mejor dicho, que hay otros que me llaman más la atención en cuanto a venerarles (Kobe, Garnett y Wade). Para mi Iverson significó mucho en Philadelphia, pero también representa un cambio radical para la NBA en sí misma, puesto que es el mesías que mejor representa el cambio del siglo XX al siglo XXI, por estética revolucionaria y por un juego insólito hasta el momento.

Con la NBA cumpliendo 50 años no hay comparación histórica posible para alguien como Iverson, y esto es lo que más acojona echando la vista atrás. Otra vez gracias por el artículo, he descubierto cosas que no conocía de una gran temporada en que ya seguía la liga e iba a muerte con los Lakers de Kobe. Sin embargo tenía solo doce años, muchas de las cosas que hoy he descubierto aún se me escapaban...

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Malo de Molina
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por Malo de Molina » 12 May 2008, 17:51

Tenemos un nuevo e interesante post de Gonzalo: http://blogs.acb.com/blog/elpuntog

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askeado
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por askeado » 29 Ago 2008, 11:24

Yo es que llegué tarde. Me ha encantado el artículo sobre los peores tiradores de tiros libres. Y sólo es porque me identifico plenamente con alguno de ellos...
KINDJE escribió:askeado es una abreviatura de te has quedado... conmigo.


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Peaso equipo

Xabier
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por Xabier » 29 Ago 2008, 21:13

Amigo Gonzalo notengo perdon de dios. Como soy un inutil con internet me refugio en lo que manejo y asi no me equivoco.
Toda la enjundia del basket ( o casio toda ) está en estos blogs sublimes.
Dicho esto y de forma rapida:
Chamberlain por muchas vueltas que se le de a la cosa era horroroso tirando personales. Sobre todo siendo el jugador determinante que fué. No solo tiraba mal sino que quizas era en el que mas influyó por la cantidad de faltas que se le hacian ( a sabiendas de que no las metia)-
Sobre K. Hughes debo de ser un pupas porque no tengo las estadisticas a mano , pero lo comprobaré, cada vez que jugaba contra él me metia las faltas. Cachemire me decia : " Coach, ¿ Pero no decias que no las metia ? " Por eso cada vez le odiaba mas . No a Hughes, sino a Cachemire.
Ray Sugar jugó varios años despues de mi paso por Antibes en aquel equipo. Ya muy mayor lo hizo bien y era y es muy querido. No sabia que se cas´o con una chica de aquella tierra. Pero Cannes es un buen sitio para vivir.

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Malo de Molina
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por Malo de Molina » 08 Sep 2008, 16:55

Nuevo e interesantísimo post de Gonzalo: http://blogs.acb.com/blog/elpuntog

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Big Dawg
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por Big Dawg » 08 Sep 2008, 17:02

¡John Brisker! Sí señor. Gracias G.

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ThreeFinger
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por ThreeFinger » 08 Sep 2008, 17:19

Yo sigo con mi spam, en este caso tangencialment a la primera de las tres teorías sobre la desaparición de Brisker- la del hijo del Reverendo Jones y su equipo de basket-, este artículo en mi blog de solobasket viene al caso:

MIéRCOLES, 05 DE MARZO DE 2008

Basket, Vida y Redención.


En la División I del basket universitario, en la Western Athletic Conference, empieza a despuntar un hombre cuyo nombre esconde un atroz pasado.

Su apellido, Jones, el cuarto más común en los Estados Unidos, nada nos dice sobre su existencia, nadie podría suponer que el baloncesto, que ahora representa su inmediato presente, fue el medio a través del cual permaneció con vida aquel que le dio la suya propia.

Pero para comprender la energía que alienta esa vida, y la importancia que el basket tiene en ella, se hace necesario que nos remontemos al pasado.

El Sábado 18 de noviembre de 1978 pasará a la historia como un día negro, aquel en que un furor suicida, inexplicable y siniestro, se apoderó de las mentes de cerca de 1.000 personas que integraban la secta del Templo del Pueblo en Jonestown, en plena costa Noreste de Sudamérica, en una finca de 140 hectáreas enclavada en lo más profundo de la jungla de Guyana.

913 cadáveres dejó esa multitudinaria danza macabra, impulsada por el fanatismo, y alimentada por el aislamiento y la morbosa dependencia en el culto a la trastornada personalidad de un falso profeta.

El Reverendo Jim Jones, un carismático bienhechor de tendencias socialistas, calificado como cruce entre Cristo y Lenin, había congregado en torno a su persona a una familia de más 1.000 personas, que habían abandonado todo lo que les ligaba a sus antiguas vidas para seguirle, en primer lugar hasta California, y más tarde a Guyana, lugar que consideraba al resguardo de un potencial ataque nuclear.

En esta fanática Arcadia, sus fieles, una amalgama de razas, cultivaban hortalizas y frutas, criaban pollos y cerdos, fabricaban su propio calzado, educaban a sus niños y atendían a los enfermos y ancianos.

Pero ese idílico mundo feliz, vino a resquebrajarse cuando un senador americano decidió visitar el Templo del Pueblo, con un objetivo: investigar supuestos malos tratos que recibían algunos miembros de la secta.

La respuesta del Reverendo, sintiéndose acorralado, no tarda en llegar: el senador Leo Ryan, tres periodistas y un desertor de la secta fueron asesinados a tiros por “ángeles vengadores” enviados por Jones, en una emboscada tendida en la pista de aterrizaje de Puerto Kaituma.

Acto contínuo, Jones ordena un masivo “suicidio revolucionario”, ante el que se plantea escasa oposición, apenas un par de madres alegaron a favor de la supervivencia de sus hijos menores. Así pues, primero murieron los niños, aproximadamente 200, y sus padres, con esa perversa imagen grabada en sus mentes, tomaron sedientos la ponzoñosa poción, un zumo con sabor a uva, FlavorAid, mezclado con poderosas dosis de cianuro.

De tal masacre, apenas sobrevivieron 80 miembros de la secta, y entre los que consiguieron seguir contándolo, se hallaba Jim Jones Jr. un chico de color adoptado por el líder tenebroso, con una pasión por el basket.

Y ese amor fue el que salvó su vida y la de sus compañeros de equipo, que al momento de los hechos se hallaban a 150 millas, en Georgetown, jugando un encuentro amistoso ante la selección nacional de Guyana.

El basket fue uno de los pocos vehículos de evasión que Jim Jones Sr. admitió en el reclusivo mundo del Templo del Pueblo, un signo de normalidad, una diminuta fisura en esa bóveda de fanatismo que había construido durante tantos años.

El Reverendo aceptó que varios jóvenes, entre ellos Jim Jr. construyeran una precaria cancha en los alrededores de la comuna y vio con buenos ojos, como una medida integradora, que aceptaran disputar partidos con el combinado local.

El primero se saldó con una paliza de más de 30 puntos, el segundo, también ganado por los locales de forma más ajustada, quiso la Providencia que se jugara el mismo día que la masacre tuvo lugar.

Antes y después del partido, Jim Jones Jr. recibió una llamada de su padre, reclamando su inmediata vuelta a Jonestown, pero el amor por la canasta pudo más que la obediencia debida.

Tras la matanza, los jugadores fueron objeto de exhaustivos interrogatorios, a la busca de presuntas implicaciones en los tiroteos. Jim Jones Jr vivió años de desesperanza tras el cruento episodio, en el que perdió la vida su propia esposa y el hijo que esperaban.

La supervivencia era un castigo, no solo había perdido a su familia, sino que su nombre le perseguía allá donde fuera. Alcohol y relaciones esporádicas fueron sus únicos amigos en ese amargo tránsito por la senda del desconsuelo.

Su sinceridad recibió como respuesta ingentes dosis del veneno del rencor humano, acaso el más poderoso y letal, y no había rincón en este mundo donde vivir en paz, aunque fuera en la clandestinidad. Los fantasmas del pasado nunca faltaban a la cita con su conciencia, allá donde quisiera esconderse.

Y fue nuevamente el basket, aquello que le había obligado a morir viviendo, el que le dio una segunda oportunidad. Jim encauzó su vida, y formó familia con Erin, la mujer que supo conciliar el pasado del hombre de quien se había enamorado con el avistamiento de un futuro de sostenible convivencia.

Del matrimonio de Jim y Erin nacieron 3 hijos, uno de esos hijos es Rob Jones, el primogénito, un purasangre de 1, 96 y 105 kilos.

Desde pequeño, como mostrara interés por jugar a basket, Jim se encargó personalmente de preparar a su hijo, un atleta natural que destacó en la High School de Archbishop Riordan, tanto en basket como en football, donde los powerhouses del Oeste, USC, Arizona y Oregón, así como la mismísima Notre Dame, no dudaron en ofrecerle becas.

Rob con sus medidas, agilidad y fortaleza, era el prototipo perfecto de tight end, una posición clave en el football moderno, como arma adicional en el passing game, más allá de sus tradicionales obligaciones de bloqueo como oficioso sexto hombre de la línea ofensiva, una posición en la que ya hay antecedentes de ex jugadores de basket colegial que son primeras figuras de la NFL, como Tony González o Antonio Gates.

Sin embargo, renunció a un futuro de gloria deportiva y contratos millonarios por su pasión por el deporte al que seguramente le debe la vida.

Considerado por los servicios de reclutaje como el cuarto mejor power forward del Oeste, algo estimable pero que no le garantiza nada, acabó fichando por los Toreros de San Diego, donde ya en su año freshman se ha hecho con la titularidad y ha acreditado maneras de estrella .

De hecho, a inicios de febrero, ha sido nominado jugador de la semana en la WAC, Western Athletic Conference, siendo clave en las victorias ante Loyola Marimount (27 puntos y 13 rebotes) y Pepperdine (16 y 7).

Su entrenador ya lo considera el líder del equipo, Sports Illustrated le ha dedicado un reportaje, y tiene todas las ganas de comerse el mundo, pero su escasa altura se plantea como obstáculo imposible de franquear en el paso a los pros, a menos que te llames Charles Barkley, Adrian Dantley o Mark Aguirre y estemos en la época clásica.

Sea como fuere, lo único cierto para Rob Jones es que al basket le debe su vida, y a fé que al basket la está consagrando.


Y al amigo G solo espero que siga profundizando en el conocimiento y publicación de algunos de los misterios que rodearon el nacimiento, vida y extinción de ese loco experimento llamado ABA.

HABERLOS LOS SIGUE HABIENDO
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Cualquier tiempo pasado........

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KYS
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por KYS » 08 Sep 2008, 20:33

Muy bueno el artículo,me ha gustado bastante.
Incluso en el estilo de escritura (menos alambicado que en otras ocasiones),que sabes que no suele congeniar conmigo.

Enhorabuena.

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G Vázquez
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por G Vázquez » 08 Sep 2008, 21:05

Me alegra de veras.
Rem, esto que llamas spam es una obligación, hombre. Cuando supe de Jim Jones Jr. no sé realmente qué fue lo que más me sorprendió: si la insólita ausencia en aquel fatídico día o la negativa a obedecer al monstruo de inmediato. Es increíble. El reverendo abate a casi mil almas y es precisamente su hijo quien se muestra esquivo. Haz mía entonces la calidad milagrosa que le atribuyes al Baloncesto en la pieza.

Y sí, cuanto más adentro se consigue llegar menos real todavía sigue pareciendo aquel submundo de la ABA, un filón inagotable.






ThreeFinger escribió:...tomaron sedientos la ponzoñosa poción, un zumo con sabor a uva, FlavorAid, mezclado con poderosas dosis de cianuro.


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"Tomad y bebed todos de él..."


Qué infierno.

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Mattu
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por Mattu » 08 Sep 2008, 22:32

Oye, no os paseis que acabo de comer...

Novio de Hello
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por Novio de Hello » 11 Sep 2008, 18:17

ThreeFinger escribió:Yo sigo con mi spam, en este caso tangencialment a la primera de las tres teorías sobre la desaparición de Brisker- la del hijo del Reverendo Jones y su equipo de basket-, este artículo en mi blog de solobasket viene al caso:

MIéRCOLES, 05 DE MARZO DE 2008

Basket, Vida y Redención.


En la División I del basket universitario, en la Western Athletic Conference, empieza a despuntar un hombre cuyo nombre esconde un atroz pasado.

Su apellido, Jones, el cuarto más común en los Estados Unidos, nada nos dice sobre su existencia, nadie podría suponer que el baloncesto, que ahora representa su inmediato presente, fue el medio a través del cual permaneció con vida aquel que le dio la suya propia.

Pero para comprender la energía que alienta esa vida, y la importancia que el basket tiene en ella, se hace necesario que nos remontemos al pasado.

El Sábado 18 de noviembre de 1978 pasará a la historia como un día negro, aquel en que un furor suicida, inexplicable y siniestro, se apoderó de las mentes de cerca de 1.000 personas que integraban la secta del Templo del Pueblo en Jonestown, en plena costa Noreste de Sudamérica, en una finca de 140 hectáreas enclavada en lo más profundo de la jungla de Guyana.

913 cadáveres dejó esa multitudinaria danza macabra, impulsada por el fanatismo, y alimentada por el aislamiento y la morbosa dependencia en el culto a la trastornada personalidad de un falso profeta.

El Reverendo Jim Jones, un carismático bienhechor de tendencias socialistas, calificado como cruce entre Cristo y Lenin, había congregado en torno a su persona a una familia de más 1.000 personas, que habían abandonado todo lo que les ligaba a sus antiguas vidas para seguirle, en primer lugar hasta California, y más tarde a Guyana, lugar que consideraba al resguardo de un potencial ataque nuclear.

En esta fanática Arcadia, sus fieles, una amalgama de razas, cultivaban hortalizas y frutas, criaban pollos y cerdos, fabricaban su propio calzado, educaban a sus niños y atendían a los enfermos y ancianos.

Pero ese idílico mundo feliz, vino a resquebrajarse cuando un senador americano decidió visitar el Templo del Pueblo, con un objetivo: investigar supuestos malos tratos que recibían algunos miembros de la secta.

La respuesta del Reverendo, sintiéndose acorralado, no tarda en llegar: el senador Leo Ryan, tres periodistas y un desertor de la secta fueron asesinados a tiros por “ángeles vengadores” enviados por Jones, en una emboscada tendida en la pista de aterrizaje de Puerto Kaituma.

Acto contínuo, Jones ordena un masivo “suicidio revolucionario”, ante el que se plantea escasa oposición, apenas un par de madres alegaron a favor de la supervivencia de sus hijos menores. Así pues, primero murieron los niños, aproximadamente 200, y sus padres, con esa perversa imagen grabada en sus mentes, tomaron sedientos la ponzoñosa poción, un zumo con sabor a uva, FlavorAid, mezclado con poderosas dosis de cianuro.

De tal masacre, apenas sobrevivieron 80 miembros de la secta, y entre los que consiguieron seguir contándolo, se hallaba Jim Jones Jr. un chico de color adoptado por el líder tenebroso, con una pasión por el basket.

Y ese amor fue el que salvó su vida y la de sus compañeros de equipo, que al momento de los hechos se hallaban a 150 millas, en Georgetown, jugando un encuentro amistoso ante la selección nacional de Guyana.

El basket fue uno de los pocos vehículos de evasión que Jim Jones Sr. admitió en el reclusivo mundo del Templo del Pueblo, un signo de normalidad, una diminuta fisura en esa bóveda de fanatismo que había construido durante tantos años.

El Reverendo aceptó que varios jóvenes, entre ellos Jim Jr. construyeran una precaria cancha en los alrededores de la comuna y vio con buenos ojos, como una medida integradora, que aceptaran disputar partidos con el combinado local.

El primero se saldó con una paliza de más de 30 puntos, el segundo, también ganado por los locales de forma más ajustada, quiso la Providencia que se jugara el mismo día que la masacre tuvo lugar.

Antes y después del partido, Jim Jones Jr. recibió una llamada de su padre, reclamando su inmediata vuelta a Jonestown, pero el amor por la canasta pudo más que la obediencia debida.

Tras la matanza, los jugadores fueron objeto de exhaustivos interrogatorios, a la busca de presuntas implicaciones en los tiroteos. Jim Jones Jr vivió años de desesperanza tras el cruento episodio, en el que perdió la vida su propia esposa y el hijo que esperaban.

La supervivencia era un castigo, no solo había perdido a su familia, sino que su nombre le perseguía allá donde fuera. Alcohol y relaciones esporádicas fueron sus únicos amigos en ese amargo tránsito por la senda del desconsuelo.

Su sinceridad recibió como respuesta ingentes dosis del veneno del rencor humano, acaso el más poderoso y letal, y no había rincón en este mundo donde vivir en paz, aunque fuera en la clandestinidad. Los fantasmas del pasado nunca faltaban a la cita con su conciencia, allá donde quisiera esconderse.

Y fue nuevamente el basket, aquello que le había obligado a morir viviendo, el que le dio una segunda oportunidad. Jim encauzó su vida, y formó familia con Erin, la mujer que supo conciliar el pasado del hombre de quien se había enamorado con el avistamiento de un futuro de sostenible convivencia.

Del matrimonio de Jim y Erin nacieron 3 hijos, uno de esos hijos es Rob Jones, el primogénito, un purasangre de 1, 96 y 105 kilos.

Desde pequeño, como mostrara interés por jugar a basket, Jim se encargó personalmente de preparar a su hijo, un atleta natural que destacó en la High School de Archbishop Riordan, tanto en basket como en football, donde los powerhouses del Oeste, USC, Arizona y Oregón, así como la mismísima Notre Dame, no dudaron en ofrecerle becas.

Rob con sus medidas, agilidad y fortaleza, era el prototipo perfecto de tight end, una posición clave en el football moderno, como arma adicional en el passing game, más allá de sus tradicionales obligaciones de bloqueo como oficioso sexto hombre de la línea ofensiva, una posición en la que ya hay antecedentes de ex jugadores de basket colegial que son primeras figuras de la NFL, como Tony González o Antonio Gates.

Sin embargo, renunció a un futuro de gloria deportiva y contratos millonarios por su pasión por el deporte al que seguramente le debe la vida.

Considerado por los servicios de reclutaje como el cuarto mejor power forward del Oeste, algo estimable pero que no le garantiza nada, acabó fichando por los Toreros de San Diego, donde ya en su año freshman se ha hecho con la titularidad y ha acreditado maneras de estrella .

De hecho, a inicios de febrero, ha sido nominado jugador de la semana en la WAC, Western Athletic Conference, siendo clave en las victorias ante Loyola Marimount (27 puntos y 13 rebotes) y Pepperdine (16 y 7).

Su entrenador ya lo considera el líder del equipo, Sports Illustrated le ha dedicado un reportaje, y tiene todas las ganas de comerse el mundo, pero su escasa altura se plantea como obstáculo imposible de franquear en el paso a los pros, a menos que te llames Charles Barkley, Adrian Dantley o Mark Aguirre y estemos en la época clásica.

Sea como fuere, lo único cierto para Rob Jones es que al basket le debe su vida, y a fé que al basket la está consagrando.


Y al amigo G solo espero que siga profundizando en el conocimiento y publicación de algunos de los misterios que rodearon el nacimiento, vida y extinción de ese loco experimento llamado ABA.

HABERLOS LOS SIGUE HABIENDO
Ey, me ha gustado muchísimo. ¿Por qué no cuelgas en "tu blog" infames comparaciones como las que cuelgas en este foro y en este foro artículos como éste? Leñe, si lo que buscas es que lo lea más gente, cosa bastante probable con lo que te miras el ombligo... pues yo creo que la respuesta está clara: abandonar páginas semi-desconocidas y colgarlo donde más gente pueda leerlo. Que va a ser en este foro, leñe. Y lo merece.

Aunque, pese a todo, te saludo.

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Fecha actual 05 Abr 2020, 10:14