Tabaré
La vida al margen del deporte (la hay)

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MarioMiriam
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por MarioMiriam » 25 Nov 2009, 11:58

VII

Cayó la flor al río,

Y en el obscura légamo

Derramó su perfume entre las algas.

Se ha marchitado, ha muerto.

Las algas la estrecharon

En sus brazos de hielo...

Ha brotado en las grietas del sepulcro

Un lirio amarillento.

VIII

Duerme, Hijo mío. mira: entre las ramas

Está dormido el viento;

Así tu llanto

No será acerbo.

Yo empaparé de dulces melodías

Los sauces y los ceibos,

Y enseñaré a los pájaros dormidos

A repetir mis cánticos maternos.

El niño duerme, Duerme sonriendo.

La madre lo estrechó dejó en su frente

Una lágrima inmensa, en ella un beso,

Y se acostó a morir. Lloró la selva

Y, al entreabrirse, sonreía el cielo.

http://www.youtube.com/watch?v=QwBnf3l1pIc
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MarioMiriam
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por MarioMiriam » 29 Nov 2009, 23:08

IX

¿Sentís la risa? Caracé el cacique

Ha vuelto ebrio, muy ebrio.

Su esclava estaba pálida, muy pálida...

Hijo y madre ya duermen los dos sueños.

LIBRO SEGUNDO

CANTO PRIMERO

I

¿Quién ata las pasadas sensaciones

En haces de quimeras

Que, al roce de un recuerdo no buscado

Juntas en el cerebro se despiertan,

Y nadando en un medio indefinible

Con nuestras almas piensan?

Las notas ignoradas que en la noche

Hasta nosotros llegan

¿Por quién son recogidas, ajustadas

A un ritmo misterioso, a una cadencia,

Para formar ese himno prolongado

Con que las sombras ruega:

Esa flotante ebullición sonora

Que en el aire semeja

De mil voces distintas y lejanas

Los ayes, las palabras o las quejas

Que a extinguirse temblando a nuestro lado

Como heridas se acercan?

¿Quién llora con la luna en los sepulcros,

Y ríe en las estrellas.

Y respira en las auras otoñales,

Y anima la hoja seca,

Y es Perfume en la flor. iota en la lluvia

Y en la Pupila idea?

Acaso en los espacios infinitos

Que el hombre no penetra,

La vida y la armonía se difunden

En cuyas formas entran,

Corno elemento indispensable y justo,

Los ignorados llantos de la tierra.

Los ayes de las razas extinguidas,

Su soledad eterna,

Los destinos obscuros, lo, suspiros,

Las lágrimas secretas.

Los latidos que el mundo no comprende

Y en la eterna armonía se condensan.

vosotros, los que améis losimposibles,

Los que vivís la vida de la idea,

Los que sabéis de ignotas muchedumbres

Que los espacios infinitos pueblan;

Los que escucháis quejidos y palabras

Donde el silencio reina

Y algo más que la idea del invierno

Os sugiere el rodar de la hoja seca.

Escuchad el acorde arrebatado

Al rumor misterioso de la selva,

La voz de aquella noche sin aurora

Que difunde, su sombra en mi leyenda.
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por MarioMiriam » 02 Dic 2009, 10:24

II

La corriente del tiempo,

En brazos del pasado,

Como el cadáver de otros tantos hijos,

Ha dejado los años tras los años.

Al tramontar las lomas Del Uruguay, el astro

Deja envuelto en la sombra de las islas

A un villorrio español, que fue fundado

En la desierta margen donde el río

San Salvador, hermoso tributario

Del Uruguay, derrama en éste

Su caudal, entre sauces y guayabos.

El pueblo aquel, sentado en el desierto

Como un aventurero temerario,

¿Es algo más que una visión de gloria?

¿Brotó del suelo o descendió de lo alto?

Sus cimientos han sido varias veces

Con sangre de dos razas amasados;

Sus techos convertidos en hogueras,

Varias veces al campo iluminaron;

Y ya, más de una vez en la colina

Quedaron sus escombros solitarios,

Como los negros miembros de un gigante

Por la zarpa del tigre hecho pedazos.

Desde el fondo del bosque, los charrúas

Observan los bastiones castellanos,

Las rudas estancadas

De troncos de algarrobos y quebrachos

Antemura sin fosos ni poternas,

Remedo de baluarte que, hacia el campo

Defiende el caserío

Cuyos techos se asoman al barranco.

Techos pajizos de bambú, con hebras

de la raíz del ñapindá amarrados;

Muros de tierra negros

Entre despojos de bateles náufragos,

Que rodean la casa construida

Por Juan de Ortiz, el viejo adelantado,

Con sillares de piedra

Que el tiempo y los incendios respetaron;

Tal es la población conquistadora

En que aun tremola el pabellón hispano,

Sereno corno siempre

El desierto sin nombre desafiando,

En una tierra, madriguera hermosa

Del indio más bizarro

De los que aullaron y aguzaron flechas

En el salvaje mundo americano:

Como el cachorro oculto bajo el cuerpo

Del tigre provocado,

Así se esconde la uruguaya tierra

De su indómito rey bajo los arcos.

El indio ruge, al escuchar la planta

Del extranjero blanco,

Con rugidos de rabia y de deseo,

Siempre en acecho, cauteloso, huraño.

Brilla el ojo del indio en la espesura;

Suena por todos lados

Su alarido feroz; brotan rabiosos

De entre las flores sus agudos dardos.

¿Dónde se esconden? Donde esconde el viento

Sus gritos ignorados.

Donde esconde la muerte las lumbreras

Que enciende sobre el haz de los pantanos.

Allí donde tan sólo se ve un grupo

De chircas o de cardos,

Hay rostros, escondidos en la sombra,

Siempre despiertos, sangre olfateando.

Allá en el matorral algo se mueve...

¿Quién trepa en el barranco?

¿Sentís un grito en la lejana orilla?

Es la muerte... si vais, veréis su rastro.

¿Qué hay más allá? Lo ignoto, lo imprevisto,

Quizá lo sobrehumano;

Algo más que la muerte, más oscuro...

¿Quién se llega hasta él? ¿Quién va a retarlo?

España va, la cruz de su bandera,

Su incomparable hidalgo;

La noble raza madre en cuyo pecho

Si un mundo se estrelló, se hizo pedazos,

El pueblo altivo que, en la edad sin nombre,

Era el cerebro acaso

Del continente muerto,

Ya sumergido en el abismo Atlántico.

Que, no teniendo en sí, para el cadáver

De aquel coloso espacio.

Dejó asomar, sobre la vasta tumba

Miembro insepulto, el mundo americano,

Sólo España ¿quién más? sólo ella pudo,

Con pasmo temerario.

Luchar con lo fatal desconocido;

Despertar el abismo y provocarlo;

Llegarse a herir el lomo del desierto

Dormido en el regazo

De la infinita soledad su madre,

Y en él cavar el pabellón cristiano,

Y resistir la convulsión suprema

Del monstruo aquél al revolverse airado,

Sin que el pavor le acongojara el alma,

Ni el resistir le desarmara el brazo.
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por MarioMiriam » 03 Dic 2009, 09:32

III

En las torcidas calles del villorio

La guarnición se ve diseminada:

Quién aguza en la piedra

El hierro de su lanza,

Quién enluce un mohoso

Capacete, o remalla

Alguna vieja cota, o busca en vano

Sobre la gola encaje a la celada;

Quién las piezas ajusta

De sus gastadas armas,

Espaldares o antiguas escarcelas

De coseletes varios arrancadas;

Mientras allá, a la sombra

Tendido en una acacia,

Algún soldado arrulla sus recuerdos

Con un cantar querido de la patria.

El brazo desfallece,

Sin que por ello desfallezca el alma

De los rudos guerreros españoles

Que para dar la postrimer lanzada,

Persiguen y no encuentran

El corazón de la invencible raza

Que prolonga el honor de su agonía

Más allá de su vista legendaria

En el cobrizo Pecho de algún indio

Postrado en la batalla,

Las escamas grabadas y arabescos

Se hallaron de las cotas Y corazas.

De los blancos guerreros que el charrúa,

Con fuerza extraordinaria,

Estrujaba en el nudo de sus brazos

Que la Muerte tan sólo desataba;

Y en los dientes de muchos,

O en sus manos crispadas

Trozos sangrientos de enemiga carne

Con vestigios de vida palpitaban

Pero jamás un ruego,

Nunca una Sola lágrima

Plegó los labios ni anublo los ojos

Del sueño de las selvas uruguayas.

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por MarioMiriam » 03 Dic 2009, 23:09

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IV

Sapicán, el cacique mas anciano,

Ya cayó en la batalla

Después que Por Garay en la llanura

Vio deshechas sus tribus más bizarras.

Sopló la Muerte y apagó en sus ojos,

Sedientos de venganza

El último fulgor. Pero aun la muerta

Bel indio en las pupilas amenaza,

Cuando las tribus, con clamor inmenso,

Del combate separan

Su cadáver, envuelto en los vapores

De la caliente sangre que derrama.

Murió; pero en la noche, cuando el astro

No alumbra las barrancas

Y se duermen las víboras, y agita

Sólo el ñacurutú sus lentas alas;

Cuando las sombras salen de los árboles

Y con los vientos andan.

Y la nutria nadando cruza el río,

Y canta el grillo oculto entre las matas,

El cacique aparece.

Ya lo han visto las tribus espantadas

Buscar en vano su arco entre los juncos

0 su maza de pórfido en las aguas.

Cuando como jauría

De lebreles con alas,

Vientos de tempestad cruzan rabiosos

Aullando de la selva entre las ramas;

Cuando las nubes negras

Se ven amontonadas

Un momento no más sobre el relámpago

Que por el fondo de los cielos pasa,

Y las gotas de lluvia

En las hojas restallan,

Y golpean el lomo de los tigres

Que encandilados y encogidos braman.

La sombra silenciosa

Cruza en los aires pálida,

En medio la tormenta que acaudilla

Con su antigua actitud siempre gallarda.

Esa es su frente estrecha,

Su cabellera lacia,

Y su saliente pómulo, y sus ojos

Pequeños, de pupila prolongada.

Al acecho dispuesta

Y a devorar distancias;

A encenderse, a apagarse entre la sombra,

Y a comprimir relámpagos de rabia.

El viento que en su torno

Los centenarios ñandubáis descuaja,

No mueve ni un cabello del cacique

Que a través de los árboles resbala,

y si acaso dispersa

Los miembros de la sombra alguna ráfaga

De los vientos del Sur vuelven al punto

A reunirse y cobrar la forma humana,

El rayo no lo ofende

Aunque a liarse a su cabeza vaya,

O silbando en su cuerpo se retuerza

Y lo ilumine con su lumbre cárdena.

El indio sigue mudo,

Buscando siempre su guerrera maza,

Y a su paso los tigres se espeluznan

Y las tribus se esconden espantadas.

Las plumas erizando,

Dando graznidos, el fulgor apagan

De sus redondos ojos las lechuzas

Que huyen a guarecerse en las barrancas.

Hasta que, al oír el indio

La primera canción que anuncia el alba,

En el aire sutil pierde sus formas,

Se diluye en la luz, se va o se apaga.
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por MarioMiriam » 04 Dic 2009, 09:08

V

También Abayubá cayó en la lucha!

Abayubá a quien llaman

En vano con sus grandes alaridos

Las tribus que el cacique acaudillaba.

Era el joven amado

Del viejo Sapicán; con sus palabras

Encendía el valor de los charrúas

Y con su paso y su actitud gallarda.

Aun contaba sus fríos

Por sus manos que, hiriendo con la maza,

Eran rudas y fuertes como el viento

Que sopla al Uruguay desde las pampas.

¡Cómo cayó! Al sentirse

Pasado por el hierro de una lanza,

Trepó por ésta hasta morir, cortando

Con el diente afilado por la rabia.

La rienda del caballo en cuya grupa

El español acaba

Con el puñal, la destructora brega

Que la ocupada lanza comenzara.

VI

¿Y Añagualpo, el gigante? ¿Y Yandicona?

También sus sombras vagan

En la noche sin lunas, y se envuelven

En el triste vapor de las montañas.

¿Qué fue de Tabobá? También ha muerto

Buscaba en el combate la venganza

De Abayubá, cuando del sueño frío

Sintió en los huesos la corriente helada.

El fiero Magaluna.

Ligero como el tigre, se abalanza

Al cuello del corcel del enemigo

Al que sus dientes y sus uñas clava:

Se agita, grita, ruge.

Mientras el jinete el pecho le traspasa:

Sólo la muerte lo desprende, y yerto

El cuerpo sólo se desploma y calla.

No volverá a tenderse

El arco de algarrobo que ajustaba

La mano de Yaci, del joven indio

Que daba muerte al yacaré en las aguas:

No encenderá sus fuegos

En el bosque del Hum ni en sus barrancas

El valiente Terú; las sombras negras

Gimen cuando se posan en sus armas.

Maracopá y Abaroré no existen¡

¡Gualconda ya es esclava!

Ya no reirá la dulce Liropeya,

La virgen más hermosa de la playa.

Hija del tiempo de los soles largos,

Que brillan en las ramas

Cuando el botón del ceibo se revienta

Como urna de sangre. Por llevaría

A sus toldos de pieles, muchos indios

Se hendieron con sus hachas;,

Venció Yandubayú,

Pero la virgen En vano llora y al cacique aguarda.

Murió Yandubayú, ¡también ha muerto?

Jamás en su piragua

Vendrá a buscar a Liropeya, nunca

Se oirá su voz en medio la batalla.

Los hijos valerosos

De muchas indias, cuando no contaban

Haber visto diez veces hojas nuevas.

Abrir en el penacho de las palmas,

Han caído en la lucha

Dando débiles gritos de venganza;

Sus brazos no eran fuertes y sus flechas

Eran temidas sólo de las gamas.

Los viejos que habían visto

Nacer la primer luna, y en los talas

En que hoy las uñas el leopardo afila

Habían visto correr la primer savia,

También hicieron arcos,

Y aguzaron las puntas de las lanzas,

Y fueron al combate lentamente

Apoyados en ellas o arrastrándolas.

Y todos han caído

Unos tras otros en la diestra pampa;

Y nadie abrió sus párpados; la noche

Bajo de ellos quedó, la noche larga,

Triste, sin lunas, la del viento negro,

En la que nunca aclara.

Ya no se mueven los caciques indios,

No encienden fuegos; para siempre callan.
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por MarioMiriam » 05 Dic 2009, 19:14

VII

Héroes sin redención y sin historia,

Sin tumbas y sin lágrimas!

¡Estirpe lentamente sumergida

En la infinita soledad arcana!

¡Lumbre espirante que apagó la aurora,

Sombra desnuda muerta entre las zarzas

Ni las manchas siquiera

De vuestra sangre nuestra tierra guarda,

Y aun viven los jaguares amarillos!

¡Y aun sus cachorros maman!

¡Y aun brotan las espinas que mordieron

La piel cobriza de la extinta raza!

Héroes sin redención y sin historia,

Sin tumbas y sin lágrimas;

Indómitos luchasteis... ¿Qué habéis sido?

¿Héroes o tigres? ¿Pensamiento o rabia?

Como el pájaro canta en una ruina,

El trovador levanta

La trémula elegía indescifrable

Que a través de los árboles resbala,

Cuando os siente pasar en las tinieblas

Y tocar con las alas

Su cabeza, que entrega a los embates

Del viento secular de las montañas.

Sombras desnudas que pasáis de noche

En pálidas bandadas

Goteando sangre que, al tocar el suelo,

Como salvaje imprecación estalla:

Yo os saludo al pasar. ¿Fuisteis acaso

Mártires de una patria,

Monstruoso engendro a quien feroz la gloria

Para besarlo, el corazón arranca?

Sois del abismo en que la mente se hunde

Confusa resonancia;

Un grito articulado en el vacío

Que muere sin nacer, que a nadie llama;

Pero algo sois. El trovador cristiano

Arroja, húmedo en lágrimas

Un ramo de laurel a vuestro abismo...

Por si mártires fuisteis de una patria!

FIN DEL CANTO PRIMERO
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por MarioMiriam » 06 Dic 2009, 14:34

CANTO SEGUNDO

I

¿Que queda entonces de la tribu errante

Del Uruguay? ¿Qué de su altiva raza?

Aun resta su agonía asida al suelo,

La fiera agita su convulsa zarpa.

Quedan indios aún para la muerte

Que cautelosos por los bosques andan,

Cual rebaños de tigres que en el pueblo

Siempre encendidas sus pupilas clavan.

De noche, por las lomas o entre el bosque,

Como gritos de luz, se ven las llamas

De señales charrúas que se cruzan,

Se avivan, se repiten o se apagan;

Y alguna vez, el temeroso aullido

Que algún consejo al terminar levanta,

Al pueblo llega, en ráfaga del aire,

Como rumor de tempestad lejana.

Un temor imprevisto y repentino

Entonces suele atravesar las mallas;

Los soldados se miran, y suspenden

La ardiente relación de sus hazañas;

Parece que en sus labios animados

Tropezase un momento la palabra

mas pronto, cuando advierten con despecho,

Que, sin quererlo, ha vacilado el alma,

Sus risas y burlescas maldiciones

En el silencio momentáneo estallan

Y, al amor de la lumbre, se reanuda

Con nuevo ardor la interrumpida plática,
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Re: Tabaré

por MarioMiriam » 01 Sep 2012, 16:43

II

Don Gonzalo de Orgaz, joven bizarro,

Manda en jefe la plaza;

La cimera encarnada de su yelmo

Marcó siempre el peligro en la batalla.

Olvidó muchas veces en la lucha.

El toque a retirada;

Era noble y valiente, noble y bueno,

Bueno y celoso de su estirpe hidalga.

III

¿Por qué el valiente aventurero trajo

Consigo a Doña Luz la castellana,

y a su mujer expone a los peligros

Que ambicionó para lustrar sus armas?

Que hace a su lado. qué hace de sus días

En esta vasta soledad: qué aguarda

Esa otra niña, la de tez morena,

Blanca, la hermosa, la inocente Blanca?

¿Para qué brillan esos ojos negros,

Profundos hasta el alma.

Y en que la luz del sol de Andalucía

Brillo, de estrellas presta a las miradas?

Exprimió el mismo seno que Gonzalo;

Lloró la misma madre. y solitaria.

Riendo con el cielo

En que su madre se perdió llamándola.

Quedó en el mundo sin más sombra amiga

Que la armadura de su hermano hidalga;

Allí recuerda su niñez reciente.

Y espera el porvenir allí sentada.

¿Qué impulso los condujo

A la salvaje tierra americana?

¡Quién sabe! Acaso el mismo misterioso

Que une las notas que en el aire vagan.

En prolongado acorde

De transparentes arpas.

Que suenan en el viento, en los recuerdos,

En los vagos crepúsculos del alma.

Que en las noches serenas,

Y en los rayos de luna columpiadas,

Se acercan, y se alejan y en los aires

Las lentas trovas del dolor ensayan:

Ese impulso secreto

Que, aun de entre las lágrimas,

Hace brotar a: veces las sonrisas

Como luces que rielan en las aguas.

Que el polen encendido

Lleva de palma a palma.

Y hace nacer los lirios en las tumbas.

Y en el dolor abriga la esperanza.

Quizá la niña, en cuyos dulces ojos

Se mueven las miradas

Como insectos de luz aprisionados

En urnas de cristal negras y diáfanas,

Allí, en la tierra en que una raza expira,

Es la nota con alas

Que mezclada a un acorde moribundo,

De gritos de dolor hará plegarias.

El Uruguay, al verla en sus orillas,

Palpitaba en sus aguas,

Y templaba en los juncos, y en la arena

Dejaba notas, quejas y palabras.

El astro que pasea las colinas,

Con su dulce mirada

Seguía a la española que en la tarde

Paseaba tristemente por la playa;

Y buscaba sus ojos cuando, sola,

Sentada en la barranca,

Quedaba confundida en las tinieblas

Que sus esbeltas líneas esfumaban.

Parece que este mundo americano

A aquella niña aguarda

Porque en sus ojos brillen sus estrellas,

Porque su viento pueda acariciarla,

Porque sus flores tengan quien recoja

La esencia de sus almas

Y las corrientes de sus grandes ríos

Que oiga y ame sus canciones vagas.
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Re: Tabaré

por MarioMiriam » 03 Sep 2012, 07:24

IV

Era una hermosa tarde.

Huía la sonrisa de los cielos

En los labios del sol que la llevaba

A imprimirla en la faz de otro hemisferio.

De su excursión al bosque

Tornan Gonzalo y diez arcabuceros,

Fue eficaz la batida: un grupo de indios

Viene sombrío caminando entre ellos.

Otros muchos quedaron

Tendidos en el campo; el viento fresco

La sangre orea en las hispanas armas,

Y en la piel de los indios prisioneros.

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... .... ... ... ... ... ... ...

No son tigres, aunque algo

Del ademán siniestro

Del dueño de las selvas se refleja

En su fiera actitud. Caminan; vedlos.

Son el hombre charrúa,

La sangre del desierto,

La desgracia estirpe que agoniza

Sin hogar en la tierra ni en el cielo,

Se estrechan se revuelven,

Las frentes sobre el pecho,

En los ojos obscuros el abismo,

Y en el abismo luz, luz y misterio.

Parece que en el fondo

De esos ojos a intervalos,

Un monstruo luminoso se moviera

Sus anillos flexibles revolviendo;

Con rápidos espasmos

Se sacuden sus miembros;

Sus músculos elásticos y duros

Al salto y la carrera están dispuestos;

La sangre apresurada

Circula bajo de ellos

Como corre callado entre las breñas

Un rebaño de fieras que va huyendo;

No hay en su rostro inmóvil

Ni siquiera un reflejo

Del espíritu extraño y concentrado

Que, al parecer, lo anima desde lejos;

Se advierte en su mirada

Un constante recelo,

Y una impasible languidez que tiene

Algo de triste, mucho de siniestro.

Son esbeltas sus formas,

Duros sus movimientos;

La tez cobriza, el pómulo saliente,

Negros los ojos, como el odio negros.

Sobre los fuertes hombros

Se derrama el cabello

En crenchas lacias. rígidas y obscuras,

Que enlutan más aquel huraño aspecto.

Pupila prolongada

Que prolongó el acecho:

Dilatada nariz y estrecha frente

A que se ajusta enhiesto.

Un erizado matorral de plumas

De colores diversos

Que parecen brotar de la cabeza

Como brotan de un tronco los renuevos.

Jamás mira de frente,

Jamás alza la voz: muere en silencio,

Jamás un signo de dolor se posa

Entre sus labios pálidos y gruesos.

No borra ni el suplicio

Su ademán de desprecio

Sólo el combate en su fragor arranca

Estridente alarido de su pecho.

Entonces, semejantes

A los colmillos del jaguar sediento,

Brillan entre los labios del salvaje

Los dientes blancos con horrible gesto.

Son el hombre-charrúa

La sangre del desierto,

La desgraciada estirpe que agoniza

Sin hogar en la tierra ni en el cielo.
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Re: Tabaré

por MarioMiriam » 04 Sep 2012, 08:59

V

El grupo de Indios, como viva masa

De apeñuscados cuerpos,

Adelanta, rodeado de arcabuces,

Entre las casas del pajizo pueblo.

Salen de sus viviendas las mujeres

Y los hombres a verlos;

Ni una impresión se nota en sus semblantes,

Todos caminan impasibles, fieros.

Ah!... todos no: miradlo. ¿Quién es ese

Que se detiene trémulo?

¿No es su pupila azul? Azul, no hay duda.

¿Que hay en ella? ¿Terror? ¿Asombro? ¿Miedo?

¡Extraño ser! ¿Qué raza da sus líneas

A ese organismo esbelto?

Hay en su cráneo hogar para la idea,

Hay en su frente espacio para el genio.

Esa línea es charrúa; esa otra. .. humana.

Ese mirar es tierno. ..

¿No hay en el fondo de esos ojos claros

Un ser oculto con los ojos negros?

La blanda piel de un tigre

Ha ceñido su cuerpo;

No se ha pintado el rostro, ni su labio

Ha atravesado el signo del guerrero.

Es pálido, muy triste; en su semblante

Y en su azorado aspecto,

Hay algo misterioso

Que inspira amor, o desazón, o duelo.

¿Por qué se ha desprendido de su grupo?

¿Se ha apoderado un vértigo

De ese salvaje enfermo que venía

Entre los otros indios prisionero?

La onda de un suspiro

Se ha notado quizá sobre su pecho,

Y se hubiera creído al observarlo,

Que ha roto entre los dientes un lamento

No es ira, no es encono; ¿qué es entonces

Ese temblor extraño de sus miembros?

¡Así sacude su prisión el alma

Cuando estallan en ella los recuerdos!
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Re: Tabaré

por MarioMiriam » 07 Sep 2012, 07:34

VI

Es que Blanca, al pasar lo está mirando

Con inocente empeño,

Y él clava en ella los azules ojos

Cual poseído de un pavor intenso.

La mira absorto, fijo, con el labio

Inmóvil y entreabierto:

Parece interrogar alzo invisible,

A al mismo, a su sombra, a su recuerdo.

Diríase que alumbra sus pupilas

El cercano reflejo

De algo como una aparición radiosa

Sensible sólo para el indio enfermo.

Y por la lumbre intensa de una idea

Que viene desde adentro;

Que arde en el alma y llega hasta los ojos

Y con la otra visión se funde en ellos.

Esperando a Gonzalo estaba Blanca

En el umbral de su morada: al verlo

Corrió hacia él, y distinguió al salvaje

Que allí venía entre los otros presos.

Ved como tiembla el indio

De ojos extraños de color de cielo.

Blanca esa noche se encontró llorando

Al acordarse del salvaje enfermo,
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Re: Tabaré

por MarioMiriam » 08 Sep 2012, 08:49

VII

Cayó una flor al río.

Los temblorosos círculos concéntricos

Balancearon los verdes camalotes

Y entre los brazos del juncal murieron.

Las grietas del sepulcro

Han engendrado un lirio amarillento.

Guarda el perfume de la flor caída,

La flor no existe: ha muerto.

Así el himno cantaban

Los desmayados ecos:

Así lloraba el urutí en las ceibas.

Y se quejaba en el sauzal el viento,
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Re: Tabaré

por MarioMiriam » 08 Sep 2012, 16:41

VIII

¿Quién es ese charrúa que suspira?

¿Quién es el prisionero

Que es capaz de alumbrar con luz del alma

Esos sus ojos de color de cielo?

Tabaré lo apellidan los charrúas,

O el hijo de los ceibos. . .

¡Hijo de mi dolor! una española

Le decía llorando ha mucho tiempo.

... .... .... .... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ..

Las grietas del sepulcro

Han engendrado un lirio amarillento;

Tiene el hábito de la muerte,

Su extrema palidez y su misterio.
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Re: Tabaré

por MarioMiriam » 09 Sep 2012, 09:49

IX

El pánico del indio indescriptible

Duró sólo un momento;

Marchando confundido entre los otros

Se aleja Tabaré; pero a lo lejos

Entre el grupo cobrizo se destacan

Las líneas de su cuerpo

De una amarilla palidez. La niña

Lo sigue con los ojos largo tiempo,

... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...

X

-¿Quién es Gonzalo, ese Indio que trajiste,

El de la frente Pálida.

Que me miró de un modo tan extraño

Cuando venía entre tus hombres de armas?

¿Está enfermo? Qué tiene? Me despierta

Una profunda lástima.

¿Qué tiene en esos ojos? ¿Lo recuerdas?

¿Qué harás con él? ¿Quién es? ¿Cómo se llama?

-¿Lo sé yo acaso? Ese hombre es un misterio,

Es un misterio, Blanca.

Al cruzar aquel bosque lo encontramos

En actitud de duelo o de plegaria.

Y es el mismo, lo es, estoy seguro,

Que he visto en las batallas

Reír con el peligro y con la muerte,

Bravo como el aliento de su raza.

¡Y qué! ¿Tiene algún crimen?

¿No lucha por su hogar y por su patria?

¿No defiende la tierra en que ha nacido,

La libertad que el español le arranca?

Cuando a él nos llegamos,

No sintió nuestros pasos a su espalda,

Ni demostró sorpresa, al verse solo,

Rodeado de arcabuces y de adargas.

Por cárcel este pueblo se le ha dado.

El ha de respetarla.

Yo probaré en ese hombre si se encuentra

Capaz de redención su heroica raza.

¡Qué! ¿,Sólo duelo y muerte

Ha de obtener América de España?

¡La sangre de esos hijos del desierto

Más que el orín deslustra nuestras armas!

Gonzalo. no te olvides

De la española sangre derramada,

Le dijo Doña Luz-, esos salvajes

Hombres no son; la redención cristiana

No alcanza a redimirlos,

Pues para ellos no fue: no tienen alma;

No son hijos de Adán no son, Gonzalo;

Esa estirpe feroz no es raza humana.
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Re: Tabaré

por MarioMiriam » 10 Sep 2012, 14:47

XI

Duermen los indios prisioneros, duermen

Tendidos en el suelo, como masa

De bronce que se mueve y que palpita

Con aliento vital en las entrañas.

Sobre aquellas cabezas que, en los brazos

Y, entre cabellos rígidos descansan,

No se siente pasar un solo ensueño;

Nada invisible por los aires anda.

Pero entre el grupo de dormidos cuerpos,

Despierta una figura se destaca;

Inmóvil, con los ojos encendidos,

Clavada en el vacío la mirada.

Las horas, una a una, la encontraron,

Como una sombra vana;

La vio la noche, la abrazó el Insomnio,

Y así la halló la claridad del alba.
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Re: Tabaré

por MarioMiriam » 11 Sep 2012, 20:14

LIBRO TERCERO

CANTO PRIMERO

I

Genios de las riberas,

Invisibles espíritus del bosque,

Que convertís en moscas o en reptiles

A los indios que vagan por la noche;

Seres que, en las tinieblas,

Gastáis el tiempo en ajustar los broches

De la dormida flor, mientras su ovario

Abre su amor al encendido polen;

Que elaboráis en ella

El dulce néctar que la abeja sorbe

Y los frescos aromas, que sedientos,

Los labios de los céfiros recogen;

O en la mortal cicuta

Vivís acurrucados, de los hombres

Acechando el secreto de la vida

Y destiláis la hiel de los dolores.

Y agriáis la crespa hierba

Que ni el carpincho ni la nutria comen,

Y envenenáis al avestruz dormido

Los huevos bajo el ala sin que os note.
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Re: Tabaré

por MarioMiriam » 12 Sep 2012, 17:39

II

Vírgenes transparentes

Que os colgáis en las ramas de los molles,

Y os columpiáis, con vuestros pies trazando

Rayas de luz sobre la linfa inmóvil ,

Y en esas lacias hebras

Con que acaricia el sauce al camalote

Subís y descendéis llevando al río

Rayos de luna en haces brilladores;

O hundidas en un lecho de espadañas

Os reclináis en los desiertos bordes,

A escuchar el secreto de las olas

Que transformáis en trémulas canciones;

Pobladores del aire

Leves y multiformes,

Hijos de los crepúsculos azules

Que con las alas embozáis los montes;

Que taladráis el diente

De la víbora en donde

Derramáis los licores ponzoñosos

-Que al infiltrarse, el corazón corroen;

Que en los ojos del tigre

Encendéis vuestra antorcha y las visiones

Preparáis a su luz disparatadas

Y las vaciáis en sus extraños moldes;

Que en la blanca osamenta,

Hacéis brotar los fuegos fatuos dobles,

Esos que, sobre el haz de los pantanos,

Ebrios, inquietos e impalpables corren.

Suben, bajan, se arrastran, se persiguen,

Se agitan y se rompen,

Y se apagan los unos a los otros

Sin que el aire los mueva ni los sople;

Almas de los murmullos,

Espíritus errantes de las flores

Que, al murmurar, hacéis más perceptible

El solemne silencio de los orbes;

Invisibles remeros

Que empujáis blandamente al camalote

En que navega incorporado el tigre

Que dormido en la orilla descuidóse;

Engendros de los ríos

Que recortáis la escama y los arpones

Del dorado debajo de las islas

Que en vuestros hombros sostenéis a flote,

Meciéndolas en ellos

Sin que el río en que nadan se desborde,

Ni el movimiento imperceptible y blando

Las húmedas barrancas desmorone;

Seres que, como llamas apagadas,

Sois de un pasado informe

La vida actual y eterna, cuyo velo

La fuerza del espíritu descorre;

Testigos que no mueren.

Que acompañasteis a las tribus nómades,

Las visteis desprenderse de su tronco

Y viajar, sumergiéndose en la noche:

Brotad de entre los tiempos y escuchadme.

Yo os nombraré por vuestros propios nombres;

En la forma, en la voz y el movimiento

Mi espíritu sutil os reconoce.

Cabalgando en las horas que pasaron,

Que el tiempo enfrena y en su noche esconde

Desatad vuestras alas puntiagudas

En legiones aéreas y deformes.

¡Horadadme esa tierra!

¡Sacudidme ese monte!

Como caen los cabellos de un anciano

Como el cardo desgrana sus plumones,

De la muerta cabeza

En que pensó una raza, acaso logre

Ver desprenderse el pensamiento oculto

Sobre mi frente cuando yo os invoque.

Dad un vuelco a ese río!

Salid, desde su légamo a sus bordes,

Con secretos del agua y de la arena,

De los huesos de piedra que se esconden

En el profundo limo

En que tienen las algas sus amores,

Se arrastra el yacaré, duerme la raya,

Y la tortuga sus nidadas pone.

Infundid en ese indio

Que ahora penetra en el callado bosque

Los latidos postreros de una raza

Que a vuestro acento viven y responden;

Latidos de esperanzas imposibles,

Rudo y último acorde

De las arpas malditas que sonaron

-Pulsadas por la muerte y los dolores.

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Re: Tabaré

por MarioMiriam » 13 Sep 2012, 07:42

III

Es Tabaré. Penetra nuevamente

A su nativo bosque,

Cuyos añosos árboles lo miran

Y a su paso sus troncos interponen.

Y le tienden los brazos descarnados

Con raras contorsiones,

Como fantasmas que en inmóvil danza

Cruzan y se retuercen por el monte.

Y en torno de él se agrupan a mirarlo,

Y así que lo conocen,

Después de herirlo con los brazos negros,

Se dispersan en todas direcciones.

Y los duros lagartos al sentirlo

Hacia sus cuevas corren,

Y asoman las cabezas puntiagudas,

Y el largo cuerpo sin calor encogen.

Y las ranas se callan un instante

Mientras pasa, y sus voces,

Como largos quejidos, a su espalda,

Cuando ha pasado, nuevamente se oyen.

Y los nocturnos pájaros lo siguen

En negras procesiones:

El chajá dando saltos por el suelo,

Chirriando esos murciélagos enormes.

Que, como manchas de la misma sombra,

La obscuridad recorren,

Persiguiendo los átomos, o huyendo

Atolondrados de invisible azote.

Detrás de cada tronco, acurrucada,

Parece que se esconde

Alguna cosa que, al pasar el indio,

Sigue tras él con movimiento torpe.

El siente a sus espaldas ese mundo

Que su alma sobrecoge;

Mas no se vuelve, y apresura el paso

Y sigue, y sigue sin saber adónde.

¿Cuánto anduvo? El indio no lo sabe.

Era la media noche

Quizá, cuando, rendido por la fiebre,

Detúvose entre rudas convulsiones,

Pues la luna, en lo alto de los ciclos,

Los transparentes bordes

De las nubes plomizas encendía

Franjeándolas de tenues resplandores.

De las que ante su disco se atraviesan,

Parecen los Jirones

Las siluetas de negros cocodrilos

Que la infinita soledad recorren;

Palidecen lejanas las estrellas

Que, desde lo alto, vuelan hacia el Norte,

La cruz del Sur se inclina esplendorosa

Con los brazos tocando el horizonte.

Tabaré escucha: En el profundo hueco

De sus ojos inmóviles

Introduce sus dedos el delirio

Que atruena su cabeza con sus voces;

Y otra fugaces, ora persistentes,

Comenzaron entonces

A hablar y cobrar vida los espacios,

La tierra, el aire, el corazón del bosque.
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Re: Tabaré

por MarioMiriam » 16 Sep 2012, 15:56

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