DE AMOR Y OTRAS DESGRACIAS (Tenemos Gañándor)
La vida al margen del deporte (la hay)

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Sr. Lobo69
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DE AMOR Y OTRAS DESGRACIAS (Tenemos Gañándor)

por Sr. Lobo69 » 18 Nov 2010, 19:52

DE AMOR Y OTRAS DESGRACIAS (VI Concurso de Relatos)

Vecinos de Tiempo Muerto, como ganador del último concurso ke soy, os debo una organización. Y esta organización ke os debo, os la voy a pagar, como ganador del último concurso ke soy.

Aunke esto sea un concurso literario, no kería dejar pasar la ocasión del pekeño homenaje al Maestro. Total, esto lo vamos a leer los cuatro de siempre, así ke kítense la zamarra, sírvanse una copa de cognac, repantínguense en el butacón de orejeras y acérkense a la chimenea, ke están ustedes entre amigos.

Dicho esto, vamos con las formalidades del concurso:

Temática: por consenso tras los comentarios post-votación del último concurso, el tema de la presente edición será El Amor y todos sus derivados, de ahí el título de la edición. No, no voy a dar una definición de Amor porke, entre otras cosas, no llegaríamos a ninguna conclusión válida ke no fuera ke deberíamos haber elegido otra temática más simple, como, por ejemplo, la física cuántica. Lo ke es innegable es ke el amor da placer, causa dolor, hace heridas, las restaña, nos vuelve generosos, huraños, posesivos, soñadores, violentos, mansos, egoístas y gilipollas. Aún más, kiero decir. Por tanto, me vale todo: pasión, anhelo, celos, desafecto, traición, cuernos, fidelidad... Eso sí: como os pongáis muy almibarados, no respondo de las críticas a posteriori, ke akí hay mucho ****** suelto, incluyendo el organizador.

Extensión: 300 caracteres mínimo-12.000 caracteres máximo. Ke conste ke esto lo he copiado del último ke organicé, ke a su vez lo copié de uno ke organizó beetle, ke a su vez lo copió de uno ke organizó Instante ke a su vez... En fin, ke lo pongo por ponerlo, pero ke si pensáis ke voy a ponerme a contar caracteres, lo lleváis clarinete.

Publicación: para ser admitidos a concurso, los relatos serán enviados previamente por mensaje privado al organizador (verbigracia el ke se come el marrón, verbigracia Sr. Lobo69, verbigracia servidora). Éstos serán publicados a posteriori en el mismo día o al siguiente de su recepción bajo nombre real (uséase, el nick) o, a petición del autor, bajo seudónimo.

Sistema de votación: seguirá el conocido sistema de asignación de puntuaciones a 7 relatos, debiendo asignarse a cada uno 7, 6, 5, 4, 3, 2, y 1 puntos, respectivamente. Finalizado el plazo de votación, se proclamará ganador al relato con mayor puntuación recibida, y su autor será galardonado con el marrón/honor de organizar el siguiente concurso. Esto sí lo he copiado íntegro de la anterior edición, ke da mucha pereza explicarlo.Sólo añadir ke, aunke no es obligatorio, se agradece aunke sea un somero comentario de cada relato. A todos nos gusta ke hablen de uno, aunke sea mal.

Plazos:

El plazo de presentación de relatos comienza hoy mismo y termina el 23 de enero. Pero ya sabemos ke esto es el coño de la bernarda y ke me pediréis prórrogas variadas y ke yo os las concederé, previo pago en carne.

El plazo de votación comenzará el 16 de enero y finalizará el 20 de febrero, pero, si no me vais a respetar el primer plazo, no os digo nada del segundo.


¿Kién puede presentarse? Cualkier bípedo antropomorfo ke sea capaz de juntar más de cinco palabras seguidas con un mínimo de coherencia. Sí, ya sé ke esto descarta a medio foro, pero hay ke ser selectivo. No hay límite de relatos por bípedo.

¿A ké obliga el presentarse? Aparte del riesgo tácito ke supone ganar el concurso y, por ende, tener ke organizar el siguiente, todo participante se compromete, si no a comentar, sí al menos a votar. De lo contrario, el organizador y los demás concursantes se verán en la potestad de recordárselo y afearle la conducta en cualkier hilo en ke el interfecto participe. A título de ejemplo, hablo de ke, dos meses después de terminado el concurso, el concursante no votante puede abrir un tema asaz brillante, perfectamente redactado y digno de todo tipo de halagos y, acto seguido, el siguiente mensaje ke se puede encontrar en el hilo es “No votaste en el Concurso de amor y otras desgracias. No tienes pilila”, repetido una y otra vez por todos los concursantes ke sí votaron. No, no es coña. Y desde ke el buscador no es una de esas cosas de las ke habla hawkeye, es algo factible. Así ke ojito.

¿Kién puede votar y/o comentar? Cualkiera ke sea capaz de leer más de dos renglones seguidos, independientemente de ke se haya presentado o no al concurso. Akí no exijo la apariencia humana, así ke KINDJE, sí: puedes votar.

De regalo: como ya hice en la anterior edición en la ke tuve el dudoso honor de oficiar como organizador (relatos eróticos), una vez finalizado el concurso recopilaré todos los relatos en un PDF con portada, índice y relación de ganador y finalistas, como los de verdá. Gratis total para todo akél ke solicite su envío. Es más: si alguno kiere, puedo enviarle todavía el de relatos eróticos. Me lo kitan de las manos, oiga.

ÍNDICE DE RELATOS:
BOBI. Autor: Amorebieta
POR SU CULPA. Autor: PouPierce
LLAMADAS. Autor: Don Juan
SE LIÓ. Autor: Aiminajaiueitujel
ERA UNA GANGA. Autor: Jastrullín y Borderox
PRINCESA. Autor: papito_moñas
EL FINAL DE LA HISTORIA QUE DEBISTE CONTAR SOBRE MÍ. Autor: Graham Chapman
MIRANDO AL MAR. Autor: Billón de
GAJES DEL OFICIO. Autor: El golem
UN VIERNES CUALQUIERA. Autor: Cacique Medina
NOCHE. Autor: Patum
RUBIO CENIZA. Autor: El reponedor Interino
PRIMERAS IMPRESIONES. Autor: Simpkins
EL PERRO DE PAVLOV. Autor: ene minúscula
JUGUETES ROTOS. Autor: Mick Aserrado
DURA LEX SED LEX. Autor: Bryson
ÉRASE UNA CARTA. Autor: The shooter
FRENTE A MI CASA. Autor: kortxopan
PRÍNCIPES AZULES. Autor: ixus
UN DÍA COMO OTRO CUALQUIERA. Autor: Chicho Sibilio
INSISTE, INSISTE. Autor: Creisi y Loyaltudegueim
TRES HISTORIAS Y MEDIA. Autor: Rivo
EL PRECIO. Autor: atún_betún
EL ÚNICO FINAL FELIZ. Autor: Jeff Bridges
ELLA ERA TAN ENCANTADORA... Autor: Agurain
AY, LOS PELICOS. Autor: Bocadillo de huesos de santo
PERSIGUIENDO A MI AMOR. Autor: Uno que presenta su segundo relato en el concurso
AY, LOS OJICOS. Autor: Empanada de yemas de Santa Teresa
UN CONCURSO DE RELATOS. Autor: Eddie Vedder
FINALES DE TORRE Y PEÓN CONTRA TORRE Y PEÓN. Autor: Akiba Rubinstein
EL SEÑOR ODIO Y EL SEÑOR AMOR. Autor: E.P.P
¿QUÉ TAL ESTÁS? Autor: Ñoño, el hijo del Sr Barriga
AMORES PERROS. Autor: Allison Cameron
EL FONDO DE SUS OJOS. Autor: Papito_frenético


Y ahora, como ya he terminado mi trabajo, chupémonos las pollas. Oséase, links a las anteriores ediciones:
Concurso de relatos de ciencia ficción
Concurso de relatos de fantasía
Concurso de relatos eróticos
Concurso de relatos cómicos
Concurso de relatos surrealistas
Concurso de relatos policiacos

Pues nada, corazones. Akí esta el concurso. Todo vuestro.

Un saludo.
Última edición por Sr. Lobo69 el 22 Feb 2011, 14:29, editado 24 veces en total.
Antes de empezar a lamernos las pollas mutuamente, terminemos nuestro trabajo

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Re: DE AMOR Y OTRAS DESGRACIAS (VI Concurso de Relatos)

por PouPierce » 18 Nov 2010, 21:02

Fantástico.
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Re: DE AMOR Y OTRAS DESGRACIAS (VI Concurso de Relatos)

por Hugo » 18 Nov 2010, 21:12

Lo subo, que esto está muy parado.

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Re: DE AMOR Y OTRAS DESGRACIAS (VI Concurso de Relatos)

por Sr. Lobo69 » 18 Nov 2010, 21:16

BOBI
Autor: Amorebieta


Recuerdo como si fuera ayer el día que lleve a Bobi a casa. Elisa y yo acabábamos de alquilar un piso en el centro y esa noche iba a ser la primera que pasásemos allí. Había ido por la tarde a comprar una botella de champán y ya me dirigía al piso para meterla en el congelador cuando lo vi, de refilón, en el escaparate de una tienda. Un pastor alemán oscuro, casi negro, de apenas un par de semanas. Mire, es de raza, me dijo el dueño de la tienda, se nota porque tiene estas dos pecas aquí a los lados. Me costó una pasta, el Bobi. Lo llevé en brazos a nuestro pequeño palacio de dos habitaciones, terracita y baño y lo encerré en el comedor. Recuerdo que salimos a cenar a un sitio caro y que bebimos vino y que al llegar a casa cogí a Elisa en brazos para entrar y que nada más cerrar la puerta escuchamos entre nuestras risas el llanto, los grititos de Bobi. Elisa se emocionó. Lo cogió y empezó a acariciarlo, me dijo gracias mil veces, te quiero otras mil, le dijo te llamaras Bobi, pequeñajo, ¿te gusta?, y yo, pensando que había escuchado mal, le pedí desde la cocina que repitiese lo que había dicho por favor mi vida y ella repitió eso de Bobi mientras yo, de nuevo en el comedor, derramaba media botella de champán en el suelo justo al lado de una de las minimeadas de Bobi y ella gritaba alegría alegría y luego se reía y decía Bobi y Bobito, mis dos amores, Bobi y Bobito y yo me reía y pensaba que aquello tenía gracia y volvía a por las copas que las había olvidado, mi amor, y de paso a por el mocho, cariño, que entre Bobi y Bobito habíamos dejado esto hecho un asquito. Recuerdo que la primera noche que pasamos juntos en nuestro piso Elisa no se separó de nuestro perro ni de esa sonrisa que tan bien me hacía sentir.

Al principio no lo bajábamos a la calle. Decíamos que por miedo a que cogiese una infección o cualquier cosa, con lo pequeño que era, pero el verdadero motivo era que queríamos disfrutar a solas de nuestro renacuajo, no queríamos compartirlo con nadie más. Se meaba y se cagaba por todas partes, pero no tenía importancia. Además, era todo tan pequeño y tan insignificante que ni siquiera nos molestaba ni nos parecía que oliese mal. Por aquel entonces Elisa estaba preparando oposiciones y cuando yo volvía del trabajo me decía amor, Bobi ha estado llorando desde que te has ido, mira qué contento está ahora, y miraba a aquella bola de pelo que movía el rabo y ladraba de una manera ridícula e intentaba, a duras penas, alzarse sobre sus dos patas traseras para demostrarme lo mucho que se alegraba de verme. Creo que nunca fuimos tan felices como aquellos días en los que hasta las cacas de Bobi nos parecían obras de arte.

Tardó poco tiempo en empezar a destrozar todo lo que hallaba a su paso. Bragas, zapatillas, revistas, pantalones. Su especialidad eran mis camisetas. Pero cari, si es que lo dejas todo por ahí, me decía Elisa cuando veía que empezaba a enfadarme. Tienes que ser más aseado, y me besaba y yo asentía y acariciaba a Bobi y le ponía la correa para sacarlo a pasear mientras Elisa me decía hoy sólo se meó una vez y yo murmuraba buen perro, Bobi, buen perro, vamos a dar una vuelta, ¿nos acompañas, mi vida? y bajábamos los tres al parque a jugar y a olvidar las camisetas y las bragas, los pantalones y las revistas. En el fondo qué más daba; teníamos más, teníamos a Bobi.

Creció más rápido de lo esperado. En unos meses ya casi ponía sus patas delanteras sobre mi pecho cuando me saludaba al llegar a casa. Ladraba con estruendo. Se subía al sofá y lo llenaba de pelos. La verdad es que llenaba todo de pelos, sobre todo con esa gran cola que no dejaba de mover cuando me veía entrar por la puerta. Ay Javier, menos mal que has llegado, Bobi casi no me ha dejado estudiar en todo el día, se sigue meando aquí, bájalo un rato al parque, por favor. Una noche volvimos Bobi y yo de pasear y vimos a Elisa llorando. No puedo más, Javi, me dijo, lo ensucia todo, ladra todo el día, se come mi ropa y saca la comida de la basura, no puedo más. La abracé fuerte y le dije tranquila, cariño, todo se arreglará, no podemos abandonarlo a estas alturas, es que estás nerviosa porque se acerca el examen y haces una torre de un grano de arena. Recuerdo que temblaba, no estoy seguro de si ella o yo. Seguramente los dos. Aquella fue la primera noche que pasamos en vela, espalda contra espalda sin compartir nuestros pensamientos.

Llevamos a Bobi a un adiestrador. Nos dijo que el problema era de base, que habíamos permitido una serie de cosas desde el principio que se habían ido haciendo una bola. Educó a Bobi y nos enseñó a tratarlo, a actuar, a castigarlo y a felicitarlo, a atajar los problemas antes de que llegasen. Elisa, que al principio se mostraba escéptica, recobró la sonrisa. Volví a ver en sus ojos el brillo de la noche que vio a Bobi por primera vez. Hacía pausas en sus estudios y bajaba con nosotros al parque, como al principio. El día del examen volvió a casa eufórica, lo he bordado mi amor, y yo volví a derramar champán sobre el suelo del comedor y Elisa dijo ay mi Bobito alegría alegría y los dos reímos y hasta los ladridos de Bobi moviendo la cola nos sonaron a risa.

Elisa sacó plaza, empezaría a trabajar en septiembre. Recuerdo que una tarde de julio llegué a casa cansado de trabajar, hacía un calor sofocante. Olía de **** madre, como si se hubiese pasado todo el día cocinando. Había velas por todas partes. Entré a la habitación; estaba tumbada en la cama medio desnuda, con las braguitas que le había regalado por nuestro aniversario. Empezó a darme besos, mi amor, he reservado un viaje, una semanita en la Riviera Maya, tú y yo solos. ¿Una semana? ¿Y qué hacemos con el perro? Mirándolo ahora con perspectiva me doy cuenta de que fui un completo gilipollas. No sé mi vida, me dijo, se lo podemos dejar a alguien. ¿A quién?, dije yo, se van todos de vacaciones. Ése es el problema, Javi, que se van todos de vacaciones menos nosotros, lo dejamos en una residencia y ya está. ¿En una residencia, pero tú sabes cuánto cuestan esas cosas? Estaba a punto de cagarla del todo. ¿Y el piso, quién paga el piso si tú todavía no trabajas? Mañana mismo anulas la reserva, me bajo al perro a pasear. Cuando subimos no quedaba ni una vela. Bobi cenó bistecs y yo dormí en el sofá.

Aquel verano fue duro. Discutíamos cada dos por tres. Yo me quedaba en casa, leyendo, pasando calor, mientras Elisa se iba a la piscina. Bobi no paraba de jadear, con la lengua fuera, hacía un ruido insoportable. En una de nuestras discusiones pasó algo que todavía hoy sigo sin creer que pudiese pasar. Los gritos subieron de tono. Elisa me agarró con fuerza el brazo, clavándome las uñas. Porque estaba allí y lo vi, si no juraría con todas mis fuerzas que era imposible que pasase algo así. Bobi ladró y después mordió a Elisa. O mordió y después ladró, el caso es que al momento nos quedamos los dos blancos, callados. No lo hizo fuerte, ni siquiera le hizo sangre, pero el hecho era que le había mordido. Lo siento, cariño, ¿estás bien?, le dije tartamudeando. Elisa me miró con los ojos llorosos y salió corriendo de casa.

Estuvo una semana sin aparecer por el piso. Yo no había salido, ni para bajar a Bobi. Creo que llevé los mismos calzoncillos durante toda la semana. Ocho días después vino, yo estaba tumbado en el sofá, viendo la tele y comiendo doritos, con una cerveza fría en la mesa y el ventilador apuntando a mi cara. Ella echó un vistazo en rededor. El comedor estaba lleno de mierdas y meados de Bobi. Qué peste, dijo, me llevo al perro, un amigo del gimnasio tiene una casa en la sierra y no le importa quedárselo, allí podrá correr y jugar tranquilo, en esta casa le falta el aire. Quizá debí impedírselo, no sé, suplicarle que no se lo llevase, prometerle que todo iba a cambiar, pero me quedé en el sofá, sin decir nada. Bueno, nada no, recuerdo que le dije ¿gimnasio? ¿Desde cuándo vas al gimnasio? Ella se rió, quiero decir, no se rió, pero tiró aire por la nariz mientras sonreía, como con sarcasmo. Le puso la correa a Bobi y se lo llevó. La última vez que vi a mi perro dentro de casa movía la cola. Parecía feliz por largarse de aquí.

Hoy, rebuscando por los cajones, me he encontrado las braguitas que le regalé por nuestro aniversario, mordidas por Bobi, y me ha dado por recordar. He llorado un poco. He cogido el coche y me he pasado por la casa de la sierra, donde vive ahora. Está bien, se le ve feliz, correteando por todos lados. No he entrado, claro, ni siquiera he llamado al timbre. Por un momento me ha parecido que Bobi me miraba. Se ha quedado quieto, con las orejas tiesas. Luego ha sacado la lengua, como sonriendo, y ha seguido corriendo.

Quién sabe, no será lo mismo, pero tal vez ya va siendo hora de que me compré otro perro, uno de esos que no crecen. Y por supuesto, que no se llame Bobi. Vaya un nombre de mierda.
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Re: DE AMOR Y OTRAS DESGRACIAS (VI Concurso de Relatos)

por Hugo » 18 Nov 2010, 21:23

Un poco Pou.

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Re: DE AMOR Y OTRAS DESGRACIAS (VI Concurso de Relatos)

por PouPierce » 18 Nov 2010, 21:38

Hugo escribió:Un poco Pou.

:D Voy a dejar de inventarme seudónimos. ¿Tanto se me cala?
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Re: DE AMOR Y OTRAS DESGRACIAS (VI Concurso de Relatos)

por Aiminajaiueitujel » 18 Nov 2010, 21:47

¿Y si tengo una pierna amputada no puedo presentarme?

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Re: DE AMOR Y OTRAS DESGRACIAS (VI Concurso de Relatos)

por PouPierce » 18 Nov 2010, 21:48

Aiminajaiueitujel escribió:¿Y si tengo una pierna amputada no puedo presentarme?

Sólo si puedes tirarte un par de pedos.
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Re: DE AMOR Y OTRAS DESGRACIAS (VI Concurso de Relatos)

por Kapitan Rodman » 18 Nov 2010, 21:53

PouPierce escribió:
Aiminajaiueitujel escribió:¿Y si tengo una pierna amputada no puedo presentarme?

Sólo si puedes tirarte un par de pedos.

No, el Diccionario del Festival internacional de Castrourdiales no es acqui.

Jo es que el Amor...

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Re: DE AMOR Y OTRAS DESGRACIAS (VI Concurso de Relatos)

por iNsTaNte_aLepH » 18 Nov 2010, 22:21

Bueno... se intentará hacer algo. De momento he leído el primer relato presentado.

Saludos y a disfrutar del nuevo concurso.
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Re: DE AMOR Y OTRAS DESGRACIAS (VI Concurso de Relatos)

por Miss_Naismith » 19 Nov 2010, 18:41

Siempre digo que y al final nunca lo hago. Pero no está de más subir el hilo.
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Re: DE AMOR Y OTRAS DESGRACIAS (VI Concurso de Relatos)

por PouPierce » 19 Nov 2010, 21:03

Miss_Naismith escribió:Siempre digo que y al final nunca lo hago.

Ya te digo :(
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Re: DE AMOR Y OTRAS DESGRACIAS (VI Concurso de Relatos)

por arturo_papito » 19 Nov 2010, 21:25

Lo tengo escrito, me falta labor de documentassión. Va a ser tan moñas que voy a supurar nata por el entrecejo. Que bonito es el amor...ainsss....
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Sr. Lobo69
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Re: DE AMOR Y OTRAS DESGRACIAS (VI Concurso de Relatos)

por Sr. Lobo69 » 20 Nov 2010, 00:49

POR SU CULPA
Autor: PouPierce


Decidió salir a dar un paseo, porque supuso que otra persona lo habría necesitado en su estado.
La verdad es que no solía caminar con fin placentero y mucho menos terapéutico, sino funcional. Tanto es así, que no sabía exactamente qué debía hacer para pasear.
Pero bueno, estaba decidido a ello. Cuando ella le colgó el teléfono, se puso el chaquetón y le dijo a su madre que iba a la calle. "¿A dónde?" preguntó, "Pues a casa de esta muchacha...", mintió.
Al salir a la calle, se dio cuenta de que no tenía ningún lugar al que ir, así que en cuestión de segundos su mente confeccionó lo que podríamos denominar "Itinerario poco funcional para almas penantes" (IPFPAP). Empezó a seguirlo a un ritmo más pausado de lo habitual, pero que seguía siendo rápido. Cuando se percató, redujo el paso, porque un paseo se hace con calma.
Llevaba un par de kilómetros andados y pensó "Si sigo un itinerario predeterminado del tipo IPFPAP, no estaré paseando, sino yendo a sitios", y creo que tenía razón. Pero como no sabía andar sin rumbo, lo que hizo fue doblar la siguiente esquina a la derecha, porque sabía que iba a la cuesta de Borrego, bajaba hasta la Ardila y luego hasta Pery Junquera y desde allí, seguiría por el Parque del Oeste hasta la Casería, pero lo hizo sin seguir ningún itinerario. Así de lanzado se sentía.
La Ardila no es un barrio aconsejable a según que horas, por lo que se planteó que alguien podría atracarle o violarle. La idea de que algún sujeto malcarado se acercara a él con un cúter oxidado y lo amenazara le parecía divertida y casi casi le apetecía. Le diría "¡Pues si vas a rajarme, empieza por la garganta y hazlo ya, me harías un favor!". O le daría el reloj para que se fuera, es una de dos.
Nadie le molestó en su camino hasta el Parque. Empezó a pasear por allí, entre atletas que lo recorrían de punta a punta persiguiendo a su propio aliento mientras se les escapaba, señores con perritos, mujeres con carritos y luces de farolas. Hacía frío, pero no era una noche desagradable.
Fue a sentarse en un banco frente a una farola que estaba apagada. El camino que había seguido en aquel parquecito, estaba franqueado a ambos lados por una larga hilera de árboles (no sabía de qué tipo) que bailaban agitando suavemente las ramas. Observó (no tenía nada mejor que hacer) el árbol que tenía justo delante y reflexionó sobre su vida (la del árbol). Ese ser vivo, tenía un ciclo que duraba 24 horas al igual que el de los humanos y el del resto de animales, con la diferencia de que aquel ser las veía pasar a velocidad distinta. El mundo rotaba a otra velocidad, las personas pasábamos a su lado a otra velocidad distinta a la suya. Y sin embargo, allí estaba, de pie frente a él, sin inmutarse, balanceando sus hojas lentamente, sin prisas, de forma plácida. Aquel árbol (no sabía de qué tipo de árbol se trataba) era la imagen de la serenidad y la calma.
Imaginó ser un árbol y en aquel momento creyó que comprendía que siendo uno de ellos, te vuelves sosegado y tranquilo de pura impaciencia.
Echó la cabeza hacia atrás y vio una luz entre las ramas y las hojas de este árbol, de aquel y de el de al lado del otro que había más para allá. Era Venus, sin ninguna duda, y lo estaba espiando impunemente entre la vegetación, siendo voyeur en su soledad. O quizás solamente estuviera observando los árboles (sin saber qué tipo de árbol eran).
Sin darse apenas cuenta, tras tanta reflexión banal estaba mucho más tranquilo, no notaba ninguna opresión interior. Consideró que cualquier persona ya no necesitaría seguir en aquel parque y que debería volver a casa. Se puso en pie y emprendió el camino de vuelta siguiendo un "Itinerario de regreso más o menos funcional para almas más o menos aliviadas" (IDRMOMFPAMOMA).
Dijo "Bueno, pues ya me voy". El árbol contestó "Me parece bien, espero que te mejores y que no tengas que venir con frecuencia". "Muchas gracias, doctor...", "Álamo", "Vaya, nunca lo habría adivinado".
Y se alejó de su particular psiquiatra.
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Re: DE AMOR Y OTRAS DESGRACIAS (VI Concurso de Relatos)

por Sr. Lobo69 » 20 Nov 2010, 17:46

LLAMADAS
Autor: Don Juan

Era alta, esbelta, parecía guapa. Ahí dentro resultaba más sugerente de lo que realmente era. En la penumbra del local, mientras los focos, a ráfagas, iluminaban primero su cuerpo, luego su cara. Mientras su silueta se contorneaba y su mirada se perdía. Mientras sonreía con amabilidad a ninguna parte, comprendí que sólo quería bailar.

Aún así me acerqué a ella, era atractiva. Nadie lo hubiese discutido. Sin prestarme atención, sin dejar de bailar, esperó a que le acariciase el hombro. Un ligero toque. Ella me miró, dejó de sonreír, yo traté de decirle algo. No me oyó, por eso acercó la oreja a mi boca.

-No quería molestarte. Supongo que sólo has venido a bailar, pero no podía dejar que acabase la noche y haber perdido la oportunidad de decirte nada. Si te apetece descansar estaré en la barra tomando algo.

Ella me miró algo confundida. No sé si llego a devolverme mi última sonrisa. Me giré y fui a por un cubata. Pedí un bourbon con cola. Esperé cinco minutos, el tiempo necesario para dar los primeros tragos y vaciar el vaso lo suficiente para no derramar la bebida al andar. Ella no se acercó. Decidí cambiar de sala.

Al volver a pasar a su lado me detuvo. Su sonrisa seguía desprendiendo la misma amabilidad, sólo que ahora me sonreía a mí.

-Vaya, ¿ya has pedido? - me susurró al oído.
-Eso parece, creía que ya no vendrías.
-¿Qué es? - me dijo mientras me arrebatada el vaso con delicadeza.
-Jack Daniels con cola. - respondí mientras acercaba mi boca a su oreja y desplazaba mi mano por su espalda, recorriendo su cintura.
-Está bueno. - fue lo único que dijo mientras me devolvía la bebida.

Di un trago, me encogí de hombros y volví a mirarla a los ojos.

-Si quieres lo compartimos. - respondí mientras la cogía un poco más fuerte por la cintura y dibujaba un esbozo de sonrisa socarrona.

Antes de responder trató de mirarme de reojo, juguetona.

-De acuerdo... ¿por qué no?

Di otro trago, me aseguré de humedecer los labios, procuré que fuese especialmente breve. Con la boca bañada en alcohol y refresco acerqué mi boca a la suya, ella no declinó el beso.

Habían transcurrido unos quince minutos desde que la había invitado a acercarse a la barra.

¿Debería llamarla?

Cuando la vi ella sostenía un cubata. Lo hacía con cierto desdén, mientras reía y hablaba con su amiga. Era una chica morena, de piel muy blanca, lechosa. Aunque no pude apreciarlo con la iluminación del local, su cara pecosa terminaba de acentuar su aspecto jovial, de niña traviesa, despreocupada. Transmitía un cierto aire de autenticidad entre tanta impostura y papel cuché. Desprendía cierto optimismo. Yo también sostenía un cubata.

Me acerqué a ella sin mirarla. Ella tampoco había reparado en mi presencia. Cuando estaba a su lado di un buen trago a mi bebida y dibujé una mueca de disgusto. Ella la vio.

-¿Siempre los sirven tan cargados? - le pregunté nada más cruzarse nuestras miradas.

Como era de esperar, ella no me oyó y tuve que repetírselo a escasos centímetros de su oreja, por lo que tuve que apartar su melena rizada.

-El mío está un poco fuerte, pero está bien.
-¿Qué es?
-Vodka con naranja.
-¿Puedo? - le susurré mientras mi mano se dirigía a su bebida.

Al notar el contacto de mi mano dejó que el vaso se deslizara con suavidad entre sus dedos. Le di un sorbo.

-El tuyo está bien. Un poco fuerte, pero baja bien. Prueba el mío.
-¿Qué es?
-Jack Daniels con cola.
-No me gusta el whisky.
-Sólo un sorbo para que veas lo cargado que está.

Cogió el tubo que le tendía y dio un trago.

-La verdad es que sí que está cargadito.
-Eso es lo que pensé yo. Por eso me hubiese sorprendido que los sirvieran todos tan cargados.
-¿Es la primera vez que vienes?

Hice ver que no la había oído bien, aproveché para acercarla un poco a mí. Sujetándola por la cintura hasta que nuestros cuerpos se rozaron.

-Digo qué si es la primera vez que vienes por aquí.
-Sí, es mi primera vez. - pese a lo absurdo de la broma ella sonrió. - ¿Tú vienes muy a menudo?
-De vez en cuando. ¿Te apetece bailar? - me preguntó mientras balanceaba las caderas que permanecían pegadas a mis piernas.
-Lo cierto es que no sé bailar.
-¿No? ¿Y entonces que hacemos? - me dijo con mirada de falsa sorpresa y sonrisa pícara en la boca.

Yo acerqué mis labios a los suyos. Habían pasado menos de diez minutos.

¿Debería llamarla?

Se movía por la pista de baile con cierta desidia. Se dejaba mecer por la música, pero parecía que el baile no iba con ella. Me miraba y sonreía. Tenía el pelo lacio y negro. Su piel era de un color saludable, el que otorga un bronceado natural. Sus ojos se intuían verdes y su sonrisa ambigua.

Cuando yo le devolvía la sonrisa parecía que a su cuerpo lo invadía la necesidad de bailar y sus movimientos recuperaban la energía, entonces cerraba los ojos y movía la cadera. De vez en cuando, deslizaba miradas furtivas hacia donde yo estaba. Yo la miraba. A ella le gustaba que la mirase. Cuando apartaba mi mirada ella volvía a ese estado apático, esperando a que la volviese a buscar. Cada vez su sonrisa resultaba menos ambigua.

El juego siguió. Me divertía. Supongo que nos divertíamos. La quinta o sexta vez que cruzamos miradas ella ya no sonrió. En vez de enseñar su esmalte, mordió su labio inferior mientras levantaba las cejas en un movimiento breve, fugaz. Era una invitación.

Yo se la devolví. Antes de sonreír extendí el brazo y mientras mis labios empezaban a entreabrirse, levanté los dedos índice y corazón y con un movimiento alternativo, ahora adelante, después atrás, la invité a que se acercara.

Ella no rechazó la invitación. Apenas me dio tiempo a preguntarle su nombre que mi lengua ya rozaba la suya. No habían pasado ni cinco minutos.

¿Debería llamarla?

La vi acercarse con una sonrisa dibujada en la boca. Andaba a grandes zancadas. Su melena pelirroja le llegaba a media espalda. Sonreía. Desprendía confianza y seguridad. Al pasar a mi lado acaricié su hombro y luego recorrí rápidamente su brazo hasta llegar a su mano. Sin ni siquiera girarse cerró sus dedos alrededor de los míos y tiró de mí para que la siguiera. Cinco metros más adelante la invité a pararse con un tirón, leve y firme. Ella se giró, me miró durante unos segundos, sonrió y me besó.

Apenas había pasado un minuto.

¿Debería llamarla?

Silvia, Sonia, Clara y Marta. Apenas media hora de coqueteo y cuatro noches de sexo. Recuerdo el seducirlas como un momento agradable, sin embargo cuando pienso en el sexo sólo te recuerdo a ti, Carla.

Desnudo entre las sábanas, con cuatro extrañas. El goce se perdía mientras mi mente se refugiaba en tu recuerdo. Cuatro noches acogiéndome al regazo de otras tantas chicas. Chicas con las que trataba de olvidarte. Cuatro noches donde el placer era ajeno, donde fingía que ya no te necesitaba, que eras reemplazable.

Media hora y cuatro noches, apenas nada comparado con el tiempo que tu recuerdo permanece enquistado en mi memoria. Recordando todo lo que fue e imaginando todo lo que pudo haber sido... para terminar llorando de rabia al pensar que te perdí por otra media hora de tonteo y otras cuatro extrañas...

¿Debería volver a llamarla?
Antes de empezar a lamernos las pollas mutuamente, terminemos nuestro trabajo

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Mocho
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Re: DE AMOR Y OTRAS DESGRACIAS (VI Concurso de Relatos)

por Mocho » 21 Nov 2010, 22:27

Gracias a mi baneo temporal me dediqué a leer todos los relatos policiacos que escribisteis, ya los tengo algo lejanos en mi memoria para hacer una crítica personalizada de cada uno, pero simplemente quería apuntar que por lo general me gustaron bastante.

En este creo que voy a participar, mañana rebuscaré entre viejas notas e intentaré también escribir algo nuevecico. Un beso.
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Sr. Lobo69
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Re: DE AMOR Y OTRAS DESGRACIAS (VI Concurso de Relatos)

por Sr. Lobo69 » 22 Nov 2010, 00:56

SE LIÓ
Autor: Aiminajaiueitujel



Quizás aquel chico fuera demasiado despistado.
Solía llegar tarde, olvidaba sus deberes, perdía con frecuencia su reloj y se olvidaba del santo y cumpleaños de toda su familia. Era incapaz de mantener la concentración en nada de lo que hacía.
Le había supuesto muchos problemas a lo largo de su vida pues, por ejemplo, no era capaz de conducir ni de practicar la mayoría de los deportes. Era propenso a quedarse abstraído, mirando hacia ninguna parte, inmerso en una intensa reflexión carente de todo pensamiento. Estaba empanado.
En más de una ocasión, al salir de su casa equivocaba el camino hacia su destino y cuando, por ejemplo, quería ir a comprar pan acababa en la playa. Cuando llegaba allí, se daba cuenta de su error, maldecía su despiste y se daba un baño.
Todos le repetían que cualquier día perdería la cabeza. Y así fue. Un día ella entró en su campo visual impunemente, se coló por sus pupilas y arrebató todo el color al resto del mundo. Acaparó toda la atención que aquel pobre muchacho podía prestar y le hizo perder totalmente la cabeza. Si antes no tenía ojos para nada, ahora solamente los tenía para ella.
Tan despistado era que sin darse cuenta un día estaba charlando con ella y la besó. Sin más. Se besaron, separaron sus rostros y se volvieron a besar. Y muchas veces más. Y más aun en los días sucesivos. Incluso se volvían a besar cuando a él se le olvidaba llamarla o cuando pretendía ir a su casa, se equivocaba y acababa tumbado en un parque.
Todo iba genial. Todo cobraba sentido.
Hasta que un día tuvo un despiste. Estaban dando un paseo cuando él sacó un regalo. No venía a cuento de nada, era simplemente porque le apetecía regalarle eso. Así que hizo intento de tirar el chicle dentro de un contenedor de basura (por si ella lo besaba), regalarle el libro y besarla. Pero se lió. Su naturaleza floreció con una fuerza impactante. Todo acabó cuando él besó el libro, le regaló el chicle y a ella… bueno, fue bonito mientras duró.
Quizás aquel chico fuera demasiado despistado.
Antes de empezar a lamernos las pollas mutuamente, terminemos nuestro trabajo

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KINDJE
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Re: DE AMOR Y OTRAS DESGRACIAS (VI Concurso de Relatos)

por KINDJE » 22 Nov 2010, 08:48

Gracias :amor:
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Sr. Lobo69
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Re: DE AMOR Y OTRAS DESGRACIAS (VI Concurso de Relatos)

por Sr. Lobo69 » 22 Nov 2010, 15:08

ERA UNA GANGA
Autor: Jastrullín y Borderox



–Estoy dispuesto a darle hasta ochocientos euros por él.

–¿Estás loco? Ese coche vale mucho más.

–Se lo vendí por menos de la mitad, ¿acaso no lo recuerda?

–¡Y a mí qué me importa! No te lo pienso vender, y no me molestes más.

Gregorio se quedó mirando el auricular mientras éste le escupía su fracaso en forma de bips. Volvió a abrir el e-mail que le había enviado su mujer tres días atrás. Estaba arrepentida, había cometido el error de su vida, no vería más a ese hombre, deseaba con todas sus fuerzas que todo volviera a ser como antes. Resopló. Habían pasado seis meses y todavía no lo había superado. Deseaba más que nada en el mundo volver a estar con su mujer. Tenía que lograr, como fuese, que todo volviera a ser como antes. Miró a su alrededor. El sol de mediodía iluminaba con fuerza la oficina. Se secó el sudor de la frente mientras se dirigía al despacho del jefe.

–Gregorio, ¿te encuentras bien? Tienes mala cara.

–No me encuentro bien, jefe, estoy un poco mareado.

–Estás pálido, Gregorio. Vete a casa y descansa, anda; mañana será otro día. –Ramírez miró con lástima a su empleado mientras éste se marchaba cabizbajo, dando pequeños pasos. No ha vuelto a ser el mismo, pensó, meneando la cabeza.

Gregorio se aflojó el nudo de la corbata nada más salir a la calle. Resopló de nuevo. El calor era insoportable. Sacó un papel arrugado del bolsillo del pantalón y lo sujetó con las dos manos a escasos centímetros de su cara. En él había una dirección apuntada y la combinación de autobuses para llegar hasta allí. Se quitó la chaqueta y la dobló contra su brazo izquierdo. Puso su mano derecha sobre las cejas, a modo de visera, y buscó con sus ojos miopes la parada de autobús que había al otro lado de la calle. Un niño que pasaba se rió de él, señalándolo. No le extrañó, probablemente había arrugado la nariz y abierto la boca, dejando los dientes a la vista mientras entrecerraba los ojos para enfocar mejor. Cruzó el paso de cebra tratando de esquivar las rayas blancas y se sentó a esperar al autobús.

Dos autobuses, veinte paradas y tres cuartos de hora después había llegado a su destino. Agarró el maletín con fuerza y deambuló de un lado a otro sin atreverse a llamar al timbre. Le parecía sentir que todas las miradas se clavaban en él. Estaba intentando reunir algo de valor para llamar cuando vio su coche, mal aparcado y lleno de polvo. Se acercó y, tras dejar el maletín en el suelo y la chaqueta sobre él pegó su cara al cristal utilizando sus manos, las dos esta vez, de visera.

-¡Eh! ¡Qué coño haces! –Gregorio quedó petrificado. Un hombre gordo, moreno, de pelo negro rizado y bigote, vestido con unos vaqueros y una camiseta interior blanca sucia de se acercaba hacía él con una actitud nada amistosa.

–Bu…buenos días –dijo Gregorio tendiendo su temblorosa mano–, permítame que me presente. Mi nombre es Gregorio Ro…

–Hostiaputa, el zumbao del coche. Pero no te he dicho que me dejes en paz, pesado. –Se giró hacía un grupo de jóvenes que se acercaban.– ¡Tranquilos, chavales, que no es na, es un coleguita del Ernesto!

–Es que yo…el coche… –Gregorio observó la enorme cruz de oro que coronaba la pelambrera del pecho de ese hombre, se pasó la manga por la frente y bajó la mirada.– Si usted me diera cinco minutos, yo…

Ernesto miró a Gregorio de arriba abajo, meneó la cabeza y escupió en el suelo.

–Anda, sube, que tengo que hacer unos recaos. –Entró en el coche y arrancó el motor mientras Gregorio recogía a toda prisa su chaqueta y su maletín y se sentaba, dejando éstas sobre sus rodillas y poniéndose el cinturón, en el asiento del copiloto.

Casi le dio un infarto cuando echó un primer vistazo al interior. Las alfombrillas estaban llenas de tierra, todo el coche estaba sucio. El salpicadero estaba pintarrajeado con rotulador y por el hueco donde antes iba la radio ahora sobresalían algunos cables. En el asiento de atrás, bajo papeles, plásticos y sudaderas había una silla para bebés. Un gran rosario colgaba del retrovisor, y resultaba evidente que no habían sustituido el ambientador que antes ocupaba ese lugar. Ernesto se encendió un cigarro, bajó las ventanillas y salió quemando rueda. Gregorio se agarró con fuerza del asidero.

–Si quieres música ya te canto yo –dijo Ernesto, y se tiró un eructo.

Conducía muy deprisa, con el brazo derecho al volante y el izquierdo apoyado en la puerta, con el codo por fuera, mirando a todos lados menos hacia delante, haciendo sonar el claxon cada dos por tres y saludando a gritos. Gregorio sudaba, cada vez más agarrado al asidero, recolocando su pelo, revuelto por el viento.

–¡Pero que te peinas, si no tienes pelo! –Ernesto empezó a reírse a carcajadas.

–¡Haga el favor de mirar hacia delante…por favor!

–Ay payico, que te estás quedando blanco, míralo. –Frenó con brusquedad.– Ahora vengo, no me robes nada, eh.

Gregorio vio cómo Ernesto se metía en una casa. ¿Payico?, no parece gitano, pensó. Se acomodó en el asiento y se secó el sudor con la manga mientras se tomaba el pulso. Observó el coche con detenimiento. ¿Cómo arreglaría todo aquel desastre? Y eso si conseguía recuperarlo. Los cedés los daba por perdidos, así como los equipos de buceo. La limpieza y comprar unas alfombrillas iguales a las que había le costarían un pico. A saber cuánto valía una radio-CD-mp3, instalación incluida. Comprar el ambientador sería lo más fácil, pero no estaba seguro de que aquel olor pudiera llegar a desaparecer. ¿Cómo estaría el maletero? ¿Y la guantera? Miró hacia la casa en la que había entrado Ernesto y abrió la guantera. Encima de él se desparramaron varios papeles, tres trozos de camiseta sucios y la funda de una pistola. Consiguió volver a meterlo todo y cerrar justo cuando Ernesto salía de la casa.

–Pero qué pasa, hombre, menuda cara de acojonao. A ver, qué me tenías que contar, que llevas cinco días machacándome el teléfono con el maldito coche.

Gregorio le contó, a trompicones, que se había casado hacía ocho años, que su suegro les había regalado aquel coche el día anterior a la boda, que hacía medio año que su mujer había conocido a otro hombre, que ella se había quedado el piso y él el coche, que él había vendido el coche porque no había sido capaz de entrar en él sin empezar a temblar, sin ponerse a llorar, que todo lo que había en su interior le recordaba a ella: los cedés de música, las alfombrillas que le había regalado, el ambientador que siempre compraba y colgaba del retrovisor, el libro de poemas dedicado en la guantera, el material de submarinismo con el que habían buceado juntos en tantas ocasiones. Incapaz de soportarlo había puesto un anuncio en el periódico y lo había vendido por trescientos euros al primero que llamó, a él. Que ni siquiera había querido ver cómo cambiaba de manos y había entregado todo el trabajo a una gestoría. Que ahora su mujer se arrepentía y quería que todo volviese a ser como antes pero nada sería como antes sin el coche en el que habían vivido tantas cosas, sin el coche que les había regalado su padre.

Ernesto lo miró fijamente. Se encendió un cigarro y ofreció otro a Gregorio.

–Mira, a mí lo que me parece es que tu mujercita es un pendón desorejao –Gregorio abrió la boca para contestarle, Ernesto le dio el alto con la mano–, peeeero como yo también tengo a mi princesa y sé lo que nos hacen sufrir, como hoy me he levantao, no sé, generoso, te voy a vender el coche por diez mil euros.

–¿Diez mil? Sabe que no los vale. Además, no tengo tanto dinero –se le escapó una risa nerviosa.

–Pues tú verás qué le cuentas a tu mujercita.

–Te puedo dar cinco.

–Ni hablar. Nueve mil es mi última oferta. –Tras medio minuto de silencio Ernesto suspiró y arrancó el coche. –Venga, dime dónde vives que te llevo a casa, que me has caído bien. Te prometo que conduzco con cuidao.

Se repitió la escena de minutos antes, con Gregorio aferrado al asidero y Ernesto con el codo por fuera de la ventanilla.

–Te está sonando la cartera.

Gregorio abrió el maletín y sacó el móvil. Mientras escuchaba hablar a Gregorio, Ernesto redujo la velocidad, puso las dos manos sobre el volante y miró hacia el frente. Gregorio colgó y se secó los ojos con la manga izquierda.

–Por tres mil es tuyo –dijo Ernesto sin soltar las manos del volante–. Y te devuelvo los equipos de buceo.
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Re: DE AMOR Y OTRAS DESGRACIAS (VI Concurso de Relatos)

por matthau » 22 Nov 2010, 19:11

Cojonudo este último relato. Cojonudo.
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