Concurso de Relatos de/con/para NIÑOS. Poupierce wins, creo.
La vida al margen del deporte (la hay)

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arturo_papito
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Concurso de Relatos de/con/para NIÑOS. Poupierce wins, creo.

por arturo_papito » 09 Mar 2012, 23:19

Tal vez es mala época, que nos atacará el pecherio y todo eso, pero da igual. Pero que el último no irá, al que abandonamos a su suerte en las profundidades del foro.

CUENTOS PARA NIÑOS,CON NIÑOS, DE NIÑOS.

Han de salir niños, ha de ser un cuento para niños o lo que sea con niños. No hay más condición, una fábula de caperucito azul, una melancólica moñez retrospectiva, una loquesea.

MAGARI_ leerá con amor cada uno de los relatos y los comentará. El resto podemos hacer lo mismo. Sin piedad, busquémonos enemigos y perdamos amistades. Alguno ha dicho que haria un dibujo de los cuentos...lo mismo mi hijo mayor hace alguno que le mola dibujar.

Los cuentos para niños enternecen a las mujeres en edad de merecer y dan pie a conversacines aparentemente inocentes en las cuales podeis mentir para parecer sensibles y allanar así el camino al fornicio. A las mujeres que participen la maternidad ya es lo suyo, como diría Gallardón, así que al ataquerrr.

Extensión:
500 caracteres minimo-40.000 caracteres maximo. Se acepta un mínimo más mínimo pero no me maximicen mucho que luego no lo leeremos.

¿Cómo participar?:
Los relatos, para ser admitidos a concurso y publicados, habrán de ser remitidos por mensaje privado a esta cuenta, especificando título y seudónimo -en caso de utilizarse-. Si un texto llega sin seudónimo será publicado bajo el nick de quien lo envía.

Plazos:
De momento y para no pillarme los dedos solo voy a decir que el plazo de presentación de los relatos comienza HOY y termina el 10 DE MAYO DE 2012.

Sobre las votaciones:
Están obligados a votar todos aquellos que hayan presentado relatos a concurso. En caso de infligir esta norma los textos publicados de dicha persona pasarían de forma automática a quedar fuera de la votación y el infractor deberá llevar el cono de la verguenza por un tiempo no inferior a tres meses desde la infracción. También podrán votar todos los lectores interesados que comenten y den sus opiniones.

[url]NOTA IMPORTANTE, se agradecerá cualquier comentario que se haga sobre los relatos.[/url]

El sistema de votación es el mismo que se ha impuesto desde la segunda edición. Copio literalmente de otro concurso, la votación seguirá el conocido sistema de asignación de puntuaciones a 7 relatos, debiendo asignarse a cada uno 7, 6, 5, 4, 3, 2, y 1 puntos, respectivamente. Finalizado el plazo de votación, se proclamará ganador al relato con mayor puntuación recibida.

Premios:
El ganador tendrá el dudoso honor de tener la posibilidad de dar forma y contenido al siguiente concurso.


El rey está triste Denamber ofde bist HERIBERTO

Ángel de crespo, CRESPO

Donde pongo el ojo pongo la bola de Walt dysney POUPIERCE

ORÍGENES de queadelantassabiendominombre, SINVER

El carricoche de Eslimcheidi, HERIBERTO

Las mates son un rollo de "No axpero-BB", XUABE-BB

Libre revisión a la fábula de la rana y la escalera de arturo_papito_ (que no del autor del post)HERIBERTO

El último ser humano escrito por corderodedios,tealabamosseñor, GEORGECOSTANZA

Fábula del mono y la imaginación de iNsTanTe OpIuM , HERIBERTO

La caja de garruloman, ARTURO_PAPITO

COPIA BARATA de John Lametter, SR LOBO69

Bolso de Loewe de ACME, POUPIERCE

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de miedo...abandonado a su suerte:
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Re: Concurso de Relatos. Cuentos de/con/para NIÑOS

por kortxopan » 10 Mar 2012, 00:15

Aut of concurs:

Mi padre dice que no hay que mentir porque los que mienten siempre acaban solos. Pero eso es mentira porque en el colegio digo siempre todo y a los demás no les gusta y me pegan. Y en casa no me creen. Y todas las tardes les digo que me voy al parque a jugar con los amigos, pero me marcho y luego estoy solo. No tengo amigos porque digo la verdad. Y si no miento en casa mis padres me gritan.

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Hugo
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Re: Concurso de Relatos. Cuentos de/con/para NIÑOS

por Hugo » 10 Mar 2012, 07:22

No estoy de acuerdo con que mezclemos cuentos con niños con cuentos para niños. Estamos agrupando en la misma categoría Caperucita Roja y Lolita.

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Re: Concurso de Relatos. Cuentos de/con/para NIÑOS

por Hugo » 10 Mar 2012, 08:12

Y el de lo has puesto para tener coartada y que los tuyos te hagan el trabajo.

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Re: Concurso de Relatos. Cuentos de/con/para NIÑOS

por arturo_papito » 10 Mar 2012, 11:00

Hugo escribió:No estoy de acuerdo con que mezclemos cuentos con niños con cuentos para niños. Estamos agrupando en la misma categoría Caperucita Roja y Lolita.


Bueno, no estés de acuerdo. Lo anoto.
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Re: Concurso de Relatos. Cuentos de/con/para NIÑOS

por arturo_papito » 10 Mar 2012, 11:02

Título: El rey está triste
Autor: Denamber ofde bist



Érase una vez un reino no my lejano pero que tampoco es que estuviera aquí al lado, dejémoslo en que se iba bien en coche pero tenía su trecho. Era aquél un lugar lleno de gentes trabajadoras y leales a su rey, que amaban su tierra y vivían en concordia con sus semejantes. Cuando el sol salía por las mañanas y alumbraba tímidamente los campos de la comarca, despertaba a los trabajadores y acariciaba cada rincón del reino llenando todo de alegría. O quizás no todo el reino. En el palacio, entre lujos y comodidades, el rey no era feliz. Desde hacía un tiempo, no era capaz de admirar la prosperidad del lugar, los halagos de sus consejeros se le hacían poco, la vida palaciega se le hacía vacua y las cortesanas se lo tragaban como con asco cuando le chupaban la polla.

Muchos sabios de recónditos lugares acudían frente a su trono a intentar ayudarlo, a ofrecerle oportunos consejos algunos y milagrosa palabrería otros. Nada hacía que el rey cambiara su postura y su parecer, lo veía todo mal, como si una oscura sombra se escondiera acechando detrás de cada buena noticia, de cada alegría. Siempre estaba alicaído, se sentía desganado y sin fuerzas ni ganas para gobernar.

Una mañana llegó a palacio un hechicero de blancos hábitos. Tras examinarlo y tener con él una larga charla, el hechicero extrajo de su equipaje una pócima y díjole al monarca “Este bebedizo acabará con tus males pasado un largo tiempo”, “¿Qué es?” inquirió temeroso el rey, “Es benzodiacepina, majestad, péguele un lingotazo generoso dos veces al día y échele ganas, que todo se pasa”.

Y, bueno, ahí está el rey. Ha engordado y tal, pero ya llora menos.
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Re: Concurso de Relatos. Cuentos de/con/para NIÑOS

por arturo_papito » 10 Mar 2012, 15:56

Título: Ángel
autor: crespo


Tengo muchos amigos en la ikastola: Iñigo, Iker, Pablo, el tontito de Mikel... la burra de Nora o la ñoña de Else, que no sé si se cree una modelo de las revistas que suele traerse a escondidas, y desde siempre me lo paso muy bien jugando con ellos. A fútbol en el recreo, o a pelota, o a pilla-pilla, las películas... o en verano, cuando paseamos en bici o vamos a la playa... o de excursión... Sí, tengo muchos amigos y desde siempre me lo paso bien con ellos. Es lo que me dijo mi mamá que le contó mi tutor, Andrés, que es mi profe de lenguaje, la última vez que hablaron, hace una semana. Desde entonces, mi mamá está más tranquila... algo raro, desde el momento en que le empezó a crecer la barriga y me dijo mi papá que mamá tenía en la barriga a un hermanito. Le pregunté cómo había entrado mi hermano en la barriga de mamá y se puso colorado, y empezó a trabarse al hablar... al final me contó algo un poco... como asqueroso, o raro, o... no sé cómo explicarlo sin que me dé la risa... porque la cara de mi papá... ¡ja ja ja!. Y cuando le pregunté lo mismo a mi mamá, le miró raro a papá y me llamó sinvergüenza... pero no así, como en voz baja pero dura: ¡«Sinvergüenza!», como suele decirme cuando no hago los deberes o no quiero levantarme para ir a la ikastola, sino que se puso un poco colorada y me sonrió, y me llamó «sinvergüenza», y papá y mamá se dieron un besito, así, rápido, en la boca. No como en las películas esas de amor y ñoñerías que le gustan a Else, sino rápido... Bueno, que me voy por las ramas, como me dice mi profe Andrés. Que tengo muchos amigos y desde siempre me lo paso bien con ellos y eso le gustó a mi mamá y, por primera vez desde que me dijo que iba a tener un hermanito, está más tranquila.

Y bueno, está Ángel. Estaba, porque hace ya un mes que se fue. Era amigo mío, mi mejor amigo, aunque creo que a papá y mamá no les hacía mucha gracia. No sé por qué, si Ángel era un chico muy divertido. Te reías continuamente con él: jugando al fútbol –era malísimo, pero decía que en verano iría a Brasil a aprender a jugar bien y a la vuelta verían los chulitos de la ikastola–, a las películas –veía cosas raras... cosas de mayores. No tetas ni cosas así... bueno, alguna vez, sino pelis raras de blanco y negro, pelis del espacio, pero sin tiros ni robots que hablan... bueno, había uno, pero solo se le veía un ojo, que aparecía después de que un mono lanzara un hueso... ¿Qué tendrán que ver? O las viejas esas de vaqueros...–, al escondite –siempre acababa sucio y su mamá y sus hermanos le echaban la pirula, pero casi nunca lo pillaban y nos salvaba muchas veces–... incluso en la ikastola. Le gustaba hablar como los mayores –de pronto, se ponía a hablarle de usted a Andrés, y cuando en clase de inglés alguien tenía que preguntar o responder algo... en inglés, claro, se lanzaba el primero, aunque no tuviera ni idea– y era un poco fantasma... supongo. «Un bicho raro», diría mi mamá... aunque también me lo dice a mí... como ayer volvió a decírmelo, cuando le pregunté sobre si mi hermanito va a ser niño o niña y qué nombre le iban a poner.

Creo que a mis padres no les gustaba Ángel. Bueno, se reían de sus bromas y cuando se hacía el mayor –una vez se trajo un libro de 300 páginas o así, y con un marcador en la página 200; o sea, que se lo había leído hasta ahí, pero no le creí, porque no había dibujos y la letra era superpequeña–, pero lo miraban raro, y se enfadaban cuando se enteraban que me pasaba la tarde entera con él, cuando se supone que debía estar en particular de inglés –sí que voy, pero a veces no me apetecía–, en el parque, o la vez que nos fuimos al circo –hace un mes–, o que jugamos en la vía del tren.

¡Qué manía con no dejarnos ir por la vía del tren! Siempre vamos con prisas –me cuesta levantarme por las mañanas... je je– y si vamos cruzando la carretera –el semáforo siempre está en rojo y nos echan la pirula si lo pasamos así... Pero nadie les dice a los coches que se paren cuando está rojo, o que vayan frenando cuando se pone amarillo –no le dicen amarillo, pero no recuerdo–... O que no se crean Fernando Alonso, que a Ángel y a mí –y a Pablo– casi nos atropella una vez el papá de Tomás, un tonto de la clase de al lado que presume que su papá tiene un Mercedes blanco y que él también será taxista y llevará un Mercedes blanco con radio dentro para hablar. Y además tardamos el triple, mientras que por la vía del tren en cinco minutos estamos ya. Pero claro, si papá o mamá nos ven –o alguna vecina, o la boba de Else, o los municipales o... siempre hay algún tonto chivato– a la vuelta –que ahí sí que hay que volver por la calle, aunque nos estemos muriendo de hambre– nos cae una bronca...

A veces creo que nos toman por tontos... Bueno, eso dijo Ángel una vez. A ver, hay tren cada media hora –30 minutos, que ya nos costó aprendernos lo de leer las horas y los minutos por las agujas del reloj– y si, como Ángel, no llevas hora nunca, basta con mirar si hay gente o no en la estación. Si hay gente esperando, viene el tren; si no, vía libre –bueno, salvo los Pulman granates, que no paran y van a toda mecha y los mercancías de noche –a las 23.30 y a las 1.00, según me dijo Ángel–, que los oyes como si fueran cohetes y son muy largos, pero muy lentos–. ¿Tan difícil es hacer entender eso? Claro, un día empecé a decir eso, y mi mamá me dio un bofetón y me dijo que no quería verme más con Ángel, y que le iba a llamar a la mamá de Ángel, a ver si estaba loco o qué. Yo quería llorar, pero me daba tanta rabia que me mordí los labios y bajé la cabeza... Me negué a merendar y no dije nada a nadie hasta el mediodía –¡qué cansado es estar enfadado todo el rato!–, cuando vi que Ángel, que había hecho "pira" de clase, también tenía la cara roja de un cachete de su madre... o de sus hermanos, que son unos burros. ¡Y me reí! ¡Y nos reímos! Y... decidimos irnos al circo en vez de ir la particular de inglés, aunque a mí me aburren un poco los payasos haciendo el tonto, los leones –si rugen, pues bien, pero bueno– y todas esas cosas... Aunque bueno, el jinete que se subía y se bajaba del caballo a toda marcha estaba bien...

Ángel se fue al día siguiente, y me dio pena. Y lloré, después de saber que se había ido. Creo que el cachete de su mamá –o sus hermanos, que son unos burros– y lo del circo lo volvieron un poco loco. Así era él. Eso del jinete que saltaba y se subía al caballo en marcha y, sobre todo, el hombre más fuerte del mundo, capaz de soportar que un elefante le pase por encima. A mí me pareció que estaba tonto, pero Ángel estaba tonto con la idea de que un elefante le pasara por encima sin hacerle nada. «Pero tú no eres jinete ni el hombre más fuerte del mundo», le decía, y el me contestaba que «lo que pasa es que eres un cagado que va de la mano de su mamá por la calle». Y a mí me dolió y le dije era un payaso tonto y que se fuera a paseo.

Pero entonces me dijo algo raro... Raro, hasta para Ángel, de esas cosas que te hacían pensar que le faltaba un tornillo, como diría mi papá. «Me voy con el circo». «Sí, a saltar de los caballos en marcha y a que los elefantes te pasan por encima», le respondí, haciendo un chiste. Pero no se rió, y me dijo que, si no era un «niño de mamá», aparecería a la estación a las 23.30, hora a la que pasaba el mercancías como cada noche, en la misma dirección hacia donde se había ido el circo después de su actuación en el pueblo. Yo pensé decirle que a esa hora mis padres me obligan a estar en la cama –«A las 22.00 como muy tarde», me dicen. ¡Como para irme a las 23.30!–, pero le dije que ahí estaría.

Y me fui a la cama justo después de cenar. Tras ir al circo, había que disimular e hice los deberes sin rechistar, así que igual, ya que me estaba portando bien, igual me dejaban ver la tele un poco más, pero les dije a mis padres que tenía sueño, y me fui pronto a la cama. Estaba seguro que me despertaría pronto, y que mis padres estarían en su cuarto, ya que les veía muy tontos, sonriéndose y eso, dándose besitos y así en la boca... Eso me hacía reír, pero intentaba estar enfadado y despierto. Pero no podía estar enfadado, y se me cerraban los ojos.

Me desperté avergonzado justo cuando mi mamá me venía a decir que me levantara para ir a la ikastola. Me vestí enseguida y desayuné rápido. Tenía tiempo de sobra, pero decidí que iría por las vías del tren, aunque mi mamá me echara la pirula después, aunque no creo, porque se sentía rara y estuvo un rato en el baño con las tripas revueltas, como cuando me mareo en el autobús en las excursiones. Había decidido que Ángel es mi amigo y yo sé cuándo pasa el tren y cuándo no, y no soy un niño de mamá.

Salí de casa decidido, pero en la vía, a la altura de la estación, había un montón de policías, los de la Cruz Roja y mucha gente... cotillas, como los llama mi papá. Me acerqué como con disimulo, pero uno de los de la Cruz Roja me empujó lejos de las vías. «Este no es sitio para niños», me dijo. Me molestó que tuviera que decir que soy un niño, pero cuando intenté regresar a las vías me agarraron de la chaqueta. Era la mamá de Ángel. Había estado llorando, porque tenía la cara hinchada y los ojos rojos. Me preguntó dónde había estado aquella noche, porque al parecer Ángel le había dicho a su mamá que se iba a encontrar conmigo en la estación. Yo le dije la verdad... pero no me creyó y empezó a gritarme, a decirme que era un mentiroso, que obligaba a su Ángel –«mi Ángel», dijo– a hacer locuras, y hasta me levantó la mano. Pero de pronto apareció mi mamá y no le dejó que me pegara. Yo tenía mucho miedo, porque no veía a Ángel; se lo dije a mamá y ella le preguntó a la mamá de Ángel. Esta se echó a llorar otra vez, como una niña, dejando que se le cayeran lágrimas tan grandes como las que se me escapan cuando estoy triste o me duele algo. Mi mamá no sabía qué hacer, y yo tampoco, y por eso decidimos ir a la ikastola sin más, por la carretera. Pero miré hacia atrás y vi que los hermanos mayores de Ángel, esos burros, también estaban llorando, y me fijé que en los raíles, ahí donde solíamos hacer el equilibrista de camino a la ikastola o en verano, había una enorme mancha roja. Le dije a mi mamá lo que acababa de ver. Ella se giró y me dijo que esperara un segundo. Se fue donde los de la Cruz Roja, y cuando le dijeron algo, se llevó las manos a la cara primero, y después hizo el signo de la cruz. Algo grave pasaba con Ángel, me lo decían mis ojos y mi tripa, que me dolía mucho de pronto. Vi a mi mamá abrazarse a la mamá de Ángel y a sus hermanos, me dolía la tripa y fui donde mi mamá a decírselo, pero no me dejó abrir la boca y me llevó casi corriendo a la ikastola.

Ángel se había ido. Quiso subirse en marcha al mercancías, a la carrera, como en las películas de vaqueros, pero se le acabó el andén mientras corría, y al saltar se cayó entre dos vagones. Así me lo dijo mi mamá, que estuvo una semana sin ir al trabajo, porque no sabía cómo consolarme, porque yo no paraba de llorar y llorar. Tenía que haber estado en la estación. Después de una semana, dejé de llorar, de día, pero a las noches no podía parar... hasta hace una semana. Estaba viendo la tele, y vi a uno de los vaqueros que tanto le gustaban a Ángel subirse a un tren en marcha. Y yo, que me ponía triste al ver un tren, empecé a reír. Y mi mamá me abrazó fuerte. Y al día siguiente fue a ver a mi tutor Andrés y se alegró de saber que ya no estoy solo, sino que juego con los amigos de siempre a las cosas de siempre... aunque ahora me da por ver algunas de las películas que veía –o decía qye veía– Ángel. No las entiendo mucho, pero algo me dice que me gustan.

De noche ya no lloro, pero me cuesta dormir. Me cuesta, al menos hasta que pase el mercancías de las 23.30. Entonces, siento que me duele la tripa... no como ayer, cuando me dieron un balonazo en el recreo, sino desde dentro, como el día en que Ángel se fue. Siento que me duele la tripa, pero luego me alegro, sonrío y me duermo tranquilo, aunque al día siguiente me cuesta levantarme.

Pero ayer no me costó, y le hice una pregunta a mi mamá. «¿Mi hermanito es niño o niña?» Mi mamá me abrazó y me besó, y luego, después de soltar como sonriendo que soy «un bicho raro», me dijo que va a ser un niño, como yo. «¿Y qué nombre tendrá?», le pregunté. «¡Pues no sé! Papá y yo son lo estamos pensando», me respondió, antes de disimular y decirme que me fuera a la ikastola porque se me hacía tarde. Cuando salía en la puerta, me volví y le pregunté... no, le dije: «se llamará Ángel». Creo que mamá lloraba.
Última edición por arturo_papito el 22 Mar 2012, 21:20, editado 1 vez en total.
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Re: Concurso de Relatos. Cuentos de/con/para NIÑOS

por GeorgeCostanza » 10 Mar 2012, 17:39

Vaya, ahora revisando links me he dado cuenta de la indecencia de haber presentado textos en alguna ocasión anteriores y después ni comentar el resto ni votar, qué desvergüenza. No me lo tengáis en cuenta, tengo tendencia al abandono.

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Re: Concurso de Relatos. Cuentos de/con/para NIÑOS

por SINVER » 10 Mar 2012, 18:40

Yo la verdad es que no se si podré escribir algo, estoy en ese momento personal en el que cualquier esfuerzo mental me resulta muy duuuuuuuroooooo de hacer. Ya veremos si de aquí al 10 de mayo doy pa algo.

Ahora, comentarios y tal sí, como no.¿ Se puede hacer ya o hay que esperar al 10 de mayo?

Es que le tengo ganas a Crespo. :mrgreen:
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Re: Concurso de Relatos. Cuentos de/con/para NIÑOS

por joearlauckas » 10 Mar 2012, 18:54

No acabo de en tender el proceso mental de permitir escribir con pseudonimo pero al mismo tiempo obligar a votar los relatos, por lo que tienes que acabar utilizando tu cuenta. En cualquier caso intentare presentar algo esta vez, aunque dependera del tiempo que tenga (que generalmente no es que sea demasiado).
Cada vez iré sintiendo menos y recordando más, pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos...

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Re: Concurso de Relatos. Cuentos de/con/para NIÑOS

por Simpkins » 10 Mar 2012, 19:25

Joer, tendría dos textos que hubiese podido reciclar... pero creo que ya los utilice para otros concursos, vais a obligarme a pensar algo nuevo. :x :mrgreen:
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Re: Concurso de Relatos. Cuentos de/con/para NIÑOS

por arturo_papito » 10 Mar 2012, 19:52

joearlauckas escribió:No acabo de en tender el proceso mental de permitir escribir con pseudonimo pero al mismo tiempo obligar a votar los relatos, por lo que tienes que acabar utilizando tu cuenta. En cualquier caso intentare presentar algo esta vez, aunque dependera del tiempo que tenga (que generalmente no es que sea demasiado).


No se. Estaría bien por respeto humano literario básico que si quieres que te lean,leas tu también y des tu opinion. Pero vamos que me da iguás, que aluego voy a hacer lo que me de la gana.
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Re: Concurso de Relatos. Cuentos de/con/para NIÑOS

por Frozen » 10 Mar 2012, 20:55

Me suscribo. A ver si me da tiempo a escribir algo.
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Re: Concurso de Relatos. Cuentos de/con/para NIÑOS

por joearlauckas » 10 Mar 2012, 21:46

arturo_papito escribió:
joearlauckas escribió:No acabo de en tender el proceso mental de permitir escribir con pseudonimo pero al mismo tiempo obligar a votar los relatos, por lo que tienes que acabar utilizando tu cuenta. En cualquier caso intentare presentar algo esta vez, aunque dependera del tiempo que tenga (que generalmente no es que sea demasiado).


No se. Estaría bien por respeto humano literario básico que si quieres que te lean,leas tu también y des tu opinion. Pero vamos que me da iguás, que aluego voy a hacer lo que me de la gana.


No hombre, si me parece bien obligar al voto. Mas que nada porque es muy facil inscribirse, no tan facil acabar mandando un texto y menos aun seguir el concurso y hacerlo funcionar, con lo cual en estas cosas siempre se acaban comiendo el marron cuatro. Aparte de que, como dices, es una cuestion de educacion. Lo que pasa es lo que digo, que el anonimato se va a tomar por culo un poco :P
Cada vez iré sintiendo menos y recordando más, pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos...

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Re: Concurso de Relatos. Cuentos de/con/para NIÑOS

por arturo_papito » 11 Mar 2012, 10:09

Pseudónimo: Walt Disney

Donde pongo el ojo pongo la bola

El Cojo era el marginado de la clase. La verdad es que no recuerdo por qué le llamábamos así, porque ni cojeaba, ni tenía una pierna más larga que la otra, ni calzaba zapatos ortopédicos ni nada parecido. Tampoco era excesivamente feo, ni estaba demasiado gordo, ni tenía la cara llena de granos. Ni siquiera llevaba gafas. Simplemente nos caía mal, supongo que porque en cada clase tiene que haber un marginado igual que hay un guapo, un gracioso o un empollón, y le había tocado a él. Cursábamos sexto de EGB y por aquella época estaba de moda jugar a las cánicas; nos pasábamos los recreos tirados en el suelo intentando sacar del círculo los bolinches de nuestros compañeros. Todos menos el Cojo, claro, que se quedaba sentado cerca, en un banco de piedra, viéndonos jugar.

Aquel año llego un chico nuevo al colegio, con el curso ya empezado. Cogía el mismo autobús que yo, aunque él se bajaba al final, en una zona residencial a las afueras de la ciudad. Era un chaval raro, con pinta de repipi. Parecía de otra época, con su ropa siempre impoluta, con su camisa siempre por dentro, con su pelo engominado y su raya al medio. Por supuesto, nos cayó fatal desde el primer día y le dimos de lado. Como no podía ser de otra manera acabó haciéndose amigo del Cojo, a quien se le veía feliz de tener, por fin, un compañero de banco en los recreos.

Una mañana, a las dos semanas de llegar, el nuevo se nos acercó en el recreo con las manos en los bolsillos. ¿Puedo jugar?, nos dijo. Pues claro que no puedes, hombre, pírate. Sacó la mano derecha del bolsillo del chaquetón. Mirad. Sobre su palma relucían las canicas más brillantes y más alucinantes que habíamos visto jamás. Si pierdo son todas vuestras. No pudimos negarnos: todos deseábamos hacernos con aquellas pequeñas maravillas que refulgían al sol. Venga, una partida y te largas. Dibujamos un círculo en la tierra y pusimos dentro nuestras canicas. El nuevo sacó la mano izquierda del bolsillo del chaquetón. En ella llevaba una bola de nácar con una pupila dibujada. Se agachó y se la puso entre las cejas, como si pudiera ver a través de ella. Donde pongo el ojo pongo la bola, dijo, y fue sacando, una a una, todas nuestras canicas del círculo. Recogió su botín mientras nos miraba con soberbia y se lo regaló al Cojo, quien hacía ya unos minutos que asistía atónito a la escena.

La misma jugada se repitió durante varias semanas: llegaba al recreo, sacaba su bola de nácar, decía lo del ojo una y otra vez, nos machacaba y le regalaba nuestros tesoros al Cojo, que no cabía en sí de gozo. Pese a que sabíamos que nos ganaría una y otra vez no podíamos evitar mantener la esperanza de conseguir, al menos una vez, tener en nuestras manos esas maravillas que ya casi se habían convertido en una obsesión. Otra vez nos ha ganado el nuevo, decíamos. Menudo ******, el nuevo, decíamos. Menudo ******, el Canica.

Un día el Canica faltó a clase y todo pareció volver a ser como antes, con nosotros jugando en el patio, a veces perdiendo, a veces ganando y el Cojo sentado en su banco, aunque esta vez admirando sus canicas –nuestras canicas– en vez de mirarnos jugar a nosotros. Al día siguiente el Canica tampoco vino. Ni al siguiente. Ni al siguiente. Tras dos semanas sin aparecer nos picó la curiosidad. ¡Cojo, eh, Cojo, ven aquí! ¿Tú sabes qué le pasa al Canica? ¿Por qué ya no viene a clase? ¿Tiene miedo de que le robemos su tesoro? No lo sé, llamé una vez a su casa y me dijeron que no le molestase, que estaba enfermo. Espera, Cojo, no te vayas. ¿Quieres jugar? Se le iluminaron los ojos. ¿De verdad puedo? Claro que podía. Seguía siendo un marginado, pero un marginado con nuestras canicas en la mochila; un marginado que, además, jugaba rematadamente mal. El plan era maestro: recuperaríamos lo que nos pertenecía y después volveríamos a darle la patada. Lo que no esperábamos ninguno era que el Cojo resultase ser tan buen tipo. Nunca se quejaba, aceptaba sus derrotas sin poner pegas y nos devolvía nuestras canicas con una sonrisa en la boca, como esperando que le pasásemos la mano por el lomo. Poco a poco el Cojo empezó a dejar de ser el Cojo para ser, simplemente, Javi.

La vuelta al colegio del Canica fue todo un acontecimiento, tres meses después de su primera ausencia. Ya casi le habíamos olvidado cuando le vimos salir de un enorme coche negro con los cristales ahumados, como los que usan los cargos importantes, y entrar acompañado de dos tipos enormes embutidos en trajes también negros. Daba pena verlo: pesaría como diez quilos menos y llevaba un parche atado a la cabeza que le tapaba el ojo izquierdo. El parche fue, claro, lo que más nos llamó la atención. ¡Qué te ha pasado, Canica, qué te ha pasado! Le rodeamos, pero los dos gorilas nos apartaron y lo acompañaron al despacho de la directora. Media hora después lo vimos salir del despacho y volver a subirse al coche negro, siempre acompañado por aquellos dos gigantes. A partir de ese día no volvió a venir al colegio en autobús, sino en aquel coche y con aquellos hombres, que lo dejaban en la puerta por la mañana y en la puerta lo recogían al acabar las clases.

¿Qué le habrá pasado al Canica?, aventurábamos mientras comíamos. Seguro que ha tenido una enfermedad rara que se le ha comido el ojo, mirad si no lo flaco que está. Qué va, yo creo que su padre le pega, el otro día oí a mi madre decir que ese señor no es trigo limpio. Javi, ¿tú no eres su amigo, no sabes lo que le ha pasado? ¿Amigo suyo? ¿Amigo de ese? Javi se rió. Era cierto, no habían vuelto a hablar desde que el Canica volvió. Ahora era él el único marginado, el que se sentaba en un banco de piedra mirando al suelo a comerse su bocadillo; ya ni siquiera venía a pavonearse con sus relucientes canicas cuando estábamos jugando. Venga, que a ti te lo contará, pregúntale qué es lo que le ha pasado. Supongo que Javi se envalentonó al vernos a todos pendientes de él, que se creyó importante y sintió la necesidad de contentarnos, de darnos lo que le pedíamos. De ser, por fin, uno de los nuestros de pleno derecho. Se acercó a la mesa donde estaba comiendo el Canica y, sin decirle nada, le levantó el parche y se lo subió hasta la frente. Apenas duró un segundo. El Canica volvió a ponerse el parche y le pegó un empujón que acabó con Javi de culo en el suelo, pero a todos nos dio tiempo a ver, o a creer ver, su bola de nácar en el lugar que antes ocupaba su ojo izquierdo. Reímos nerviosos, medio asustados. Javi, casi paralizado por lo que acababa de ver pero temiendo que las risas fuesen dirigidas hacia él, hacía su caída, sacó fuerzas de flaqueza. ¡Canica Canica, pobre Canica, que donde pones la bola pones el ojo!

Aquí todo se vuelve confuso. El Canica salta sobre la mesa con la cuchara del flan en la mano, tirando cuatro o cinco bandejas, y se abalanza sobre Javi el Cojo, que todavía está recostado en el suelo. Se sienta sobre él e intenta hacer palanca con la cuchara en el ojo derecho del Cojo, que se acaba de mear en los pantalones. Tena, el encargado del comedor, llega corriendo y separa al Canica, fuera de sí, del Cojo, que berrea y patalea con las manos sobre la cara. Al Cojo se lo llevan corriendo a la enfermería, aunque luego se verá que solo tiene rasguños, y al Canica lo mandan al despacho de la directora, de donde saldrá media hora despés acompañado por sus gorilas. Será la última vez que lo veamos.

Al Cojo sí que lo volvimos a ver, aunque tardó una semana en aparecer por clase. El problema, para él, fue que una semana no bastaba para olvidar que se había meado en los pantalones. Así que todo, supongo, volvió a ser como al principio, con nosotros jugando a las canicas en el patio, a veces perdiendo, a veces ganando y el Cojo sentado en su banco, aunque esta vez su banco no era el más cercano a nuestro lugar de juego, sino el que más alejado estaba. El curso acabó y, tras el verano, comprobamos que el Cojo se había cambiado de colegio y que nosotros habíamos regalado nuestras canicas a nuestros hermanos pequeños.
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arturo_papito
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Re: Concurso de Relatos. Cuentos de/con/para NIÑOS

por arturo_papito » 11 Mar 2012, 10:11

titulo:ORÍGENES

autor: queadelantassabiendominombre

(El autor me pasó un segundo texto corregudo que es este, elimino el otro)

ORÍGENES


Arturo tiene nueve años, pero le cuesta sonreír. Quizás tenga que ver con la educación que recibe de su Padre, militar de profesión. Quizás también con que hace ya muchos, muchos años, tantos que apenas consigue recordarla, se quedó sin mamá. En cualquier caso, cualquier persona que observase con atención a aquel hermoso niño, vería, tras esos ojos grandes y verdes, y ese pelo rubio perfectamente cortado a cepillo, la sombra de una nube negra suspendida sobre su pequeña y altiva cabeza.

Lo cierto es que Arturo no piensa mucho en mamá, no es de extrañar que ya apenas se acuerde, pero a veces, sobre todo cuando la tía Adela le habla de ella, y de lo guapa que era, algo en su interior se revuelve.
–¡Cómo te pareces a tu madre, angelito mío! Dame un beso, mi amor, que hace mucho que ningún chico guapo lo hace.
Con vergüenza, mirando de reojo a su padre que sabe que no aprueba las señales de afecto ñoño, se lo da, y luego corre hacía su habitación, fingiendo que no escucha el comentario que le hace su tía al viejo militar. “ Ese niño es muy raro Antonio, debería salir más a la calle para que juegue con los demás niños”

Arturo, recibe clases de un profesor particular en casa, y salvo con Padre, no se relaciona con nadie. La verdad es que no le importa. Él no necesita amigos, se dice a si mismo de manera resuelta.
Su día está milimetrado desde que se levanta hasta la cena. Desayunar, las lecciones hasta la hora de comer, estudio en solitario, y los exámenes diarios cinturón en mano de Padre. Únicamente el sacrificio y la autodisciplina llevan al triunfo.
Sólo en el rato que va desde la cena hasta la hora de acostarse, mientras el militar está ocupado en su despacho con sus asuntos, disfruta de algo de libertad y de tiempo. Lo ocupa leyendo, y, sobre todo, imaginando una vida llena de aventuras como pirata, vaquero o mosquetero al servicio de la reina. Todas las historias que pueblan su imaginación tienen un denominador común: Arturo es el protagonista, y sus deseos se cumplen a rajatabla. Por encima de todo. Cueste lo que cueste. Su mayor anhelo es llegar a ser mayor algún día para llevar a cabo sus deseos. Como hace Padre. De alguna manera, y sin apenas darse cuenta, estas historias se vuelven cada vez más autoritarias, inquietantes y violentas. En su imaginación todo es posible, y esto le satisface en extremo.
Cieto es, que, de vez en cuando, cuando desde su habitación escucha las risas de otros niños al pasar por la calle siente cierta añoranza. Pero él es fuerte. Como bien le ha enseñado Padre a golpe de cinturón, en la vida uno tiene que valerse por sí mismo. “ Sólo los débiles dependen de los demás, Arturo. No lo olvides”. Y él desde luego no lo hace. Nunca.
A su manera, mezquina y fría, es feliz. Al fin y al cabo, no ha conocido otra vida. O al menos no la recuerda. Su mente, tiene bien asimilado el mensaje. La frialdad gobierna sus pasos. Los sentimientos bien de alegría o de tristeza, cuando son capaces de traspasar la coraza petrea que envuelve su corazón, lo confunden. Su mente no es capaz de asimilarlos.
Así, que, cuando llega su tía Adela, llena de lisonjas, abrazos, y besos sonoros, Arturo no sabe como reaccionar. No puede entender, que alguien que, según ella, tanto le quiere, le ponga en semejantes aprietos. Siempre después de sus visitas, su mente lo confunde intentando recordar a mamá. Pero no lo consigue, más allá de pequeños ecos confusos que le devuelve su memoria atormentada. La casa, vacía de ornamentos y por supuesto de fotos no le ayuda.
Al final, en una de esas visitas, su tía, quizás intuyendo el creciente desasosiego que genera en el chico, le trae un retrato de mamá. Por un momento algo parecido al interés se dibuja en su cara, pero Padre, siempre arisco y malhumorado con su antitética hermana le prohibe terminantemente que la saque. “Deja a los muertos en paz, maldita bruja” le grita perdiendo los nervios, para sopresa de Arturo. Es evidente que el recuerdo de mamá no solo le afecta a él en aquella casa. Aún así, su tía, terca y decidida como siempre, consigue en un momento de despiste castrense pasársela a un Arturo horrorizado. La mira con los ojos desorbitados, pero en vez de devolvérsela como le exige su mente disciplinada, la guarda con rapidez y desaparece de la escena raudo, sabedor que de cruzar la vista con Padre éste iba a intuir su falta.
Durante unos días la esconde sin atreverse siquiera mirarla, lleno de pánico y de una extraña culpabilidad. Cuando por fin la observa, varias noches después, una vez la curiosidad le vence, siente que un dique laboriosamente levantado se rompe de golpe. Por arte de magia, sus recuerdos afloran a la superficie , llevando consigo un caudaloso remolino de imágenes hermosas. La figura nítida de Mamá le golpea con su belleza, pero sobre todo con aquellos ojos grandes, dulces y tiernos. Su voz melodiosa, entonando una nana, corre por los recovecos de su inconsciente aflorando a la superficie, mientras una sonrisa , apenas percibida por su consciencia tan poco acostumbrada a ella, aflora a su cara, volviendo su belleza glacial en un radiante amanecer.
Desde ese momento, primero con miedo ante la ira paterna, luego más seguro al sentirse a salvo, Mamá pasa a formar parte de sus ensoñaciones, suavizándolas. Sus deseos más oscuros quedan a un lado, siendo a partir de entonces la salvación de su progenitora su principal objetivo. La rescata de las fauces flameantos de un dragón, de las garras de la pérfida bruja malvada o de una muerte segura en la pasarela de un barco pirata. En aquellos momentos, en la oscuridad de su habitación, la sonrisa florece a diario.

La noticia de que Padre va a ausentarse durante dos días por una reunión le coge de sorpresa. Imagina con deleite que su tiempo de aventuras puede crecer con su ausencia, y cuenta los días hasta ese momento. Apenás le disgusta saber que en vez de mandar a la tía Adela, con la que casi no se habla tras el incidente de la foto, ha contratado a una canguro. Leticia, una mujer madura, entrada en carnes y con una mirada extraña que le inquieta. A pesar de ello no permite que su presencia le trastorne, y alegando no encontrarse bien, se acuesta pronto, impaciente por vivir un sinfín de aventuras.
Lee durante un rato, y luego apagando la luz, se prepara para embarcarse en un nuevo viaje.
Apenas a zarpado cuando escucha como se abre la puerta del cuarto. Aterrado, pensando que su padre ha vuelto y ha descubierto su secreto, se queda quieto, sin apenas atreverse a respirar.
Al retirarse las sabanas e introducirse un cuerpo en su cama, empieza a llorar, más confundido que asustado.
– No llores cariño, soy yo. Sólo he venido a ver que te encuentras bien –le dice Leticia, mientras se acurruca junto a él –. Pero que guapo eres, cariño.
Arturo intenta retener las lágrimas mientras siente una mano que le recorre todo el cuerpo. Al rato, las lágrimas cesan. La sonrisa desaparece. La nube vuelve a formarse sobre su cabeza para no abandonarle ya nunca.

A la mañana siguiente, mientras ve desaparecer los restos de la foto de su madre por el inodoro, una sonrisa vuelve a ocupar un lugar en la angelical faz de Arturo. Una sonrisa, torva, glacial y carente de matices y sentimientos. Una sonrisa de depredador. Sus ojos se bañan de un brillo enigmático y feroz, mientras su mente reflexiona, que, sin duda, el mundo no está hecho para los débiles.
Última edición por arturo_papito el 11 Mar 2012, 21:03, editado 1 vez en total.
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Re: Concurso de Relatos. Cuentos de/con/para NIÑOS

por arturo_papito » 11 Mar 2012, 10:14

Ya haré accesos directos y eso cuando pueda. Me voy a la playa a jugar al basmin...al bradmin...al banmin....a la palomita con raquetas con niños de verdad.
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Re: Concurso de Relatos. Cuentos de/con/para NIÑOS

por PouPierce » 11 Mar 2012, 13:20

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Re: Concurso de Relatos. Cuentos de/con/para NIÑOS

por minixaxo89 » 11 Mar 2012, 19:23

Viendo que nadie hace críticas, voy a hacer yo las mías sobre las cuatro que he leído:

El primer cuento que he leído (y lo siento) de los que hay dentro de concurso me ha parecido que no acababa de entrar en la temática. Si le hubieras dado otro enfoque en el estilo (es mi humilde opinión, conste) y alargado más, te habría quedado un texto majo.

En el de "Ángel" al principio no me gustaba mucho, pero ha ido de menos a más. El desenlace ha sido muy bueno y el estilo era el apropiado. Me ha gustado bastante en lo general y cuando lo he releído me ha dejado mejores sensaciones que en la primera lectura.

Pero con la idea de la que me quedo es con la de "Donde pongo el ojo, pongo la bala". No sabía por dónde iría, pero la persona que lo ha escrito le ha salido una pedazo de idea en cierta parte. El personaje en sí del Canica da para una novela, parece sacado de una de las películas de Satoshi Kon.

En cuanto a Orígenes, me ha gustado pero me ha parecido floja respecto a las dos anteriores (son dos cuentos como dos soles). La idea me ha gustado, pero creo que se tendría que haber hilado más la segunda parte y haber entrado más en la cabeza del chico en aquel instante. El final es el lógico, así como el inicio, pero hay una parte que eso, que podría haberse hecho diferente para haber quedado a la altura de los dos anteriores.


Por cierto, yo haré críticas de todo lo que lea, pero van sin mala intención y de momento lo que leo es de bastante nivel.
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Metzger1985 escribió:Hoy es un buen día para recordar que la riqueza de los ricos procede de la pobreza de los pobres.

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Re: Concurso de Relatos. Cuentos de/con/para NIÑOS

por crespo » 11 Mar 2012, 20:10

minixaxo89 escribió:El personaje en sí del Canica da para una novela


Para una buena serie de relatos sí, desde luego.
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