Fragmentos.
La vida al margen del deporte (la hay)

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Hugo
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Fragmentos.

por Hugo » 30 Ene 2013, 15:05

La mayoría de las grandes mansiones a la orilla del mar estaban cerradas ya, y no se veían más luces que las del brillo sombreado del transbordador al deslizarse por el estuario. Y a medida que la luna ascendía, las casas banales comenzaron a desvanecerse hasta que, de modo gradual, me fui haciendo consciente de esta antigua isla que floreció una vez ante los ojos de los marineros holandeses... un verde y fresco sereno en el Nuevo Mundo. Los árboles desaparecidos, los mismos que le abrieron campo a la casa de Gatsby, entre murmullos habían contestado con el último y mayor de todos los deseos humanos; por un encantador y transitorio instante el hombre tuvo que haber contenido su aliento en presencia de este continente, obligado a una contemplación estética que no entendía ni deseaba, cara a cara por última vez en la historia con algo del mismo tamaño de su capacidad de asombro. Y mientras cavilaba sobre el viejo y desconocido mundo, pensé en el asombro de Gatsby al observar por primera vez la luz verde al final del muelle de Daisy. Había recorrido un largo camino antes de llegar a su prado azul, y su sueño debió haberle parecido tan cercano que habría sido imposible no apresarlo. No se había dado cuenta de que ya se encontraba más allá de él, en algún lugar allende la vasta penumbra de la ciudad, donde los oscuros campos de la república se extendían bajo la noche.

Gatsby creía en la luz verde, el futuro orgiástico que año tras año retrocede ante nosotros. En ese entonces nos fue esquivo, pero no importa; mañana correremos más aprisa, extenderemos los brazos más lejos... hasta que, una buena mañana...

De esta manera seguimos avanzando con laboriosidad, barcos contra la corriente, en regresión sin pausa hacia el pasado.


El Gran Gatsby, F.Scott Fitzgerald.

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cuan_burda
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Re: Fragmentos.

por cuan_burda » 30 Ene 2013, 15:08

“A estas alturas, Edipa reconocía los indicios de aquel jaez del mismo modo que, según se dice, les pasa a los epilépticos: un olor, un color, una penetrante nota musical de adorno que anuncia el ataque. Después sólo se recuerda el síntoma, horrura en realidad, la anunciación profana y nunca lo revelado durante el acceso. Edipa se preguntó si, al final de aquella aventura (en el caso de que tuviera final), se quedaría igualmente con una acumulación de recuerdos relativos a indicios, anunciaciones, insinuaciones, y no con la verdad misma, la verdad fundamental, que en cada ocasión parecía demasiado deslumbrante para que la memoria la retuviese; parecía estallar siempre y destruir su propio mensaje de modo irreparable, no dejando tras de sí más que un vacío calcinado cuando volvía a imponerse la normalidad del mundo cotidiano.”

La subasta del Lote 49, Thomas Pynchon.
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Baerd
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Re: Fragmentos.

por Baerd » 30 Ene 2013, 15:08

Y, si tenían algo de dinero, siempre podían emborracharse. Desaparecían las aristas, y todo era calidez. Entonces no había soledad, pues cualquier hombre podía poblar su cabeza de amigos y podía dar caza a sus enemigos y destruirlos. Sentado en una zanja, en una cuneta, la tierra se mullían bajo su cuerpo. Los fracasos se difuminaban, y el futuro ya no era una amenaza. El hambre dejaba de merodear, el mundo era amable y fácil, y cualquier hombre podía alcanzar el lugar hacia el que había partido. Las estrellas descendían y estaban maravillosamente cerca, y el cielo era apacible. La muerte era una amiga, y el sueño, el hermano de la muerte. Volvían los viejos tiempos…, una chica de pies bonitos que bailaba por la casa…, un caballo…, hacía mucho tiempo de eso. Un caballo y una silla de montar. Y el cuero estaba repujado. ¿Cuánto tiempo hace de eso? Tengo que encontrar una muchacha con la que hablar. Eso está bien. Hasta podría acostarme con ella, también. Pero que calentito se está aquí. Y qué cerca están las estrellas, y la tristeza y el placer tan juntos, casi como la misma cosa. Me gustaría estar borracho todo el tiempo. ¿Quién dice que es malo? Los predicadores, pero ellos tienen sus propias maneras de emborracharse. Algunas mujeres flacas y yermas, pero ésas están siempre demasiado apesadumbradas para entender. Los reformadores, pero ésos no muerden la vida con la fuerza suficiente para saberlo. No…, casi se pueden tocar las estrellas, y yo me he unido a la fraternidad de los mundos. Y todo es sagrado…, todo, hasta yo.

Las Uvas de la ira.- John Steinbeck
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Tiempo de sueños.

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Trigueo
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Re: Fragmentos.

por Trigueo » 30 Ene 2013, 15:17

Hay que mencionar que a primera hora de la mañana la señora Glass había conseguido realizar dos gestos simbólicos en consideración a la llegada de los pintores. Se podía entrar en la habitación desde el vestíbulo o desde el comedor y ambas entradas tenían puertas dobles de cristal. Inmediatamente después del desayuno, la señora Glass había quitado las cortinas de seda plisada. Y más tarde, en el momento oportuno, mientras Franny fingía probar una taza de caldo de pollo, la señora Glass se había subido a los asientos de la ventana con la agilidad de una cabra montesa y había descolgado las pesadas cortinas de damasco de las tres ventanas de guillotina.

Franny y Zooey, J.D. Salinger.

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cuan_burda
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Re: Fragmentos.

por cuan_burda » 30 Ene 2013, 15:26

“En cuanto he agarrado la carne y he presionado, he podido contener la mayor parte de la hemorragia. Pero en cuanto me relajaba, la sangre volvía a manar. Era sangre, nada más, sangre como la mía y la tuya. Y sin embargo nunca había visto nada tan escarlata y tan negro. Tal vez era un efecto de la piel, joven, flexible, parecida a terciopelo oscuro, sobre la cual manaba. Pero incluso en mis manos parecía más oscura y más brillante de lo que debe ser la sangre. Me he quedado mirándola, fascinada, asustada, atrapada por el estupor de la imagen. Y sin embargo me era imposible, imposible en lo más hondo de mi ser, rendirme a ese estupor, relajarme y no hacer nada para detener la hemorragia. ¿Por qué? Ahora me lo pregunto. Y respondo: porque la sangre es preciosa, más preciosa que el oro y los diamantes. Porque toda la sangre es una: un solo estanque de vida repartido entre nuestras existencias separadas, pero unido por la naturaleza: prestada, no dada; repartida, confiada, para que la preservemos: parece que viva en nosotros, pero solamente lo parece, porque lo cierto es que nosotros vivimos en ella.

Un mar de sangre reuniéndose de nuevo: ¿será así el fin de los días? La sangre de todos: un mar de Baikal de color escarlata oscuro bajo un cielo azul invernal como el de Siberia, con arrecifes de hielo alrededor, con las orillas blancas como la nieve bañadas de sangre viscosa y mansa. La sangre de la humanidad, recompuesta. Un cuerpo de sangre. ¿De toda la humanidad? No: en un lugar apartado, en un pantano con paredes de barro en el Karoo rodeado de alambre de púas y con el sol brillando en lo alto, la sangre de los afrikáners y de sus adoradores, quieta, estancada.

Sangre, sagrada, abominada. Y tú, carne de mi carne, sangre de mi sangre, sangrando todos los meses en una tierra extranjera.

Llevo veinte años sin sangrar. La enfermedad que ahora me corroe es seca, no tiene sangre, es lenta y fría, me la envía Saturno. Hay algo en ella en lo que no soporto pensar. Haber quedado embarazada de estos tumores, de estos bultos fríos y obscenos. Haber llevado esas criaturas durante un tiempo antinaturalmente largo, incapaz de criarlas, incapaz de saciar su hambre: niños dentro de mí que se me van comiendo todos los días, no creciendo sino hinchándose, con dientes, con garras, eternamente fríos y voraces. Secos, secos: los siento moviéndose de noche en mi cuerpo seco, no se estiran y patalean como los niños humanos, sino que cambian de dirección en busca de sitios nuevos que roer. Como huevos de insectos puestos en el interior de un anfitrión, ya convertidos en larvas y devorando implacablemente a su anfitrión. Mis huevos, creciendo dentro de mí. “Mis”, “mi”: palabras que me hacen estremecer al escribirlas, pero que son ciertas. Las muertes que he engendrado, hermanas tuyas, de la vida que engendré. ¡Qué terrible es que llegue un momento en que la maternidad se parodia a sí misma! Una vieja bruja encogida dentro de un muchacho, con las manos pegajosas de su sangre: una imagen retorcida, tal como la imagino. He vivido demasiado tiempo. La muerte por fuego es la única muerte decente que queda. Adentrarme en el fuego, resplandecer como la estopa, sentir que estos intrusos secretos se encogen y gritan también, en el último momento, con sus vocecillas roncas y sin usar. Arder y desaparecer, librarme de ellos, dejar el mundo limpio. Tumores monstruosos, abortos: la señal de que uno ha sobrepasado su plazo. Y este país también, ya es la hora del fuego, hora de acabar, hora de que crezca lo que crece de la ceniza”

La Edad de Hierro, J.M. Coetzee
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cuan_burda
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Re: Fragmentos.

por cuan_burda » 30 Ene 2013, 16:19

“En Diciembre de 1978 hice el amor con una muchacha punk. Decir “hice el amor” es un decir, porque el amor ya estaba hecho antes de mi llegada a Londres y aquello que ella y yo hicimos, ese montón de cosas que hicimos ella y yo, no eran amor y ni siquiera -me atrevería hoy a demosrarlo- eran un amor: eran eso y sólo eso eran. Lo que interesa de esta historia es que la muchacha punk y yo nos “acostamos juntos”. Otro decir, porque todo habría sido igual si no hubiésemos renunciado a nuestra posición bípeda, integrando eso -¿el amor?- al hábitat de los sueños: la horizontal, la oscuridad del cuarto, la oscuridad del interior de nuestros cuerpos, eso. Primera decepción del lector: en este relato soy varón.”

Muchacha Punk, Fogwill
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Hugo
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Re: Fragmentos.

por Hugo » 31 Ene 2013, 21:03

¡Ah, qué tiempos aquéllos! Pero, de pronto, su mente tarda y premiosa comprendió que en aquellos lejanos días él dejaba fuera de combate a los viejos. Él era entonces la juventud que despuntaba, y sus adversarios la vejez que decaía. Era natural que resultara fácil para él: ellos tenían las venas hinchadas, los nudillos rotos y los huesos desvencijados por una larga serie de combates. Recordaba el día en que noqueó al maduro Stowsher Bill en Rush-Cutters Bay al decimoctavo asalto y luego le vio llorando en los vestuarios, llorando como un niño. Acaso el viejo Bill debía también varios meses de alquiler, y acaso le esperaban en su casa su mujer y sus hijos. ¡Y quién sabe si aquel mismo día, el del combate, había sentido el deseo de comerse un buen bistec! Bill combatió valientemente, recibiendo a pie firme una soberana paliza. Ahora que él pasaba el mismo calvario, com­prendía que aquella noche de hacía veinte años, Bill luchó por algo más importante que su adversario, el joven Tom King, que sólo trataba de ganar dinero y gloria fácilmente. No era extraño que Stowsher Bill hubiese llorado en los vestuarios amargamente después del combate.

Un pedazo de carne, Jack London.

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sAb0nIs
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Re: Fragmentos.

por sAb0nIs » 31 Ene 2013, 22:21

“Ante todo, deberías tener derecho a ser engendrado por unos padres que se amen, durante un acto sexual coronado con un orgasmo recíproco, de modo que tu alma y tu carne tengan como raíz el placer. Deberías tener derecho a no ser considerado un accidente ni un peso, sino un individuo esperado y deseado con toda la fuerza del amor, como fruto que transforma la pareja en familia. Deberías tener derecho a nacer con el sexo que la naturaleza te ha dado (Es un error decir: “esperábamos un varón y sin embargo ha sido una niña o al contrario). Deberías tener derecho a ser tomado en consideración desde el primer mes de tu gestación.

Deberías tener derecho a una profunda colaboración: La madre debe querer parir tanto como el niño o la niña quieren nacer. El esfuerzo será recíproco y bien equilibrado. Desde el momento en que un universo tal te produce, estás en tu derecho de tener un padre protector que esté siempre presente durante tu crecimiento. Así como a una planta sedienta se le da agua, cuando manifiestes un interés tienes el derecho a que se te dé la posibilidad de realizarlo, para que te puedas desarrollar por el camino que tú has elegido. No has venido aquí para llevar a cabo el proyecto personal de los adultos que te imponen metas que no son las tuyas, la principal felicidad que te ofrece la vida es dejarte llegar a ti mismo.

Deberías tener el derecho de poseer un espacio donde aislarte para construir tu mundo imaginario, para ver lo que quieras sin que tus ojos se vean limitados por una moralidad efímera, para escuchar las ideas que deseas, aunque sean contrarias a las de tu familia. Has venido aquí únicamente para realizarte a ti mismo, no has venido para ocupar el lugar de un muerto, te mereces tener un nombre que no sea el de un pariente desaparecido antes de tu nacimiento: cuando llevas el nombre de un difunto, es porque han depositado en ti un destino que no es el tuyo, robándote tu esencia. Tienes pleno derecho a no ser comparado con nadie, ningún hermano o hermana vale más o menos que tú, el amor existe cuando se reconocen las diferencias fundamentales.

Deberías tener derecho a estar excluido de toda discusión familiar, de no ser usado como testigo en las discusiones, de no ser el receptáculo de los problemas económicos de los adultos, de crecer en un ambiente impregnado de confianza y seguridad. Deberías tener derecho a ser educado por unos padres que piensan del mismo modo, habiendo limado sus divergencias en la intimidad. Deberías tener derecho a no ser desarraigado del lugar donde tienes a tus amigos, tu escuela, tus profesores predilectos. Deberías tener derecho a no ser criticado si eliges un camino que no entra en los planes de quien te ha engendrado; el derecho de amar a quien deseas sin la necesidad de una aprobación; y cuando te sientas capaz de hacerlo, deberías tener derecho a dejar el nido e ir a vivir tu vida; de superar a tus padres, de ir más lejos que ellos, de realizar lo que ellos no han podido, de vivir más que ellos. Finalmente, deberías tener derecho a elegir el momento de tu muerte sin que nadie te mantenga con vida contra tu voluntad.”

Alejandro Jodorowsky - La danza de la realidad
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"Sabonis hubiera sido el mejor pívot de la historia si no hubiera tenido lesiones"
David Robinson

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Trigueo
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Re: Fragmentos.

por Trigueo » 31 Ene 2013, 23:01

Quisieran hacernos creer que su pasado no está perdido, que sus recuerdos se han condensado y convertido delicadamente en Sabiduría. ¡Cómodo pasado! Pasado de bolsillo, librito dorado lleno de bellas máximas. "Créame, le hablo por experiencia; todo lo que sé me lo ha enseñado la vida". ¿Se habrá encargado la vida de pensar por ellos?

La náusea, Jean-Paul Sartre.

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