Dios lo quiere: la creación de los Dallas Mavericks

  • Durante el fin de semana de las estrellas de 1987 en Seattle, el propietario de los Dallas Mavericks Don Carter se acercó a su estrella Mark Aguirre para presentarle a Garn Eckardt, un empresario californiano al que la esclerosis múltiple había dejado en una silla de ruedas: “Mark, si no fuera por este hombre, tú no estarías aquí.” Sin embargo, en mi opinión el gran olvidado de esta historia no es Eckardt, sino Bob Folsom.

    Larry O'Brian y Bob Folsom durante la construcción de la Reunion Arena

    No es que Folsom esté olvidado. Estrella de fútbol (el otro fútbol) en su juventud, luego poderoso inversor y promotor inmobiliario, y durante cinco años alcalde de Dallas, son precisamente sus éxitos los que hacen que no se recuerde su participación en el baloncesto tejano, un deporte en el que también había destacado. Bob Folsom fue el propietario de los Dallas Chaparrals, equipo fundador de la ABA al que posteriormente vendió a San Antonio donde le pusieron otro nombre que ahora mismo no recuerdo. ¿Los Gregg Popovichs, quizás? En fin, que una de las principales iniciativas de Folsom como alcalde fue la construcción de la Reunion Arena, un pabellón que pretendía usar como punta de lanza en la promoción nacional de la ciudad. Allí se celebrarían grandes conciertos con las mayores estrellas de la música, pero parte del plan era también conseguir una franquicia de la NBA que ampliara sus horizontes deportivos más allá del omnipresente fútbol (el otro fútbol). Fue la Reunion Arena la que le dio la idea a Garn Erckardt de buscar inversores locales para intentar comprar una franquicia NBA y traerla a Dallas, lo cual a su vez lo puso en contacto con Don Carter.

  • Don Carter entre Norm Sonju y Larry O'Brien

    Don Carter era todo un personaje. Dejó sin terminar el instituto y se dedicó a beber y correr con su coche en rumbo directo a desperdiciar su vida hasta que la Fuerza Aérea, su nueva mujer Linda y dios se conjuraron para darle un nuevo rumbo. Convertido en cristiano renacido, se incorporó a la empresa de decoración de su madre, Home Interior & Gifts, y la guio a una expansión acelerada que los convirtió en multimillonarios. Siguiendo el ejemplo de su madre, recordada por haber sido la única mujer en la junta directiva de la asociación evangélica del telepredicador Billy Graham, la empresa ofrecía una imagen decididamente familiar y religiosa, lo que incluía la presencia de un porcentaje significativo de empleados discapacitados. Según la leyenda, fue Linda la que le hizo interesarse por el baloncesto, ya que ella había sido jugadora en el instituto y mantuvo la afición toda la vida. A Carter le gustaba decir que la idea de hacerse con una franquicia de la NBA era un regalo a su mujer, aunque en momentos más serios hablaba de “devolver a la comunidad”, que es como dicen los ricos que quieren que los pobres los aclamen. Impulsado por Erckardt, Carter planteó la posible compra de los Milwaukee Bucks o los Kansas City Kings, y no era capaz de entender por qué no tuvo éxito. Lo cual no debería sorprendernos porque el único que conocía el motivo era Norm Sonju.

  • Se agradecen estos hilos de historias poco conocidas de la NBA y también te agradezco que lo hayas empezado a publicar una vez que terminé el nuevo libro de Gonzalo Vázquez. Supongo que esto será una especie de precuela de aquel hilo de los Dallas Mavericks de la serie "Mis Fantasmas Favoritos":

    Los Mavs de los 80 | Mis Fantasmas Favoritos
    Los Mavs de los 80 - El autor de todos los textos de este tinglado es meej, Máximo J. Tobías.
    misfantasmasfavoritos.blogia.com
    meej
    15 de noviembre de 2005, 11:25
  • A sus 40 años de edad Sonju acumulaba ya una dilatada experiencia en puestos directivos de varias gerencias de la NBA, y había descubierto las posibilidades de Dallas cuando los Buffalo Braves le encargaron que buscara un posible destino para su cambio de sede. La Reunion Arena le convenció de que era la mejor opción, pero para su sorpresa el comité de la NBA encargado de aprobar los traslados le informó de que en ningún caso permitirían que los Braves o cualquier otra franquicia terminasen en Dallas. Durante la guerra con la ABA los propietarios habían descubierto que expandir la NBA era una forma sencilla de ganar unos buenos millones, así que informaron a Norm Sonju de que un traslado era inviable, pero que la solicitud de una nueva franquicia recibiría un apoyo inmediato. Fue por eso que Sonju se puso en contacto con Don Carter, y por lo que el 3 febrero de 1979 el comisionado Larry O’Brien anunció que para la temporada 1980-81 la liga se ampliaría con dos equipos más, Dallas y Minneessootta.

  • Las condiciones iniciales no eran especialmente onerosas. Cada franquicia tendría que pagar 8 millones de dólares, el 29% al contado ($2.320.000) y el resto a plazos con un interés del 0%. Las nuevas franquicias participarían en un draft de expansión en el que los demás equipos podrían proteger a siete jugadores cada uno, y luego recibirían las dos primeras elecciones en el draft universitario de 1980. Don Carter pagó los $100.000 de señal, y Norm Sonju empezó a buscar a propietarios minoritarios que aceptaran un pequeño porcentaje de la franquicia a cambio de ayudar a sufragar los gastos.

    En cuestión de semanas el panorama se ensombreció significativamente. Minneessottaa se retiró de la puja, y para compensar esos ocho millones que iban a dejar de ingresar, la NBA anunció que el precio para Dallas acababa de subir a 12 millones. Don Carter decidió que le estaban tomando por el pito del sereno y se retiró del proyecto, lo que suponía virtualmente su final. Hasta tal punto que Norm Sonju decidió no informar a los demás accionistas de la marcha de Carter, a pesar de que estaba rozando el delito de fraude. No llegó a declarar que seguía en el proyecto, pero sí permitió que lo dieran por sentado. Pero la NBA no había terminado de apretarles las tuercas, y a continuación anunció que de esos $12 millones tendrían que pagar al contado el 50%, y el resto se financiaría a un interés del 7%. Después anunciaron que las franquicias podrían proteger a ocho jugadores en el draft de expansión (“ahí perdimos a todos los pívots suplentes”, diría Rick Sund), y que su elección en el draft universitario sería la número 10, luego retrasada al 11. Mientras, las dos principales industrias de Tejas entraban en crisis, las petroleras por la crisis energética y las inmobiliarias por un salto en los intereses a más del 20%. Los inversores empezaron a caer, y una mañana de febrero de 1980 cinco de ellos anunciaron simultáneamente su abandono del proyecto.

    Era el final. Sentado en su casa y sin más recursos, Norm Sonju abrió su biblia y empezó a leer en busca de consuelo, cuando recibió la llamada inesperada de Donald Carter ofreciendo volver a incorporarse al proyecto si la NBA aceptaba que en vez de pagar los $6 millones al contado, pagarían $2 millones inmediatamente y los otros $4 a comienzos de 1981. Considerando que la alternativa era cobrar cero dólares al contado y luego otros cero dólares en 1981, no es sorprendente que la NBA aceptara las condiciones.

    Don Carter y Norm Sonju tenían unos tres meses para crear una franquicia NBA desde cero, y su primera incorporación fue Rick Sund, un antiguo becario de los Milwaukee Bucks que había conseguido un puesto en la gerencia. Aunque se lo suele presentar como el primer empleado en la historia de los Dallas Mavericks, la realidad es que ni siquiera existían como empresa, así que Sund tuvo que firmar un contrato personal con Carter. Su trabajo sería empezar a buscar jugadores, mientras que Sonju se encargaba de crear la franquicia y fichar a un entrenador.

  • Norm Sonju no tuvo el debut que esperaba. Después del inevitable concurso radiofónico y de una breve deliberación entre los pesos pesados de la nueva franquicia, salió a anunciar que el nombre elegido era el de los Dallas Mavericks. Que casualmente era también el nombre del equipo de baloncesto de la University of Texas at Arlington. Está claro que no estaban obligados a conocer el apodo de todas las universidades de tercera fila del país, pero el campus de la UTA estaba apenas a 30 km de la Reunion Arena. Justo lo que la prensa necesitaba para caricaturizarlo como al típico yankee con gafas de sol y modales de vendedor de coches kilómetro cero.

    Mucho más acertada fue la decisión de que los colores del nuevo equipo serían verde y azul. “Quería un azul y un verde, y la razón por la que quería esos colores es porque ya estaban construyendo la Reunion Arena. La empezaron a construir antes de que nos dieran la franquicia, y los asientos eran azules y verdes. Así que quería que los colores del logo y del equipo fueran el mismo azul y verde, para que pareciese que habíamos construido el pabellón nosotros.” Si Mahoma no va a la montaña...

    Con todo, el gran problema para la nueva franquicia era cómo abrirse paso en un territorio dominado completamente por el fútbol (el otro fútbol). En realidad, lo que estaban diciendo entre líneas era que sería difícil abrirse paso en el territorio del fútbol siendo una franquicia de una competición percibida como llena de negros. Aunque los responsables nunca lo admitirían por razones obvias, lo cierto es que la NBA de finales de los setenta se percibía como racialmente muy cargada, y quiero decir con una “hard r”. Por supuesto, desde tiempo inmemorial todos los equipos basados en ciudades de mayoría o identidad blanca han usado el truco de colocar al fondo del banquillo a dos o tres chavales limpios, aseados, buenos ciudadanos y por supuesto blancos, para dar un poco el pego. Pero en Dallas eso no sería suficiente.

    La solución apuntaba directamente al factor que unía a Don Carter, el tejano con sombrero vaquero y botas puntiagudas, con un yankee como Norm Sonju. “Dallas es territorio de fútbol, pero también es el Bible Belt”, declaró Sonju en referencia a la franja de territorio al Sureste de los Estados Unidos que destaca por su conservadurismo y protestantismo. “Podíamos ganarnos el respeto de la gente demostrando nuestra honradez, bondad y respeto por dios y la patria. Qué ejemplo podríamos darle a la NBA y al país si usábamos un modelo nuevo y decente que funcionaba.” Para ello, Don Carter contrató a chavales de Athletes in Action, una organización universitaria religiosa y deportiva, para vender entradas, y buscó a las cheerleaders más decentes del deporte profesional en la Campus Crusade for Christ, otra organización universitaria religiosa y deportiva. Incluso se negaba a utilizar en ninguna documentación oficial la abreviatura “Mavs”, que le parecía poco seria. Dio orden a Rick Sund de evitar en el draft de expansión a todos los jugadores con mala reputación, y específicamente dijo que quería a jugadores capaces de ponerse firmes durante el himno. Bueno, el himno no, porque otra de las decisiones fue sustituir el clásico “barras y estrellas” por “God Bless America”. Sí, los Dallas Mavericks serían la única franquicia de la historia para la que el himno estadounidense no era lo bastante conservador y patriótico.

    Y también por eso ficharon a su primer jugador antes de todo, antes del draft de expansión, antes del draft de universitarios, antes incluso del entrenador. Pero es que ese jugador era Ralph Drollinger, y Ralph Drollinger era un pirado.

  • Para entender la absurda fascinación por Ralph Drollinger hay que entender que por lo menos hasta finales de los 80 el valor potencial de un jugador universitario dependía sobre todo del nivel de la universidad en la que hubiera jugado. Drollinger era un pívot suplente con un historial de problemas en las rodillas que nunca había promediado dobles dígitos en anotación, pero para los General Managers y entrenadores de los setenta era el último eslabón en la cadena de pívots forjados por John Wooden en UCLA. Bueno, técnicamente el último-último era Brett Vroman, pero hoy no vamos a hacer sangre.

    Y las cosas como son, Ralph Drollinger tenía unos cuantos puntos a su favor, como por ejemplo una estatura que oscilaba entre los 2.13 y los 2.18 según la fuente. Sobre todo, había sido el sexto hombre en el equipo de UCLA que se proclamó campeón en 1975 (en una final que deparó algunos minutos de un duelo Mike Phillips – Ralph Drollinger) y que se clasificó para la Final Four en 1976. Nadie anticipaba que fuese el nuevo Kareem Abdul-Jabbar o Bill Walton, pero quizás sí pudiera ser otro Swen Nater.

    Lo que pasa es que cuando terminó su carrera universitaria, Drollinger anunció que no estaba interesado en dar el salto a los profesionales, sino que se iba a incorporar al equipo de los Athletes in Action, brazo deportivo de la Campus Crusade for Christ. Intentando convencerlo, los Celtics lo escogieron en el draft de 1976, luego los Nets en el de 1977, y finalmente los Sonics en 1978, sin éxito. Todas las elecciones fueron en rondas bajas, entre la quinta y la octava, lo que sugiere que eran conscientes de que no sería fácil hacerle cambiar de opinión. Ralph Drollinger era un cristiano evangélico militante, y no le importaba no cobrar prácticamente nada a cambio de dar salida a su voluntad misionera, ya que los AiA se caracterizaban por sus homilías durante los descansos de sus partidos. De la mano del entrenador Bill Oates llegaron a formar un equipito de cierto nivel, y cuando se convocó el Mundobasket de 1978 en unas fechas que hacían inviable la participación de los universitarios, fue a los AiA a los que mandaron a Manila. Con resultado mediocre, todo hay que decirlo, ya que terminaron quintos después de ser derrotados por Italia, Brasil, Yugoslavia y la URSS (además del bochorno de tener que descartar a un jugador ya en las Filipinas porque había jugado en la NBA). Por desgracia, lo único que sé de su actuación individual es que promedió 8,4 ppg. Ni siquiera sé si era titular, ya que solo he encontrado imágenes de un partido de preparación en Australia en el que no saltó a la pista, probablemente por sus recurrentes problemas de rodilla.

    Por todo eso, era el jugador ideal para vender la idea de que los Dallas Mavericks eran un equipo distinto, más cercano a dios y menos a Harlem. Y el primero en comprar la idea fue el propio Ralph Drollinger, a quien Norm Sonju convenció de dar por fin el salto a la NBA asegurándole que le facilitarían asistir a un seminario local, el Dallas Theological Seminary, compaginándolo con sus partidos, y que la liga profesional supondría un púlpito aún más amplio que el de los Athletes in Action para proclamar la buena nueva.

    Las cosas no marcharon tan bien como se esperaba. El entrenador, Dick Motta, dejó bien claro que él no había elegido al jugador, y la relación entre ambos nunca fue fluida (por otro lado, Dick Motta nunca tuvo una relación fluida con nadie). Cuando empezó la temporada se encontró como cuarto pívot de la rotación, por detrás de los titulares Tom LaGarde y Jerome Whitehead, y de su antiguo compañero en UCLA Richard Washington. Por último, apenas había jugado seis partidos (con unos promedios de 2.5 puntos, 3.2 rebotes y 2.3 asistencias en 11 minutos) cuando tuvo que parar por sus problemas de rodilla. Esta vez eran más serios, y para su sorpresa se enteró de que los médicos habían desaconsejado su fichaje debido al mal estado de sus rodillas, pero que los Mavericks habían decidido seguir adelante. Eso le hizo sospechar, o más bien saber positivamente, que nunca habían estado interesados en su aportación deportiva, lo cual a su vez le hizo dudar de su supuesto interés por su labor evangélica.

    Ralph Drollinger decidió retirarse inmediatamente, sin esperar siquiera al final de la temporada, y dedicarse a tiempo completo a su faceta religiosa. Fundó una organización religiosa, luego una revista religiosa, y finalmente financió un programa religioso en ESPN presentado por Julius Erving en el que deportistas daban testimonio de su fe religiosa. A pesar de sus declaraciones anti gayers, anti católicas y anti inmigración, lo que más fama le dio fue su postura decidida a favor de la sumisión de la mujer, lo que provocó numerosas protestas de organizaciones californianas no ultramontanas. Su salto al primer nivel vino cuando Rick Perry, ex gobernador de Tejas y Secretario de Energía en la (primera) administración Trump recurrió a su organización, Capitol Ministries, para organizar estudios de la biblia en Washington dirigidos a miembros del gobierno. Irónicamente, la deriva del partido republicano estadounidense ha terminado convirtiendo a Ralph Drollinger en un moderado: aunque defiende la influencia de la iglesia en el estado es contrario a la fusión de ambos, y afirma estar abierto a colaborar con cualquier presidente, incluso si es demócrata. Vivir para ver.

    Yo prefiero recordar la llamada que recibió el 5 de enero de 1988 de James Dobson, el fundador de la influyente organización ultrarreligiosa “Focus on the Family”. Dobson estaba organizando un partidillo de 4 contra 4 entre varios líderes evangélicos, con el aliciente de la presencia de una antigua estrella de la NBA que era un cristiano renacido. Buscaba a otro ex profesional buen cristiano para equilibrar el otro equipo, y había pensado en él. Ralph Drollinger aceptó de inmediato, por supuesto.

    ¿Quién dejaría pasar la ocasión de jugar con Pete Maravich?

  • El organigrama de los Dallas Mavericks publicado en la guía de Zander Hollander para la temporada 1980-81 no incluye el nombre del entrenador, que aparece como “pendiente de anunciar”. Pocas páginas más adelante aparece la entrada correcta, con el nombre y la foto de Dick Motta. Esta incongruencia no es completamente culpa de Hollander, ya que los Mavs tomaron la curiosa determinación de postergar hasta el último momento la contratación de un entrenador, imagino que llegando a pisar la fecha de envío a imprenta de la guía. Es cierto que tuvieron algunas dificultades y contratiempos que retrasaron la decisión, pero no deja de ser sorprendente que acudieran tanto al draft de expansión como al draft universitario sin un entrenador que llevarse a la boca. Curiosamente, Rick Sund tuvo que recurrir a Don Nelson, a la sazón técnico de los Bucks con el que había coincidido en la franquicia, para que le asesorase en ambos draftes los dos. Por increíble que suene, es posible que Norm Sonju fuese totalmente sincero en su explicación: “No he tenido tiempo.”

    El candidato preferido era Eddie Sutton de Arkansas, que no quiso dejar un puesto fijo en universidad para probar con un equipo de expansión. Larry Brown de UCLA declaró que no veía correcto dejar el cargo después de una sola temporada, y de alguna forma consiguió decirlo sin estallar en carcajadas. Jack McKinney demostró que aún no estaba recuperado del accidente que puso fin prematuro a su etapa en los Lakers, y Bob Weiss los convenció lo suficiente como para contratarlo como asistente, no como entrenador jefe.

    El eslabón perdido entre José Luis López Vázquez y Alex Caruso

    Dick Motta se había caído de la lista después de una desastrosa entrevista con Norm Sonju, pero sospechaba que el motivo real era la amistad entre Sonju y Pat Williams, General Manager de los Sixers y enemigo jurado de Motta. Decidido a hacerse con el puesto, hizo que su agente llamara a todos los periodistas de Dallas que conocía, haciéndose el desentendido y preguntando que cómo era posible que los Mavs no estuvieran considerando a un técnico con la experiencia de Dick Motta. El plan tuvo éxito ya que los comentarios llegaron a oídos de Don Carter, que decidió tener una entrevista personal con Motta. La sintonía entre ambos fue mucho mayor que con Norm Sonju, y el resultado final fue la contratación de Dick Motta como entrenador jefe con Bob Weiss como asistente.

    El plan era utilizar el estilo deliberado de Motta para enlentecer el juego, y esperar que los marcadores bajos les dieran una oportunidad. “Jugaremos con el reloj como hacíamos con los Bulls. Frenaremos a los equipos. Haremos un juego trabado. Hasta pondremos música country durante los tiempos muertos.”

  • Bill Fitch, entrenador de los Cavs en su temporada inaugural, nos dejó la mejor definición de lo que es un equipo nuevo: “La guerra es un infierno, pero la expansión es peor.”

    En especial para los Dallas Mavericks debido a la decisión de la NBA de permitir a las franquicias existentes proteger a ocho jugadores, y no siete como en casos anteriores. Hay que recordar que en 1977 la NBA había reducido las plantillas a solo 11 jugadores (más un máximo de dos en la lista de lesionados), por lo que los Mavs elegirían entre los tres últimos jugadores de cada equipo. Probablemente fue ése el motivo de que no viéramos negociaciones para evitar que eligieran a algún jugador destacado o prometedor, tal y como sucedería en drafteses de expansiones posteriores. Según Rick Sund, todos a los que preguntó (que es posible que fuera solamente Don Nelson, sin querer admitir que el entrenador de un equipo rival le estaba asesorando) le recomendaron evitar a jugadores en la recta final de sus carreras, ya que no serían suficientes para evitar que cayeran al fondo de la tabla durante las dos o tres primeras temporadas. Era posible que al principio algunos aficionados acudieran al pabellón atraídos por sus nombres, pero ese efecto desaparecería muy rápido mientras que tendrían que cargar con sus elevados contratos y con un problema potencial en el vestuario conforme se vieran adelantados por jugadores más jóvenes pero con menos renombre.

    A eso había que añadir la exigencia de Don Carter y Norm Sonju de evitar a jugadores considerados “indeseables”. Cuando el Washington Star filtró la lista de jugadores desprotegidos, algunos de los nombres más llamativos pertenecían a esa categoría, como un Rick Barry que apuraba el final de su carrera en el banquillo de los Rockets y que tuvo el valor de ofrecerse a los Mavs como posible entrenador-jugador. Hay que recordar que ésta fue la temporada en la que el equipo de Houston probó una sesión en grupo en la que un terapeuta pidió a los jugadores que cerraran los ojos e imaginasen que los problemas del equipo desaparecían. “No ha funcionado, Rick Barry sigue aquí”, comentó Billy Paultz. Otro caso similar era Bobby Dandridge, all star y campeón con los Bullets solo un año antes pero que se había pasado la temporada entrando y saliendo de la lista de lesionados por lo que la prensa consideraba un enfrentamiento con la gerencia de Washington, que se negaba a renegociar su contrato. De manera similar, “Super” John Williamson se había negado a entrenar pidiendo una mejora de contrato, y había cogido tanto peso que su carrera terminaría pocos meses después. Por su parte, Spencer Haywood venía de ser suspendido por los Lakers en plena final de la NBA después de una trifulca provocada por su abuso de la cocaína, mientras que “Pistol” Pete Maravich ya no estaba en situación de aportar lo suficiente para compensar su fama de no compenetrarse con los compañeros, igual que Charlie Scott con su reputación de activista contestatario.

    Otras posibles elecciones fueron descartadas por su historial de lesiones, que hacían dudar de su aportación. En el caso de “Tiny” Archibald, el jugador consiguió recuperarse lo suficiente como para brillar a menor nivel en su etapa en Boston, pero fue la excepción. Otros como Doug Collins se vieron obligados a poner fin a su carrera, mientras que fueron los años los que obligaron a retirarse a Jo Jo White y al mítico Black Jesus, Earl Monroe.

    La última categoría de jugadores desaconsejados era la de agentes libres. A diferencia de lo que ocurriría en drafteses de expansiones posteriores, los agentes libres entraban ya que la agencia libre prácticamente no existía como tal, así que podían elegir a jugadores que hubiesen terminado contrato porque aún pertenecían a sus clubes de origen. Sin embargo, al tratarse de jugadores sin contrato lo que adquirían era una especie de opción preferente: si el jugador recibía una oferta de otro equipo, los Mavs tendrían la opción de igualarla y quedarse con el jugador. Norm Sonju no tenía el menor interés en empezar a pujar con otras franquicias, así que la decisión fue no meterse en camisas de once varas.

    Por supuesto, la gran mayoría de jugadores incluidos en el draft de expansión fueron descartados simple y llanamente porque eran unos paquetes, como por ejemplo Larry Boston, entonces sentado al final del banquillo en Washington y que algunos años después pasaría por Málaga. Sin embargo, hay también algunos casos que me despiertan dudas, y supongo que si Gonzalo Vázquez siguiera por el foro le sorprendería saber que el mejor ejemplo es Henry Bibby, un base setentero al que le tengo bastante manía.

    A ver, en mi opinión Bibby era un jugador que más que sumar no restaba, que no hacía nada mal pero que tampoco es que aportara nada especial, y que siempre se libró de las críticas por ejemplo tras la final del 77 porque la prensa estaba que no cagaba con él. Había sido líder en la cancha de algunos de los mejores equipos de UCLA, y en esa época un éxito universitario de ese calibre tenía muchísimo recorrido en la NBA. En mi opinión, los Sixers deberían haber buscado un base mejor mucho antes de encontrar a Maurice Cheeks. Sin embargo, para un equipo de expansión parecía una incorporación lógica. Sí, ya había cumplido los 30 años, y había perdido la titularidad frente al mencionado Cheeks, pero aún así había cumplido con solvencia y había pasado de los 2000 minutos en la temporada. A pesar de sus problemas en el tiro, era el clásico veterano que podría haber aguantado un par de años dando templanza a un equipo joven aún por hacer, especialmente con un entrenador tan orientado al juego controlado. Y tampoco es que los Mavs cogieran a otro jugador de los Sixers que fuera una apuesta tan segura que compensaba dejar de lado a Bibby: su elección fue Jim Spanarkel, el escolta blanco y lento que en Duke había llegado a la final de la NCAA formando pareja con el pívot Mike Gminski pero que en Philadelphia no había pasado del puesto número 10 de la rotación.

    La verdad, no lo entiendo. Aunque imagino que ya va siendo hora de dejar el tema de los jugadores que no fueron elegidos en el draft de expansión.

  • En su autobiografia, el malogrado Darryl Dawkins se refiere a Henry Bibby como "el rey de los pussy hunters". Su tactica con las mujeres estaba basada en la estadistica. Al parecer Bibby odiaba cualquier tipo de cortejo, asi que nada de invitaciones a cenar o a una copa. Se acercaba a la femina que le interesaba y le preguntaba directamente "follamos?", sin mas rodeos. Segun Bibby un 10% decia que si y eso le bastaba para pasar cada noche acompanhado y sin tener perder el tiempo con banalidades.

  • En su momento pensé que quizás influyó en su descarte el agrio divorcio de la madre de Mike Bibby, pero eso no sucedió hasta la mitad de los ochenta, cuando ya era entrenador.

    Siempre recuerdo que según Earl Strom, durante los partidos de veteranos que durante algunos años formaron parte del all star los rivales buscaban constantemente a Rick Barry para ponerle zancadillas o darle codazos. Verlo como entrenador-jugador de los Mavs no habría tenido precio.