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    En términos deportivos, la temporada regular 1986-87 fue un éxito sin paliativos. Los Dallas Mavericks ganaron 55 partidos y se alzaron con el primer campeonato de división de su historia. Rolando Blackman y Mark Aguirre fueron All Stars, y Detlef Schrempf quedó segundo en el concurso de triples. Roy Tarpley fue incluido en el quinteto ideal de novatos, y Derek Harper en el segundo quinteto defensivo. James Donaldson terminó cuarto en la clasificación de reboteadores, y quedó segundo en la votación de jugador más mejorado (por detrás de Dale Ellis). Dick Motta alcanzó las 800 victorias, y Mark Aguirre los 10.000 puntos anotados. Nunca perdieron más de dos partidos seguidos, y sumaron 20 victorias fuera de casa a pesar de volver a usar los uniformes malditos de color azul. Como segundo equipo mejor clasificado del Oeste, se enfrentarían a los penúltimos, unos Seattle SuperSonics que habían terminado por debajo del 50% de victorias y a los que habían derrotado en sus cinco enfrentamientos con una diferencia media de casi 20 puntos. En el primer partido de la eliminatoria nueve jugadores de los Mavs anotaron en dobles dígitos, y la canasta final de Dennis Nutt, repescado de la CBA para ser el jugador número 12, puso el 151-129 final en el marcador. Un periódico local anunció a bombo y plantillo que era absurdo seguir jugando una eliminatoria tan descompensada.

    A partir de ahí, el desastre. Los Sonics endurecieron la defensa, especialmente con unos traps sobre Mark Aguirre que hicieron que abandonara su tradicional juego al poste para buscar lanzamientos exteriores. Dale Ellis y Xavier McDaniel martillearon el aro rival, y el pívot Clemon Johnson (titular de circunstancias por la lesión de Alton Lister) aprovechó la lesión de James Donaldson para terminar con 20 puntos y 7 rebotes. Con el partido empatado a falta de dos segundos, el balón le llegó a Ellis y sobre él cayeron tres jugadores locales, ya que aún les quedaba una falta antes del bonus. Sin embargo, los árbitros interpretaron que el escolta de los Sonics estaba en acción de tiro, y le dieron dos tiros libres que sellaron la victoria. Los Mavs no solo habían perdido el factor cancha, sino que se habían mostrado muy vulnerables ante una defensa más física de lo que estaban acostumbrados. En los últimos segundos Derek Harper había cometido un error en un saque lateral que recordaba su descuido contra los Lakers dos años antes, y para colmo no estaba claro si Donaldson podría seguir jugando.

    La serie se trasladó a Seattle, donde por problemas de agenda los partidos se jugarían en el Pabellón Hec Edmunson de la Universidad de Washington. En un pabellón pequeño, con aficionados casi encima de la pista, los Sonics repartieron miles de caretas con la foto de “Red” Auerbach, que antes de empezar la temporada había pronosticado que Seattle sería el peor equipo de la NBA. Llevado en volandas por su público, Dale Ellis anotó 43 puntos y puso a los locales 22 puntos arriba. Mientras, Dallas tuvo que ver cómo Donaldson se tenía que retirar después de intentar jugar, y una desesperada remontada final solo sirvió para que la diferencia final fuese menor. En el cuarto partido se consumó el “Wreck in the Hec”, con unos Sonics venidos arriba que barrieron a los Mavs en una noche aciaga para Mark Aguirre, Derek Harper y Roy Tarpley.

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    Hay un detalle con el que no sé muy bien qué hacer: en el verano de 1986 murieron directa y sucesivamente las madres de Donald Carter, el propietario, y Mark Aguirre. Carter anunció públicamente que se suspendía cualquier intento de traspasar a Aguirre por lo menos durante dos meses, porque necesitaba estabilidad en esos momentos tan difíciles.

    Cada año Dick Motta le decía que iba a jugar más, y cada año Dale Ellis jugaba menos. Sigo pensando que la situación no era sostenible ni a medio plazo, porque es que además Ellis era suplente de las dos mayores estrellas del equipo. No es como pasaría luego con Tarpley, que era suplente de Sam Perkins y James Donaldson y entre uno y otro podía sacar perfectamente 25 minutos por partido.

    Ya digo, lo que veo mal es lo de traer a cambio a Al Wood, que sí, mucha fama en North Carolina, pero los Hawks fueron a por él y se arrepintieron, y luego los Sonics fueron por él y se arrepintieron. Supongo que buscaban un escolta suplente que no gruñera por ser escolta suplente, pero algo mejor podían haber encontrado.

    Un apunte: además de los Rockets, la idea de las torres gemelas viene también de los Celtics cuando traspasan a Cedric Maxwell y ponen a Kevin McHale junto a Robert Parish, más Bill Walton desde el banquillo. Hay que pensar que en esos momentos los "cuatros" de equipos importantes son jugadores como Kurt Rambis, Bobby Jones, Terry Cummings etc que miden un palmo menos que McHale y directamente es que no pueden marcarle (la solución más frecuente es poner a tu cinco a defender a McHale y a tu cuatro con Parish; incluso tu "tres" si es alto). De ahí surgen experimentos como juntar a Pat Ewing y Bill Cartwright como titulares, o probar a gente como Alton Lister de cuatro.

    Personalmente creo que a Dale Ellis o lo traspasaban o lo ponían de titular, no iba a aceptar otra temporada de suplente. En la práctica eso significa traspasar a Aguirre, Blackman o Ellis. Lo ideal hubiera sido traspasar a Aguirre, que además te quitas un problema, pero no encontraron el traspaso ideal hasta que la situación explotó, como tenía que explotar. Luego hay que preguntarse si quedarse con Ellis hubiera sido la mejor opción a la vista de sus futuros problemas extradeportivos, pero ésa ya es otra historia.

    Yo veo dos factores ahí: Byron Scott venía de hacer unas malas finales en el 85 y una mala final de conferencia en el 86, fue cuando se empezó a decir que era un buen jugador de fase regular pero en playoffs no daba el nivel. Un sambenito que le acompañaría toda su carrera porque además sucedió delante de la audiencia de todo el país.

    Pero sobre todo es lo muchísimo que valía un pívot. No solo Carroll, es que por Sikma también piden un montón los Sonics considerando que lo terminan traspasando a los Bucks a cambio de Alton Lister más dos primeras rondas.

    En apariencia, el verano de 1986 era el momento perfecto para hacer un gran traspaso que consolidara a los Mavs. Con Dale Ellis y Detlef Schrempf en el banquillo podían permitirse considerar ofertas por Rolando Blackman, Sam Perkins, incluso Mark Aguirre – librándose así de un perpetuo dolor de cabeza. Con el número 7 de la primera ronda del draft de 1986 más dos elecciones de segunda ronda, una de ellas la primera, tenían espacio para jugar.

    El traspaso más famoso que estuvo a punto de producirse fue negociado entre Donald Carter y Jerry Buss, que acordaron que los Lakers enviarían a Dallas a James Worthy y Byron Scott a cambio de Mark Aguirre y el jugador escogido con el número siete del draft, que sería el ala-pívot Roy Tarpley. Como es bien sabido, Jerry West bloqueó el traspaso amenazando con dimitir si se consumaba. Los Dallas Mavericks siempre insistieron en que la historia no es así, que no habían llegado a acordar el traspaso, y que fueron ellos los que se echaron atrás. “Una franquicia puede sobrevivir a entrenadores malos, vendedores de entradas malos y fisios malos. No puede sobrevivir a traspasos malos”, declaró Dick Motta. Sin embargo, algunos detalles parecen indicar lo contrario, como el hecho de que inicialmente Tarpley se negó a viajar a Dallas por consejo de su agente, que lo creía innecesario ya que su destino final iba a ser Los Ángeles.

    No fueron las únicas opciones. Estuvieron negociando con los Warriors la posible incorporación del pívot Joe Barry Carroll a cambio de Mark Aguirre, Uwe Blab y el número 7 del draft, y también con los Sonics, que inicialmente pedían a James Donaldson, Jay Vincent, Bill Wennington y (todos a coro) el número 7 del draft a cambio de Jack Sikma, aunque luego aceptaron quitar a Donaldson del traspaso y recibir solo a Vincent, Wennington y Tarpley. En ambos casos la razón aducida para no completarlos era que resultaba imposible cuadrarlos por debajo del tope salarial, incluso cuando Sikma se ofreció a renegociar su contrato bajando su sueldo a cambio de más años. Esa situación llevó a Lenny Wilkens, General Manager de los SuperSonics, a acusar a los Mavericks de no haber intentado en serio completar el traspaso, lo que provocó otro enfado de Dick Motta. “Que digan que no hemos querido esforzarnos en resolver las matemáticas del traspaso es irresponsable.”

    Todo queda para la fantasía. ¿Podría haber sido aspirante al anillo un equipo formado por Derek Harper, Rolando Blackman, Detlef Schrempf, Sam Perkins y Joe Barry Carroll, con Brad Davis, Dale Ellis, Jay Vincent y James Donaldson desde el banquillo, o les habría faltado una estrella de primer nivel que los liderase? ¿Y un equipo compuesto por Derek Harper, Rolando Blackman, Mark Aguirre, Sam Perkins y Jack Sikma, con Brad Davis, Dale Ellis, Detlef Schrempf y James Donaldson desde el banquillo? Sikma ya no volvería a ser allstar, pero en Milwaukee demostró que aún le quedaban cinco años sólidos.

    El verano de 1986 fue un desastre sin paliativos para el futuro de los Dallas Mavericks. Con decir que lo mejor que hicieron fue elegir a Roy Tarpley está todo dicho. Con la primera elección de segunda ronda escogieron a toda una futura estrella como el base Mark Price, pero era una elección acordada con los Cavs ya que inmediatamente les traspasaron al jugador a cambio de una futura segunda ronda para 1989. A ver, entiendo que su plan era escoger a un pívot lituano llamado no sé qué Sabonis, y que se vino abajo cuando los Blazers se les adelantaron con la última elección de primera ronda. Pero ¿no había más candidatos? No lo entiendo, era la primera elección de segunda ronda, cayera donde cayese la de 1989 no podía ser tan buena. En fin, con la otra elección de segunda ronda eligieron a Milt Wagner, un jugón con cierto renombre en el instituto pero que no llegó a cuajar en la NBA, y que sería padre de DaJuan Wagner, un jugón con cierto renombre en el instituto pero que no llegó a cuajar en la NBA.

    Aunque se hubieran caído todos los grandes traspasos que habían intentado, aún era necesario resolver el atasco de minutos en el banquillo, y para eso traspasaron a Jay Vincent a los Washington Bullets a cambio de una primera ronda y a Dale Ellis a los Seattle SuperSonics a cambio de Al Wood. De nuevo, es lógico que traspasaran a Ellis, pero ¿no podían conseguir algo mejor? Wood no se había adaptado a la posición de escolta y no era capaz de anotar en la NBA como había hecho en la universidad, así que ahora estaba intentando reconvertirse a especialista defensivo. Un año más tarde Dale Ellis sería elegido jugador más mejorado, camino de convertirse en allstar, mientras que Al Wood cogía el avión rumbo a Venecia a jugar en el Basket Mestre de la A2, con el que descendió a la B1.

    Los Mavs no mostraron una gran mejora en la temporada 85-86. Volvieron a sumar 44 victorias, la misma cifra que el año anterior, aunque esta vez eliminaron en primera ronda a los Utah Jazz por un claro 3-1, en una serie marcada por el duelo entre Mark Eaton (que promedió 14’5 puntos, 9 rebotes y 4’5 tapones) y James Donaldson (9’8 puntos, 12’3 rebotes y 2’5 tapones). Qué claro quedó que el futuro de ambos estaba en el allstar. Sin embargo, en segunda ronda volvieron a caer contra los Lakers con cierta claridad (4-2), lo que volvió a provocar unas declaraciones de Dick Motta quejándose de que el equipo aún estaba lejos de poder competir con los grandes. No le faltaba razón, ya que Dallas se había quedado atascado en la media tabla, no lo suficientemente buenos como para aspirar a la final de conferencia pero no lo suficientemente malos como para elegir en las primeras posiciones del draft.

    Con todo, el auténtico problema era interno, donde el resentimiento contra Dick Motta estaba creciendo ya que a sus enfrentamientos constantes (y cada vez más agrios) con Mark Aguirre se estaba sumando el problema de la falta de minutos. El caso más flagrante era el de Uwe Blab, ya que si Bill Wennington jugaba poco el alemán (el alemán malo, para distinguir) no jugaba nada, y aunque Motta le prometió que en su segunda temporada contaría más con él la realidad es que redujo sus minutos a poco más de un tercio, 150 en total para todo el año. Cuando Gar Heard se incorporó como asistente a los Mavs en el verano de 1987, lo primero que hizo fue celebrar un maratón de vídeo para conocer a los jugadores con los que iba a trabajar. Al terminar anunció que ya tenía una idea clara sobre todos ellos... excepto sobre Blab, del que apenas había podido encontrar imágenes en juego. Aunque en retrospectiva es innegable que jugadores como Bill Wennington, Uwe Blab o Steve Alford no tenían nivel para aportar al equipo, jugaron tan poco que la franquicia decidió protegerlos en el draft de expansión de 1988 porque no tenían material suficiente para determinar su potencial real. Con independencia de su nivel, eso era un error.

    Blab o Wennington no iban a protestar demasiado porque eran conscientes de su lugar en el equipo, pero no eran los únicos que creían merecer más minutos de los que estaban recibiendo. El evidente buen nivel de Detlef Schrempf hacía necesario encontrarle un hueco en la rotación, y eso solo se podía encajar reduciendo el papel de Dale Ellis y Jay Vincent. Tengo la sensación de que la franquicia ya consideraba superada su etapa con Vincent, que se había convertido en una especie de mini-Aguirre siempre quejándose pero sin una aportación a niel de estrella. Más delicado era el caso de Ellis, para el que el ejemplo anterior de Schrempf como escolta fue la última gota. Desde su punto de vista, la franquicia estaba dispuesta a buscar minutos para el alemán hasta debajo de las piedras, pero no mostraba el mismo interés en su caso. En su tercera temporada había perdido la cuarta parte de los minutos que jugara en la segunda, y algo tenía que cambiar.

    La mejora de los Mavs hacía que ya no se aceptaran tanto los lloros constantes del entrenador. “They come in here and whine about their center situation, then go out and kick your butts. I’m sick of hearing it” declaró Pat Riley.

    Entre las limitaciones de Wennington y Blab, y la natural tendencia de Motta de dejar a los novatos en el banquillo, los Mavs tenían claro que la única alternativa a otra temporada con Bryant – Nimphius como pívots era el mercado de traspasos. Llevaban desde pretemporada negociando con los Clippers un posible intercambio en el que darían a Kurt Nimphius a cambio de James Donaldson, pero creían que no cuadraba bajo el tope salarial (este tipo de incertidumbres eran muy frecuentes en los primeros años del tope). Sin embargo, la NBA les informó que lo único que tenían que hacer para cuadrarlo era cortar a Wallace Bryant, en ese momento pívot titular del equipo. Después de unos durísimos diez o quince segundos de reflexión, Norm Sonju cortó a Bryant y completó el traspaso de Nimphius por Donaldson el 25 de noviembre de 1985.

    La situación de James Donaldson en los Clippers se había deteriorado más allá de cualquier solución. El equipo se quejaba de que había entrado en una etapa de considerable irregularidad, en la que un buen partido se veía seguido por una actuación mediocre. El jugador se defendía afirmando que nunca le habían dejado claro cuál era su papel, que un día era el de suplente de Bill Walton o Benoit Benjamin y al siguiente era el de titular jugando 30 minutos. El entrenador Don Chaney admitió públicamente que no sabía cómo conectar con el jugador, y desde la gerencia filtraron que una de las razones por las que querían traspasar a Donaldson era para impedir que sus malos hábitos influyeran al novato Benjamin. Aquí haré una pausa de treinta segundos para que todos los que recuerdan la carrera profesional de Benoit Benjamin puedan desahogarse en vez de tener que aguantarse las carcajadas.

    ¿Ya?

    Tratándose de los Clippers, no puedo menos que mencionar que el contrato de James Donaldson era por dos temporadas garantizadas a razón de casi medio millón de dólares cada una, mientras que Kurt Nimphius solo tenía firmados $250.000 dolares por una sola temporada y sin garantizar. Y la verdad es que en cierto sentido tenía su lógica, si tu apuesta como pívot titular era Benoit Benjamin, al que acababan de elegir con el número 3 del draft, tener en el banquillo a un jugador con sueldo de titular pidiendo minutos era un absurdo. Nimphius sí que era claramente un suplente, aunque inicialmente saliera de titular hasta que Benjamin cogiera experiencia. Aprovecho para recordar que durante años el ejemplo típico de la excentricidad de Kurt Nimphius fue su afirmación de que antes de irse de Dallas había soltado a su mascota, un lagarto, con la esperanza de que creciera hasta hacerse gigante y devorase a la ciudad.

    En todo caso, el defecto del plan de los Clippers era que dependía del trabajo y rendimiento de Benoit Benjamin. El 4 de enero de 1986 perdieron en Indiana por un bochornoso 77-106, con 1/5 tiros y 4 rebotes de Benjamin frente a los 25 puntos y 15 rebotes de Steve Stipanovich y los 19 puntos y 9 rebotes de Herb Williams (y 7 puntos y 6 rebotes de Bill Garnett desde el banquillo). “We needed another big body. Anybody.” declaró el entrenador Don Chaney, y al día siguiente ficharon a... Wallace Bryant. Because of course they did.

    James Donaldson no era la solución definitiva a las carencias de los Mavs, que seguirían buscando un pívot de más nivel. Era lento, y cuando intentaba un lanzamiento más allá del mate o la bandeja sus movimientos ofensivos hacían llorar a los niños. Pero sí era un “cinco” de verdad, capaz de ocupar su sitio en la zona y defender el aro, o impedir que lo postearan con facilidad. Era una roca en defensa que los rivales tenían que sortear con dificultad, y aportaba los rebotes y tapones que tanto habían echado de menos. Su presencia equilibraba al equipo, que ya no necesitaba jugar a anotar más que el rival como único recurso.

    Aunque para equilibrio, el partido que Motta decidió probar un quinteto que incluía a Donaldson como pívot, a Bill Wennington y Uwe Blab como aleros, y a Detlef Schrempf como escolta. Para jugar al contraataque, imagino.

    Es que una cosa que hay que ver es que en España los fascistas nunca han cuajado.

    Tantos los fascistas de los treinta como los actuales llegan con el mismo discurso de renovar a los partidos conservadores que son débiles y timoratos y pierden las guerras culturales contra la izquierda. Son la nueva derecha, y como tales desprecian las ataduras de la derecha tradicional: monarquía, nobleza, iglesia etc.

    Eso en España nunca se ha dado, quiero decir en número suficiente porque los joseantonianos cabían en una Renault Kangoo. Aquí los nuevos partidos de derechas siguen siendo paleoconservadores, como Franco: monarquía, nobleza, iglesia y toda la pesca del siglo XIX.

    Ni en el Reino Unido ni en España hay una alt-right como tal, hacen algunos intentos con los del Brexit y Cataluña pero al final terminan en el mismo sitio.

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    Siempre que hablo del draft del 85 repito la anécdota que cuenta Alexander Wolff: después de que los Mavs eligieran al alemán Detlef Schrempf con el número 8, aún les quedaban otras dos elecciones de primera ronda con los números 16 y 17; “¡coged a Joe Dumars! ¡coged a Joe Dumars!” murmuraba el alero, pero en vez de eso eligieron al canadiense Bill Wennington y al alemán Uwe Blab, mientras que Dumars se fue a Detroit con el nº 18. Qué diferente podría haber sido la historia, Joe Dumars podría haber terminado como base titular de Dallas, o quizás lo hubieran traspasado como a Dale Ellis por no tener sitio en la rotación. En cualquier caso, es muy improbable que hubiera terminado en Detroit, que sin él habría tenido difícil llegar al campeonato, y por tanto la revolución defensiva de la NBA se habría retrasado o producido de manera muy diferente. Quí lo sá.

    Lo cierto es que los Mavs estaban tan decididos a solucionar sus carencias interiores en el draft que utilizaron sus cinco primeras elecciones (tres de primera ronda, una de segunda y una de tercera) en hombres altos, cuatro de ellos pívots. Es cierto que Schrempf era un ala-pívot muy sui generis al que se asignaba esa posición casi por defecto, verlo jugar en Washington evocaba inmediatamente al Larry Bird de Indiana State. El alemán no había sido un jugador tan dominante como el americano, que quede bien claro, me refiero a su papel en el equipo como jugador que capturaba el rebote en defensa, subía el balón, marcaba jugada, empezaba la circulación y terminaba recibiendo el último pase para que tirara él. Como Bird (y como Magic), era un jugador sin posición definida que tocaba todos los palos con solvencia, aunque repito que a un nivel inferior a los mencionados. El bigote también le quedaba peor.

    Pero es que si Dallas se hubiera empeñado en elegir a un “cinco” con esa elección, las únicas posibilidades eran Ed Pinckney, pívot en Villanova pero que era evidente que con su estatura se tendría que reconvertir a “cuatro”, o Blair Rasmussen de Oregon, un armario blanco indistinguible de Wennington o Blab y que por algo serían elegidos consecutivamente. En cualquier caso, después eligieron a Mark Acres de Oral Roberts en segunda ronda, y a Leonard Allen de San Diego State en tercera. En pretemporada la franquicia les recomendó a los dos venirse a Europa para foguearse, y así Acres se fue a Varese a formar pareja brevemente con Corny Thompson, y Allen vino a España a convertirse en un clásico de la Primera B. Como curiosidad, un par de años más tarde Mark Acres reapareció en Boston como otro de esos clásicos de la NBA de los 80: agente libre o elección baja del draft que tiene un mes brillante con los Celtics, con la prensa alabando el buen ojo de la gerencia del equipo, hasta que los rivales se dan cuenta de sus limitaciones y desaparece sin dejar rastro.

    Bill Wennington de Saint John’s y Uwe Blab de Indiana eran dos pívots de estilo muy distinto, el primero más liviano y exterior, con buena mano de media distancia y cierta capacidad de pase, mientras que el segundo era más estilo picapedrero en la zona, de meter el cuerpo y cerrar el rebote. Sí coincidían en ser extranjeros, en proceder de programas universitarios de primer nivel, y en ser dos paquetes de tamaño natural. Antes de terminar la pretemporada Dick Motta sabía que no habían resuelto su problema, y volvió a empezar con Wallace Bryant de titular.

    El 1 y el 2 son la nada con sifón, promesas que todos los partidos hacen. "Vamos a reformar la enseñanza profesional para que no haga falta importar trabajadores". Bueno, y aquí todos los años decimos que vamos a reformar la FP.

    Son medidas que si fueran a tener algún efecto, sería a diez años vista. Es decir, que no se va a hacer porque ningún político trabaja a diez años vista, y aun si se fuera a hacer necesitarías un plan para estos diez años.

    Partiendo de que el apoyo a los laboristas es sin duda más amplio que profundo, creo que tampoco hay que exagerar. El voto a terceros partidos como decís se debe en gran medida a la evidencia del inminente triunfo de los laboristas, que mucha gente ha aprovechado para olvidar por una vez el voto útil. En la misma línea hay que señalar la caída de la participación, un 8% más baja que en las elecciones anteriores.

    Para terminar, Starmer es sin duda tan excitante como un episodio de Hostal Royal Manzanares, pero con la misma ha hecho la campaña que tenía que hacer. Con los torises hundidos, tenía la victoria asegurada simplemente por presentarse. Liarse a hacer declaraciones o a significarse en cualquier sentido habría sido invitar problemas. Si haciendo nada vas a ganar, la estrategia correcta es hacer nada.

    Se ha marcado un Rajoy.

    Es que si ya nos metemos, hay mucho que cortar. Lo lógico habría sido un gobierno de coalición de conservadores moderados, centristas y socialdemócratas, que habría tenido mayoría. Pero Hindenburg dijo abiertamente de que jamás, que crearan un gobierno sin mayoría y gobernaran a golpe de decreto.

    Es más, si quieren a los nazis es porque los necesitan en la calle. Cuando intentaron hacer eso la primera vez, solo con conservadores tradicionales, los comunistas empezaron con manifestaciones y provocaron la caída del gobierno. Necesitaban contramanifestantes.

    Pero ya es otra historia que se sale del tema.